PAC ANESTESIA-1 C1

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La diarrea sanguinolenta postoperatoria es un signo ominoso de probable isquemia intestinal. El intestino isquémico puede estar dañado más allá del punto
de reparación, lo que origina áreas de necrosis que pueden romperse después de varios días y que requiere regreso urgente al quirófano.

A
NESTESIA EN CIRUGÍA VASCULAR PERIFÉRICA
   
La atención anestésica de los pacientes con arteriopatía periférica implica importantes retos para el anestesiólogo, en virtud de que estos enfermos presentan con frecuencia una compleja y grave patología concurrente. Los cuidados que se brindan a esos pacientes no solo varían de un hospital a otro sino entre los anestesiólogos de una misma institución. La población de enfermos está compuesta en su mayoría por ancianos con múltiples problemas médicos y reservas orgánicas limitadas. El paciente típico es un varón de 74 años con antecedente de angina de esfuerzo, diabetes mellitus, EPOC moderada e hipertensión de larga evolución.
   En la mayor parte de los casos la etiología de la enfermedad de las arterias periféricas es la ateroesclerosis oclusiva,1 (Fig. 7) que es una enfermedad generalizada y progresiva, de predisposición genética, que inicia desde la juventud y puede agravarse por factores como hipertensión arterial sistémica, hiperlipidemia, tabaquismo y diabetes. Inicialmente hay un acúmulo de depósitos de una placa fibrosa que aumenta el depósito de lípidos y calcio; la placa frecuentemente se ulcera y puede seguir varios caminos; el primero es la oclusión progresiva de la luz del vaso hasta un punto crítico y la aparición de cambios isquémicos que pueden ser súbitos debido a ulceración, formación de trombos y oclusión aguda; el segundo camino es la afección de la capa media de
la arteria en este proceso, con lo que se producen cambios degenerativos y formación de aneurisma.2,3

MONITORIZACIÓN

La atención segura de pacientes anestesiados requiere observación frecuente de muchas variables fisiológicas. Debido a la alta incidencia de enfermedades asociadas, las mediciones en este grupo de pacientes deben ser más estrictas que en sujetos sanos.4 Para brindar óptima atención al paciente sometido a cirugía vascular periférica se requiere un meticuloso plan anestésico que incluya las decisiones del monitoreo a realizar. Además de los estándares de monitorización intraoperatoria establecidos por la American Society of Anesthesiologists, es necesaria la vigilancia de la presión arterial invasivamente con la colocación un catéter intraarterial en sujetos con cardiopatía grave y sintomática, enfermedad pulmonar grave, diabetes mellitus mal controlada, algún otro proceso metabólico descompensado (renal, hepático, infeccioso, etc.), procedimientos quirúrgicos de larga duración o que requieran pinzamientos de aorta o bien grandes cambios de volumen intravascular. No es necesaria la monitorización de rutina de la presión arterial pulmonar, ya que la indicación para el uso del catéter de Swan-Ganz está más en función de las condiciones del paciente que de la cirugía en sí.5



Figura 7.



1) Progresión de la placa de ateroma, 2) Ulceración y 3) Formación del trombo intraluminal.


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