PAC ANESTESIA-1 C3

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El paciente postoperado de TCE debe continuar en la unidad de terapia intensiva con el mismo monitoreo del
trans-operatorio.
Por el momento, no se dispone de suficiente información para establecer la utilidad de los nuevos anestésicos volátiles, sevoflurano y desflurano en neuroanestesia, aunque los informes iniciales con estos nuevos anestésicos, mencionan un perfil similar al isoflurano. Sin embargo, el costo elevado que tiene el sevoflurano y la producción de fluoruro inorgánico y compuesto A, representan una desventaja importante que no tiene el isoflurano. El desflurano tiene un costo menor que el isoflurano y su eliminación es significativamente más rápida, por tanto, puede facilitar una evaluación neurológica temprana. Se requiere de información adicional sobre el costo-beneficio de estos nuevos agentes versus isoflurano. Para mayores datos sobre este aspecto, se sugiere la lectura del capítulo sobre agentes inhalatorios y fisiología cerebral.
    En casos de herida por proyectil de arma de fuego o en pacientes pediátricos, consideramos adecuada la utilización de tiopental porque como ya se mencionó, la lesión predominante es la hiperemia cerebral. Por otro lado, no recomendamos el uso del óxido nitroso, ya que existe evidencia de que además de aumentar el FSC y la PIC, ocasiona una elevación aún mayor del consumo de oxígeno cerebral. Además, su uso se relaciona con mayor frecuencia de náuseas en el postoperatorio y neumoencéfalo.
    Usualmente, al finalizar la cirugía es necesario dejar intubado al paciente para continuar el manejo ventilatorio. Sin embargo, muchos pacientes, especialmente luego del drenaje de hematomas epidurales, se encuentran concientes y con un adecuado control de la ventilación, por lo que pueden ser extubados. En todos los casos los pacientes deben ser trasladados a una unidad de terapia intensiva.

MANEJO POSTOPERATORIO

El paciente postoperado de TCE debe continuar en la unidad de terapia intensiva con el mismo monitoreo del transoperatorio. Es indispensable que los pacientes permanezcan relajados y sedados, principalmente si están intubados
y que se mantengan los cuidados descritos durante la aspiración de secreciones. Los pacientes deben ser mantenidos de 15 a 30° con la cabeza hacia arriba para facilitar el drenaje venoso cerebral como ayuda para disminuir el edema cerebral.
    La temperatura corporal debe ser estrictamente controlada y mantenida entre 36.5 y 37.5°C. De igual manera, deben hacerse mediciones frecuentes de electrolitos especialmente en pacientes que reciben diuréticos osmóticos y de asa, así como control frecuente de la glucosa sanguínea.
    Si está indicada la hiperventilación, los niveles de PaCO2 deben mantenerse entre 25 y 30 mm Hg; para ello es necesario, como ya se indicó, mantener una buena relajación muscular asociada a sedación y apoyada con niveles bajos de analgesia mediante el empleo de fentanil (1 a 2 µg/kg/h).
    La administración de soluciones debe estar orientada por la osmolaridad, la cual se debe mantener entre 300 y 308 miliosmoles/l. Por último, se debe continuar con el esquema anticonvulsivante a base de difenilhidantoína (5 mg/kg/día) e iniciar la administración de antihistamínicos como la ranitidina para prevenir la hemorragia gastrointestinal y las úlceras de estrés. En algunos casos puede estar indicado la administración de agentes bloqueadores de la bomba de protones de la mucosa gástrica (omeprazol). Siempre que sea posible se puede iniciar la alimentación parenteral o enteral por sonda para corregir el balance nitrogenado negativo que se presenta en los pacientes politraumatizados.
    Finalmente, la escala de coma de Glasgow permite predecir la evolución de los pacientes con precisión en 80% de los casos. Los pacientes con puntaje entre 6 y 8, tienen una mortalidad menor de 30%, mientras que si la calificación es de 3 a 5 la mortalidad se eleva a más de 60%. La edad es un factor que influye en el pronóstico. De esta forma se ha demostrado que el pronóstico empeora con los años; también se ha observado que las lesiones que requieren cirugía tienen peor pronóstico que las que no requieren de intervención quirúrgica.

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