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Inmunopatología |
| Pocas áreas de la medicina han cambiado
en los últimos tiempos con mayor rapidez que la inmunología.
La mayor parte de los estudios inmunológicos iniciales, como el
desarrollo de la vacuna contra la viruela por Jenner, en 1789, de las vacunas
contra el cólera de las gallinas, el ántrax y la rabia por
Pasteur de 1879 a 1885, así como la producción de las antitoxinas
por von Behring y Kitasato en 1890, se llevaron a cabo buscando protección
contra agentes biológicos patógenos o sus toxinas. La inmunología
amplió su campo de acción cuando Ehrlich demostró
en 1891, que también era posible proteger al organismo en contra
de toxinas no bacterianas, como la abrina y la ricina. Se consideró
entonces que un mecanismo de defensa dirigido en contra de agentes nocivos
tanto vivos como inertes eran de importancia para la supervivencia y se
bautizó con el nombre de respuesta inmune, término derivado
de la voz latina inmunis, que significa exento o libre de obligaciones
y que los romanos usaban para señalar a los ciudadanos que, por
su nobleza o prominencia política, estaban exentos del servicio
militar, del pago de impuestos o de otras obligaciones civiles. Posteriormente,
el término se extendió a las autoridades eclesiásticas
y su uso incluyó a los sujetos que permanecían sanos durante
las epidemias de enfermedades altamente contagiosas, a pesar de estar en
contacto continuo con los pacientes.
Que la respuesta inmune no funciona solamente como mecanismo de defensa se de mostró desde 1890, cuando Koch describió la reacción a la tuberculina en cobayos previa mente inoculados con Mycobacterium tuberculosis , aunque la naturaleza de este proceso no se empezó a comprender sino hasta la tercera década de este siglo. En 1902 Portier y Richet describieron la anafilaxia experimental y en el año siguiente Arthus publicó sus observaciones sobre el fenómeno que hoy se conoce con su nombre. Finalmente, en 1905 apareció la célebre monografía de von Pirquet y Schick sobre la enfermedad del suero, basada sobre todo en la seroterapia para la difteria y que tanto ha aportado al conocimiento de la fisiopatología de las en fermedades autoinmunes órgano-inespecíficas. En suma, en el corto plazo de 15 años (1890-1905) se hicieron las observaciones básicas de la inmunopatología y con ello la respuesta inmune cesó de ser sólo un mecanismo de defensa en contra de bacterias y toxinas para convertirse en el mecanismo de la discriminación entre el "yo" y el "no yo" |
La inmunopatología estudia los procesos anormales y las enfermedades surgidas como consecuencia de distintas fallas en el mecanismo de la discriminación entre el "yo" y el "no yo". En efecto, en las inmunodeficiencias el "no yo" es tratado como el "yo", es decir, no hay respuesta inmune frente a agentes extraños al organismo, sean virus, bacterias, toxinas, tejidos alogénicos o xenogénicos o células neoplásicas. En cambio, en las enfermedades por autoinmunidad el "yo" es tratado como el "no yo", o sea que los efectores de la respuesta inmune están dirigidos en contra de componentes del propio organismo que ahora son reconocidos como antígenos. En una tercera instancia se encuentran las enfermedades en que el "yo" y el "no yo" no son confundidos, pero la exuberancia de la respuesta ante el "no yo" constituye un mecanismo de daño tisular o de alteraciones funcionales.
Conviene señalar que la inmunopatología es sólo una pequeña parte de la inmunología y que además se refiere a fenómenos poco frecuentes, considerando la totalidad de los procesos en los que participa el sistema in mune. Desde un punto de vista evolutivo, el aparato inmunológico representa una gran ventaja para los organismos que lo poseen pues les permite adaptarse a muchos otros seres vivos con los que comparten sus distintos nichos ecológicos. Si no fuera por la res puesta inmune, no sólo los mamíferos sino todos los demás cordados no existiríamos; la inmunopatología se antoja un precio relativamente bajo cuando lo que se paga con ella es la existencia. |
Origen y antígenos CD de las células del sistema inmune |
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Las células del sistema inmune, linfocitos T (LT) y linfocitos B (LB), así como las células accesorias que participan en las respuestas inmunológicas como los granulocitos y los monocitos/macrófagos (G/M), provienen de la misma célula tronco que origina asimismo a las plaquetas (PLA) y a los eritrocitos (E): la célula hematopoyética totipotencial, que se identifica por la presencia exclusiva en su membrana de un antígeno conocido como CD34. Otros antígenos CD se expresan progresivamente en los precursores que ya están comprometidos a dar origen a cada una de las distintas líneas celulares. El estrecho "parentesco" que tienen estas células entre sí, explica que compartan tantas moléculas de comunicación intercelular como los antígenos de histocompatibilidad, las citocinas y múltiples receptores, que son elementales en el desarrollo de las respuestas inmunológicas. |
En este libro se presenta primero una revisión de los mecanismos generales de daño celular y tisular producido por los efectores de la respuesta inmune o inmunopatología general, junto con las enfermedades debidas a hipersensibilidad y autoinmunidad; después se examinan las inmunodeficiencias, seguidas por la respuesta inmune hacia los tumores, para terminar con inmunopatología de los trasplantes.