PAC ANESTESIA-1 B4

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La vida es evolución y se determina la relación espacio-temporal que conocemos como existencia.



De esta manera todas las ciencias y disciplinas del conocimiento se encuentran compro-
metidas para tratar de comprender los fenómenos que la muerte produce.



El proceso de muerte de un ser humano es un hecho incontro-vertible que suele provocar dolor y sufrimiento.
Sin embargo no es sino mediante la expresión de lo orgánico que se experimenta la personalidad, la cual merced a un sin número de experiencias revestidas de los afectos, (dicha y sufrimiento), estructura la conducta. Lo orgánico y lo psicológico integran y conforman al individuo. Mediante su conducta se incorpora al medio que lo rodea y se relaciona con los otros individuos de su especie, para crear la Sociedad, donde se permite la condición de continuidad de su ser trascendente.
    La vida es evolución y se determina la relación espacio-temporal que conocemos como existencia. Se crea en el ser humano la noción de un pasado, un presente y un futuro, buscando la explicación que haga comprender la existencia ahora histórica del individuo y las expectativas que habrán para él y la Humanidad en su conjunto. Todo esto se sucede mientras se evoluciona.
    Pero, cuando aparece la muerte, se trastoca todo. Cualquier conocimiento por objetivo o radical que sea, se confunde. cualquier explicación queda fuera de la comprensión y de ese orden creado y superpuesto sobre el orden universal. La muerte se impone como parte de esa realidad que se mantiene hasta ahora como el mayor de los misterios. Misterio que no sólo no se quiere explicar, sino que se pretende mantener oculto. Confusamente se niega la muerte como si no fuera parte de la existencia, se le contrapone como algo extraño a la vida misma. La muerte es algo oculto, “satánico”, es el lado oscuro de las cosas. Horroriza, espanta, de suyo que convierte en la imagen misma de la maldad y trasciende así, como parte de la Cultura durante esta contemporaneidad histórica occidental de los últimos 10 000 años. A pesar de ello, la muerte no es más que parte del proceso de transformaciones de energía para mantener la continuidad de la Vida.
    El reconocimiento ante todos del Estado Terminal tiene como objetivo, el prepararnos, aprender a morir, para enfrentar y resolver la muerte como un hecho tautológico. Reconocer este hecho, requiere de un diagnóstico y pronóstico. A partir de éste, orientar y dirigir nuestra conducta y nuestros esfuerzos hacia la asistencia, continencia y resolución del proceso de muerte. Sólo mediante la sistematización y el conocimiento del Estado Terminal y del contexto en que se da, permite solucionar los conflictos que de ello se deriven. Asimismo da la oportunidad de optimizar los recursos para proveer a los seres humanos de las condiciones que le permitan morir dignamente.
    El proceso de muerte de un ser humano es un hecho incontrovertible que suele provocar dolor y sufrimiento, alterando y confundiendo al individuo, y a la familia que lo enfrenta y cuyos efectos llegan a ser devastadores en
todos los órdenes que los determinan. Este proceso alcanza y afecta de igual manera a todos los que conformamos la sociedad incluyendo aquellos que se ven involucrados en forma profesional. Sin embargo gran parte de ese dolor y sufrimiento no depende directamente del proceso de muerte, sino de su ignorancia y de las deformaciones culturales que lo han colocado como un “tabú” fuera del alcance del entendimiento; amén de la pérdida de la fe como soporte del sentido de la vida. Recordemos que el fenómeno de la muerte, es el único que confronta al individuo con todos los valores de la existencia y en toda la magnitud humana. De donde se hace necesario, enfrentarlo y prepararse, no en aras de evitarlo o luchar contra ello, sino de comprenderlo y procesarlo de una manera adecuada, mediante conductas procedentes, soportadas en el conocimiento mismo del proceso de muerte dentro del contexto social y cultural en el que se encuentra el individuo. Esto es posible, mediante un estudio propositivo por los profesionales de todas las ramas del conocimiento humano para buscar métodos y procedimientos congruentes y consecuentes con este fenómeno. Favoreciendo y facilitando la comprensión del proceso de muerte se permite conservar sobre todo la dignidad del individuo porque lo entiende.
    Esta condición se ha postergado y es precisamente la razón por la cual se pretende reconocer el proceso de muerte para llevarlo a un plano racional y consecuente con la realidad mexicana. Previniendo (en el mejor de los casos) que se desarrollen trastornos de conducta individual o social, que trasciendan en otro tipo de daños para los individuos y la sociedad en su conjunto. (Sufrimiento desmedido, duelos patológicos en familiares o en el propio equipo de salud, desintegración familiar, ausentismo laboral, fuga y dispendio de recursos humanos y materiales, etc.)
    De esta manera todas las ciencias y disciplinas del conocimiento se encuentran comprometidas para tratar de comprender los fenómenos que la muerte produce en todos los órdenes que determinan al individuo según la Organización Mundial de la Salud. Ello convoca a todos los profesionales para llevar este mensaje de salud (en toda la extensión de la palabra) haciendo evidente la necesidad de crear y promover “puentes” que nos pongan al alcance de comprender el proceso de muerte. Al conocer en forma integral los fenómenos que de él se derivan podemos lograr “herramientas” que faciliten las asistencia, la continencia y la resolución del duelo evitando los efectos que devastan y deterioran la dignidad no sólo de quien en su momento muere, sino del núcleo social que lo contiene.

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