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Es
muy
importante para el anestesiólogo conocer el estado neurológico
preoperatorio del paciente con TCE.
En todos los casos se debe asumir que el paciente con TCE está
hipoxémico, hasta que no se demuestre lo contrario.
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El trauma craneoencefálico
(TCE) es una entidad que crece cada día. Se acepta que 60% son causados
por accidentes de tránsito, 30% por eventos fortuitos y 10% ocurren
durante actividades laborales, deportivas o por agresiones violentas.
Del total de pacientes con TCE 50% mueren en las primeras dos horas
del trauma, 60% fallecen en las primeras 24 horas y 75% en los primeros
días posteriores al TCE.
Es muy importante para el anestesiólogo conocer
el estado neurológico preoperatorio del paciente con TCE, ya que
será el médico que con más frecuencia evaluará y asistirá el control
cardiovascular y respiratorio durante la inducción, mantenimiento
y recuperación de la anestesia. Además, al conocer el estado neurológico
previo, le permitirá planear el manejo anestésico a manera de prevenir
un mayor daño al cerebro.
La escala de coma de Glasgow (Cuadro
10) facilita la evaluación y evolución del estado de conciencia
y función neurológica, además de permitir estimar un pronóstico.
El manejo inicial del paciente con TCE debe incluir:
1. Manejo y control de la vía aérea. En
todos los casos se debe asumir que el paciente con TCE está hipoxémico,
hasta que no se demuestre lo contrario. Además se considerará que
también existe un aumento de la PIC. Por esta razón, la intubación
del paciente debe ser lo más pronto posible (preferentemente dentro
de las primeras dos horas postrauma). La intubación permitirá el
control de la ventilación y facilitará el control de la PIC. El
proceso de intubación debe realizarse tomando en cuenta todas las
precauciones que eviten un aumento de la PIC y causen mayor daño
al cerebro.
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Para
evitar esto, se sugiere asistir o controlar la ventilación, proporcionando
una preoxigenación con O2 al 100%, hiperventilando al
paciente, se debe implementar presión sobre el cartílago cricoides
(maniobra de Sellick), para impedir la posibilidad de broncoaspiración.
El paciente con TCE debe considerarse con estómago lleno. La administración
previa de lidocaína al 1% (1.5 mg/kg), 90 segundos antes de la intubación,
ayuda a contrarrestar la respuesta hipertensiva y aumento de la
PIC que se presenta durante la laringoscopia e intubación. La inducción
de la anestesia puede lograrse con tiopental (2 a 3 mg/kg) o propofol
(2 a 2.5 mg/kg), seguido de vecuronio (100 a 150 µg/kg) o
bien rocuronio (450 a 600 µg/kg) para facilitar una secuencia
rápida (60 segundos) de intubación.
Es aconsejable mantener la hiperventilación,
sobre todo si se trata de pacientes pediátricos puesto que en ellos
el fenómeno predominante en el TCE es la hiperemia cerebral y con
la vasocontricción que se produce al descender la PaCO2,
puede lograrse descender significativamente la PIC.
2. Control hemodinámico. Debe evitarse
a toda costa en el paciente con TCE la hipotensión arterial, para
este fin, deben controlarse las fuentes de sangrado y administrar
tratamiento con líquidos IV, bien sea cristaloides en forma de soluciones
salinas iso o hipertónicas, o si el caso lo requiere, deben administrarse
expansores del plasma tipo polimerizados de gelatina o bien albúmina
humana. En casos de hemorragia asociada al TCE, se debe transfundir
sangre y plasma en cantidades suficientes para lograr la normovolemia
y mantener la estabilidad cardiovascular.
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