ANESTESIA
EN EL PACIENTE CON OBESIDAD MÓRBIDA
La obesidad mórbida (OM) puede definirse
como el doble del peso corporal ideal (PCI), que podemos obtener por medio
del índice de Broca: Talla (cm) -100=peso ideal para varones y talla (cm)-105=peso
ideal para mujeres1 ó por medio
de índices que relacionan la altura con el peso, como el índice de masa
corporal (IMC= peso en kg/altura al cuadrado en metros). Las personas normales
muestran un IMC entre 22 y 28, los obesos entre 28 y 35 y los pacientes
con OM presentan un IMC mayor de 35.2
Desafortunadamente en los países latinoamericanos no hay estadísticas específicas
sobre el porcentaje de la población con este problema, pero en los Estados
Unidos, la OM constituye alrededor de 3 a 5% de la población.3
Existe controversia en cuanto a los factores etiológicos de la OM; algunos
autores mencionan que son ambientales y sociales, así como secundarios
a alteraciones psicopatológicas, que conducen a ingesta calórica excesiva
e insuficiente actividad. Se especula acerca de factores genéticos, tal
vez algún defecto metabólico hereditario. También existen disfunciones
orgánicas que ocasionan obesidad, como trastornos hipotalámicos, diabetes,
síndrome de Cushing, hipotiroidismo, hipogonadismo y síndrome de hipopituitarismo.4
La OM se asocia con una serie de anomalías fisiopatológicas, que puede
afectar todos los sistemas del organismo, e influir tanto en la salud como
en el manejo anestésico. La obesidad del tronco (obesidad androide, con
coeficiente talla/cadera mayor de 0.9 en mujeres y mayor de 0.8 en hombres)
está asociada con una elevada incidencia de diabetes, hipertensión, enfermedades
cardiovasculares y un consumo elevado de oxígeno (VO2); en comparación
con pacientes con obesidad ginecoide (tejido graso localizado con predominio
en cadera
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abdominal),
muestran una elevada incidencia de riesgos cardiovasculares5
y disfunción del ventrículo izquierdo (VI).6
Fisiopatología
Respiratoria. La energía que el paciente con OM gasta para moverse
y la actividad metabólica de la grasa ocasionan un incremento en el índice
del metabolismo basal y un aumento en la producción de VO2 y
VCO2. La grasa sobrecarga la pared del cuerpo, reduciendo la
adaptabilidad respiratoria, así como los volúmenes estáticos del pulmón,
en especial el volumen de reserva espiratoria (VRE) y la capacidad residual
funcional (CRF) (Cuadro 5). La CRF puede caer dentro
de la capacidad de cierre durante la respiración normal, lo que provoca
un desajuste de la ventilación/perfusión (V/Q), que se acentúa en posición
supina, en la que hay aumento de: consumo de O2 (11%), gasto
cardiaco (35%), índice cardiaco (35%), diferencia arteriovenosa de O2
(17%), presión media de arteria pulmonar (31%), presión pulmonar en cuña
(44%), resistencias periféricas (21%) y frecuencia cardiaca (6%); lo anterior
lleva a hipoxemia alveolar y arterial.
Cardiovascular. El gasto cardiaco (GC), el volumen
latido y el volumen sanguíneo circulante aumentan en proporción con el
consumo de oxígeno y el aumento de peso. Cada kg adicional de tejido adiposo
se acompaña de un aumento de GC de 100 ml/min.
Gastrointestinal. La gran masa tisular en los
pacientes obesos aumenta las presiones intraabdominal e intragástrica.
Son usuales las hernias hiatales y el reflujo gastroesofágico. Varios estudios
demuestran que a pesar de un ayuno de 8 horas, 85 a 90% de los pacientes
con OM, tienen un volumen gástrico mayor a 25 ml y un pH gástrico menor
de 2.5, lo que aumenta el riesgo de aspiración pulmonar.6
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La
obesidad mórbida puede definirse como el doble del peso corporal ideal (PCI),
que podemos obtener por medio del índice de Broca.
La energía que el paciente con OM gasta para moverse y la actividad metabólica
de la grasa ocasionan un incremento en el índice del metabolismo basal y
un aumento en la producción de VO2 y VCO2. |