PAC ANESTESIA-1 B4

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Reconocida la realidad, se supera toda expectativa, permite entonces que las cosas ocupen su lugar.


No se puede aceptar de buenas a primeras el diagnóstico de estado terminal. Es necesario “agotar” todas las posibilidades para corroborarlo.
Quien enfrenta a la muerte y lo sabe, tiene la posibilidad de encontrarse a si mismo y de resolver su vida.
    Pareciera que decirlo, activará la guillotina y no hubiera posibilidad de hacer nada. nada, ni el paciente, ni el médico y no es posible que yo, ¡yo médico!, ya no pueda hacer nada. Mejor no se lo digo. ¿Cómo le digo a alguien que ya no hay nada que hacer? Si se dijese así, verdaderamente sería desolador y triste. Tanto o más pobre sería el dar un lapso de tres meses o tres años, sin haber elaborado un diagnóstico adecuado y propuesto un plan de tratamiento en el que se incluya el propio proceso terminal. No tenemos derecho ha hacer eso. Tal vez, ni siquiera es importante decirlo. Es más, baste con hacer patente la realidad aclarándola. Poniéndola en el entendimiento del paciente y sus familiares. Es el diagnóstico al que hemos llegado con una base racional el que da la medida y en lo posible no deja dudas. Es necesario procesarlo interactivamente con el paciente y los familiares.
    Reconocida la realidad, se supera toda expectativa, permite entonces que las cosas ocupen su lugar. Podemos decir sí, que va a morir, y como lo sostengo, quién lo sabe primero es quien lo vive. Pero de esto a que ya no hay nada que hacer, existe una distancia enorme. ¡Queda todo por hacer! De hecho hay que hacerlo todo. Estructurar y desarrollar un plan que permita aprovechar la vida, (¡no lo que queda de vida!) en todo su contenido. Resolver pendientes, definir arraigos, conformar depósitos, realizar afectos, reconciliarse con la vida como una realidad vivida. Reforzar la presencia y la referencia de quienes están con nosotros; perdonar, si ello es importante, pero frente a la vida, ¡vivida!, muy pocas cosas adquieren tal importancia.
    Si tomamos en cuenta las opiniones de quienes participan en el proceso terminal, paciente, familiares, clan y equipo de salud nos daremos cuenta de que la mayoría difieren entre sí. Se manejan constantemente en forma “saltatoria”. Todos finalmente crean expectativas que no se cumplen. No sólo para reconocer en el paciente el estado terminal, sino en reconocer ante si mismos su “imposibilidad” de proporcionarle un tratamiento (que le conserve la vida). Estas condiciones traen por consecuencia un mecanismo de confusión implícito que consiste en la necesidad de reprimir ante los demás las manifestaciones de duelo, cualesquiera que éstas sean (puesto que negamos que vaya a morir). A la vez, se procura agotar los recursos en forma “heroica” para conciliar no la realidad, sino las expectativas creadas dentro de nuestro propio orden de las cosas.
Con ello se pretende ascender de la manera “menos dolorosa” a lo que íntimamente percibimos como sensación de muerte inminente. El Clan por su parte reafirma las expectativas creadas culturalmente perpetuando las conductas ante el proceso de muerte. Cito a Illich: “El diagnóstico médico de entidades nosológicas sustantivas que supuestamente toman forma en el cuerpo del individuo resulta un modo subrepticio y amoral de culpar a la víctima… La enfermedad sustantiva puede así interpretarse como la materialización de un mito políticamente conveniente que adquiere substancia dentro del cuerpo del individuo cuando dicho cuerpo se rebela contra las demandas que la sociedad… le impone”.
    No se puede aceptar de buenas a primeras el diagnóstico de estado terminal. Es necesario “agotar” todas las posibilidades para corroborarlo. Buscar alternativas de tratamiento, no importando cuales, para preservar la vida en cualesquier condición. Suele pasarse de la sobrevaloración de las condiciones lo que resulta en mayor deterioro; por ejemplo10 refieren Martínez y col.: “La sobrestimación de los requerimientos metabólicos de los pacientes graves puede acarrear consecuencias desagradables como hiperglucemias, diuresis osmótica, estados hiperosmolares, infiltración grasa de hígado, excesiva producción de CO2 y deterioro en la función respiración. Se ha observado que en el cálculo del factor de estrés se dan sobrestimaciones y el paciente aparece más grave de lo que realmente está. Por ejemplo por el empleo de ventiladores, la diálisis o el soporte hemodinámico, etc. Por lo que es necesario partir de mediciones más cercanas a la realidad y evitar complicaciones como las mencionadas”. O bien se pasa al abandono absoluto, puesto que ya no hay nada que hacer.
    Frente a la posición definitoria del médico que confirma el estado terminal (o la no recuperación), genera la reacción, sólo reacción, de “confirmarlo”. De donde se desencadena uno de los mayores riesgos no sólo en lo que se refiere a la dinámica familiar sino en el uso de su patrimonio. Me refiero a la “mediquitis”.
    Se buscará primero a la “eminencia”, la cual o no se encuentra o no accede, y si lo hace, hasta no demostrar lo contrario requerirá de una nueva valoración, tanto clínica como de laboratorio y gabinete, así como de poder valorarlo en medio hospitalario.

10 Salvador Martínez Cairo, Cueto y col. El gasto energético en reposo médico contra estimado en pacientes críticamente enfermos. Gaceta Médica de México Vol. 131 N° 3 Mayo junio 1995

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