PAC ANESTESIA-1 C3

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    ANESTESIA EN ENFERMEDADES CEREBROVASCULARES
La incidencia de aneurismas cerebrales en la población general es de
aproximada-mente 4%.
Las enfermedades cerebrovasculares que requieren tratamiento quirúrgico pertenecen a dos categorías: 1. las enfermedades que son causa de hemorragia intracraneal, como los aneurismas y las malformaciones arteriovenosas (MAV), y 2. la enfermedad oclusiva intracraneal (tromboembolismo). A continuación se presenta una breve revisión de la patología, técnicas y agentes anestésicos que se implementan como parte del manejo anestésico-quirúrgico de pacientes con enfermedad cerebrovascular (ECV).

ANEURISMA CEREBRAL

Los aneurismas cerebrales son dilataciones anormales en la pared de los vasos arteriales intracraneales, que se forman en la mayoría de las veces por el efecto de la presión arterial sobre defectos congénitos en la musculatura de la capa íntima y elástica de las arterias cerebrales. Según su forma se clasifican como saculares o de baya, fusiformes, micóticos, moriformes, neoplásicos o ateroscleróticos. La forma más frecuente es la sacular. Su tamaño varia entre 2 milímetros a 3 centímetros.
    La incidencia de aneurismas cerebrales en la población general es de aproximadamente 4%. Son raros en la infancia y su frecuencia es máxima entre los 35 y 65 años. El 60% de los casos se presentan en el sexo femenino. Se localizan generalmente en las bifurcaciones arteriales y 90 a 95% se ubican en la porción anterior del polígono de Willis. En 20% de los casos existe más de un aneurisma, que se puede localizar ipsilateralmente o contralateralmente. La complicación más temida de los aneurismas cerebrales es la hemorragia subaracnoidea como consecuencia de la ruptura.

     Hemorragia subaracnoidea. El riesgo de ruptura de un aneurisma es proporcional a la presión transmural (PTM) del mismo. La PTM se define como la diferencia entre la presión arterial media (PAM) y la presión intracraneal (PIC) y se representa de la siguiente manera:
    PTM = PAM - PIC

    Como se observa, la PTM es equivalente a la presión de perfusión cerebral (PPC). Por tanto, el riesgo de ruptura se eleva en cualquier condición en que se presente aumento marcado de la PAM o descenso de la PIC. La incidencia de hemorragia subaracnoidea (HSA) por ruptura de aneurisma, se estima entre 15 y 20 casos por cada 100000 habitantes. La ruptura es más frecuente en pacientes hipertensos.

    Signos y síntomas de ruptura de aneurisma cerebral. Los signos y síntomas de ruptura aneurismal están condicionados por la presencia de sangre en el espacio subaracnoideo e incluyen: disminución del estado de conciencia, irritación de las meninges (cefalea, fotofobia), aumento de la temperatura, náuseas, vómito, hipovolemia e hiponatremia, signos neurológicos focales, paresia de nervios craneales, anormalidades electrocardiográficas (inversión de la onda T, depresión o elevación del segmento ST y prolongación del intervalo Q-T), anormalidades en la coagulación y leucocitosis. El diagnóstico de la HSA se basa en la historia clínica, examen físico, análisis del LCR obtenido por punción lumbar, tomografía computarizada y estudios angiográficos completos.
    Como complicaciones de la HSA se presentan el vasoespasmo en 30 a 70%, alteraciones electrocardiográficas en 60 a 70%, resangrado en 6 a 20%, hiponatremia en 18 a 33%, lesiones neurológicas focales en 15 a 20 %, alteraciones respiratorias en 15 a 17%, y la hidrocefalia en 14%.
    El vasoespasmo es la complicación más peligrosa de la HSA, puede detectarse arteriográficamente en 30 a 70% de los casos y sólo es sintomática en 20 a 30% de los pacientes. De los pacientes sintomáticos 50% muere o queda con gran daño neurológico. Aparece generalmente entre 4 y 12 días después de la HSA. Casi nunca se presenta en las primeras 48 horas, ni posterior a las dos semanas de la ruptura del aneurisma.

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