PAC ANESTESIA-1 C3

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Para abordar la mayor parte de los aneurismas, se requiere un grado significativo de relajación cerebral, que se logra mediante hiperventilación, furosemida, manitol y drenaje del LCR.
    Durante el abordaje del aneurisma, habitualmente se requiere de hipotensión deliberada. Sin embargo, la deshidratación y la depleción de volumen secundarios a la diuresis, pueden hacer una respuesta impredecible a los vasodilatadores. Muchos pacientes requieren de algún reemplazo de volumen, bien sea con albúmina al 5%, lactato de Ringer u otra solución equilibrada de sal. Esto disminuirá la respuesta excesiva a vasodilatadores y permite un control más fácil y predecible de la presión arterial.
    Después de pinzar el aneurisma, en muchos centros se emplea la hipertensión leve a moderada que junto con repleción de volumen disminuye el riesgo de vasoespasmo. Las pérdidas de líquido se reemplazan con lactato de Ringer, albúmina al 5% o sangre, aún cuando la pérdida de sangre sea mínima. El reemplazo típico de líquidos es entre 1.5 a 3 l.

Manejo de líquidos en lesiones de médula espinal (LME)

La lesión de la médula espinal por encima del nivel T6 produce vasodilatación e hipotensión postural, como consecuencia de la pérdida del tono simpático por debajo de la lesión. Las lesiones al nivel de T1 a T4 eliminan la inervación simpática del nodo senoauricular y favorecen el predominio vagal sobre la frecuencia cardiaca.
    Los pacientes con LME e hipotensión arterial pueden presentar choque hemorrágico como consecuencia de múltiples traumatismos concurrentes. Sin embargo, la presencia de una frecuencia cardiaca anormal no es un dato confiable para determinar la causa de la hipotensión. A pesar de que la taquicardia habitualmente acompaña al choque hemorrágico, la bradicardia puede corresponder a una causa neurogénica o ser la consecuencia de una depleción de volumen.
    La presión arterial sistólica habitualmente se estabiliza en valores que oscilan entre los 90 a 100 mm Hg, cifras que son consideradas adecuadas para la perfusión medular en posición supina. Sin embargo, la pérdida del tono simpático y de los mecanismos compensatorios a los cambios posturales, puede reducir la presión de la perfusión medular (PPM) durante los cambios de posición y durante los periodos de pérdida sanguínea operatoria.
La PPM deberá ser mantenida con una sobrecarga de volumen racional, utilizando para ello soluciones cristaloides o coloides, o con la administración de sangre. Para corregir la bradicardia se puede administrar atropina de 0.4 mg a 1.0 mg I.V.
    Debe recordarse que la PPM es la misma que la presión de perfusión cerebral (PPC), de esta forma tenemos que si la PPC es igual a la presión arterial media (PAM) menos la presión intracraneal (PIC), en condiciones normales, la PPC es de 80 mmHg. Esto puede enunciarse:
PPC = PAM – PIC, entonces la PPM = PAM – PIC
    Si la hipotensión persiste a pesar de la administración razonable de líquidos, el empleo cuidadoso de vasopresores, por ejemplo dopamina, ayuda a restaurar la pérdida de la vasoconstricción neurogénica, y normalizará rápidamente la presión sanguínea. Los pacientes que se encuentran en la fase aguda de la LME, tienen una capacidad de respuesta limitada a la sobrecarga de volumen. Por tanto, están predispuestos a desarrollar edema pulmonar. La colocación de un catéter venoso central o de un catéter en la arteria pulmonar son esenciales para el monitoreo de la óptima reposición de volumen antes de la cirugía. El gasto urinario es una guía para la administración de líquidos, y deberá ser mantenido entre 0.5 a 1.0 ml/kg/h. Las pérdidas sanguíneas deben ser reemplazadas si el sangrado es superior a 500 ml.

COMPLICACIONES DE LA REPOSICIÓN DE LÍQUIDOS Y ELECTRÓLITOS

En el paciente neuroquirúrgico, algunas complicaciones de la fluidoterapia que se presentan pueden llevar al coma postoperatorio o a convulsiones. Habitualmente estas complicaciones pueden ser evitadas mediante una monitorización cuidadosa y una rápida y apropiada evaluación de la reposición de líquidos.

Sobrehidratación

Con el deseo de prevenir la deshidratación, se puede administrar una cantidad excesiva de líquidos, sobre todo si más de una vena ha sido canalizada. Las pérdidas nocturnas de líquidos deben ser inicialmente reemplazadas. Generalmente si el balance de líquidos excede a un litro, debe sospecharse la existencia de cierto grado de sobrehidratación. Como consecuencia de esta situación, se puede producir recuperación prolongada de la conciencia e hiponatremia dilucional.
Durante el abordaje del aneurisma, habitualmente se requiere de hipotensión deliberada.


En el paciente neuro-quirúrgico, algunas
complicaciones de la fluidoterapia que se presentan pueden llevar al coma
postoperatorio o a convulsiones.

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