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La
vida es evolución y se determina la relación espacio-temporal que conocemos
como existencia.
De esta manera todas las ciencias y disciplinas del conocimiento se encuentran
compro-
metidas para tratar de comprender los fenómenos que la muerte produce.
El proceso de muerte de un ser humano es un hecho incontro-vertible que
suele provocar dolor y sufrimiento.
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Sin
embargo no es sino mediante la expresión de lo orgánico que se experimenta
la personalidad, la cual merced a un sin número de experiencias revestidas
de los afectos, (dicha y sufrimiento), estructura la conducta. Lo orgánico
y lo psicológico integran y conforman al individuo. Mediante su conducta
se incorpora al medio que lo rodea y se relaciona con los otros individuos
de su especie, para crear la Sociedad, donde se permite la condición de
continuidad de su ser trascendente.
La vida es evolución y se determina la relación espacio-temporal
que conocemos como existencia. Se crea en el ser humano la noción de un
pasado, un presente y un futuro, buscando la explicación que haga comprender
la existencia ahora histórica del individuo y las expectativas que habrán
para él y la Humanidad en su conjunto. Todo esto se sucede mientras se
evoluciona.
Pero, cuando aparece la muerte, se trastoca todo. Cualquier
conocimiento por objetivo o radical que sea, se confunde. cualquier explicación
queda fuera de la comprensión y de ese orden creado y superpuesto sobre
el orden universal. La muerte se impone como parte de esa realidad que
se mantiene hasta ahora como el mayor de los misterios. Misterio que no
sólo no se quiere explicar, sino que se pretende mantener oculto. Confusamente
se niega la muerte como si no fuera parte de la existencia, se le contrapone
como algo extraño a la vida misma. La muerte es algo oculto, “satánico”,
es el lado oscuro de las cosas. Horroriza, espanta, de suyo que convierte
en la imagen misma de la maldad y trasciende así, como parte de la Cultura
durante esta contemporaneidad histórica occidental de los últimos 10 000
años. A pesar de ello, la muerte no es más que parte del proceso de transformaciones
de energía para mantener la continuidad de la Vida.
El reconocimiento ante todos del Estado Terminal tiene
como objetivo, el prepararnos, aprender a morir, para enfrentar
y resolver la muerte como un hecho tautológico. Reconocer este hecho, requiere
de un diagnóstico y pronóstico. A partir de éste, orientar y dirigir nuestra
conducta y nuestros esfuerzos hacia la asistencia, continencia y resolución
del proceso de muerte. Sólo mediante la sistematización y el conocimiento
del Estado Terminal y del contexto en que se da, permite solucionar los
conflictos que de ello se deriven. Asimismo da la oportunidad de optimizar
los recursos para proveer a los seres humanos de las condiciones que le
permitan morir dignamente.
El proceso de muerte de un ser humano es un hecho incontrovertible
que suele provocar dolor y sufrimiento, alterando y confundiendo al individuo,
y a la familia que lo enfrenta y cuyos efectos llegan a ser devastadores
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todos
los órdenes que los determinan. Este proceso alcanza y afecta de igual
manera a todos los que conformamos la sociedad incluyendo aquellos que
se ven involucrados en forma profesional. Sin embargo gran parte de ese
dolor y sufrimiento no depende directamente del proceso de muerte, sino
de su ignorancia y de las deformaciones culturales que lo han colocado
como un “tabú” fuera del alcance del entendimiento; amén de la pérdida
de la fe como soporte del sentido de la vida. Recordemos que el fenómeno
de la muerte, es el único que confronta al individuo con todos los valores
de la existencia y en toda la magnitud humana. De donde se hace necesario,
enfrentarlo y prepararse, no en aras de evitarlo o luchar contra ello,
sino de comprenderlo y procesarlo de una manera adecuada, mediante conductas
procedentes, soportadas en el conocimiento mismo del proceso de muerte
dentro del contexto social y cultural en el que se encuentra el individuo.
Esto es posible, mediante un estudio propositivo por los profesionales
de todas las ramas del conocimiento humano para buscar métodos y procedimientos
congruentes y consecuentes con este fenómeno. Favoreciendo y facilitando
la comprensión del proceso de muerte se permite conservar sobre todo la
dignidad del individuo porque lo entiende.
Esta condición se ha postergado y es precisamente la
razón por la cual se pretende reconocer el proceso de muerte para llevarlo
a un plano racional y consecuente con la realidad mexicana. Previniendo
(en el mejor de los casos) que se desarrollen trastornos de conducta individual
o social, que trasciendan en otro tipo de daños para los individuos y la
sociedad en su conjunto. (Sufrimiento desmedido, duelos patológicos en
familiares o en el propio equipo de salud, desintegración familiar, ausentismo
laboral, fuga y dispendio de recursos humanos y materiales, etc.)
De esta manera todas las ciencias y disciplinas del
conocimiento se encuentran comprometidas para tratar de comprender los
fenómenos que la muerte produce en todos los órdenes que determinan al
individuo según la Organización Mundial de la Salud. Ello convoca a todos
los profesionales para llevar este mensaje de salud (en toda la extensión
de la palabra) haciendo evidente la necesidad de crear y promover “puentes”
que nos pongan al alcance de comprender el proceso de muerte. Al conocer
en forma integral los fenómenos que de él se derivan podemos lograr “herramientas”
que faciliten las asistencia, la continencia y la resolución del duelo
evitando los efectos que devastan y deterioran la dignidad no sólo de quien
en su momento muere, sino del núcleo social que lo contiene.
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