La
función miocárdica y el aporte de oxígeno deben ser optimizados
durante el periodo preoperatorio hasta donde el tiempo lo permita.
La perfusión tisular puede ser evaluada investigando su estado mental,
coloración y turgencia de la piel, temperatura corporal, presión
arterial, frecuencia cardiaca y diuresis. La evaluación deberá repetirse
durante todo el periodo perioperatorio valorando cualquier cambio
que sugiera la presencia de alteración cardiovascular. Una diuresis
de por lo menos de 0.5 ml/kg/hr indica que la perfusión orgánica
es adecuada siempre y cuando no exista enfermedad o alteraciones
concomitantes. La hipotensión y oliguria evidentes son signos obvios
de compromiso hemodinámico. Si se sospecha sepsis en un paciente
con oliguria, se necesitarán estudios de laboratorio para distinguir
entre las causas prerrenales e intrínsecas de oliguria.5
En un paciente sin historia de insuficiencia cardiaca y sin datos
clínicos de edema pulmonar una carga rápida de 0.5 a 1.0 l de una
solución electrolítica balanceada es diagnóstica y terapéutica.
La oliguria o hipotensión sostenida sugiere compromiso cardiaco
o del tono vascular (Cuadro 21).
En presencia de enfermedad renal intrínseca o
de signos de insuficiencia cardiaca obliga a un monitoreo y vigilancia
intensa para evaluar la necesidad de reposición de volumen intravascular.
Las mediciones de la presión venosa central reflejan el retorno
venoso al corazón derecho. Si la función del corazón es normal,
una presión venosa central baja indica que las presiones de llenado
son bajas y la necesidad de reponer volumen. En pacientes con patología
cardiopulmonar previa es necesario aplicar un catéter en la arteria
pulmonar porque en ellos la PVC resulta poco confiable.39
La presión pulmonar y la cuña nos permiten además conocer el gasto
cardiaco y calcular resistencias vasculares periféricas.42
De esta forma se hará un manejo adecuado y rápido de las
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alteraciones
que se puedan presentar tanto en el pre como en trans y postoperatorio.34
Medidas terapéuticas
La evaluación del aporte de oxígeno proporcionará las bases para
el tratamiento. Siempre que sea posible deberá evitarse la inducción
anestésica en pacientes hipovolémicos, infundiendo antes
líquido suficiente
para repletar el volumen intravascular. Las soluciones electrolíticas
balanceadas constituyen la primera opción para remplazo. La transfusión
de sangre se hará en caso de anemia o coagulopatías. Es necesario
monitorizar adecuadamente para evitar la sobrecarga que puede llegar
a la congestión pulmonar en pacientes con padecimientos miocárdicos
o valvulares. Un anestesiólogo experimentado debe continuar el tratamiento
hemodinámico y farmacológico durante el transoperatorio (Cuadro
22).
Los factores de riesgo cardiaco que se asocian
con infarto del miocardio o muerte en pacientes que se someten a
cirugías no cardiacas son en orden de importancia:11
- Tercer ruido cardiaco o distensión yugular.
- Infarto del miocardio durante los seis meses previos.
- Extrasístoles frecuentes (mas de 5 por minuto).
- Extrasístoles auriculares o ritmo no sinusal.
METABOLISMO
(Cuadro 23)
Buscar en la historia y examen físico alteraciones metabólicas.
Por ejemplo, las alteraciones ácido-base se presentan más en pacientes
con alteraciones de la función respiratoria o circulatoria y con
pérdida de líquidos como vómito o succión nasogástrica. Las alteraciones
de electrolitos se presentan en diferentes circunstancias que son
frecuentes en el paciente crítico.
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En
presencia de enfermedad renal intrínseca o de signos de
insuficiencia cardiaca obliga a un monitoreo y vigilancia intensa
para evaluar la necesidad de reposición de volumen intravascular.
Las alteraciones ácido-base se presentan más en pacientes
con alteraciones de la función respiratoria o circulatoria
y con pérdida de líquidos como vómito o succión
nasogástrica. |