Desde el punto de vista clínico, se clasifica
de acuerdo a la escala de Hunt y Hess en cinco grados:
Grado I. Pacientes asintomáticos o con cefalea
mínima y ligera rigidez de la nuca. En general se puede esperar
una mortalidad perioperatoria entre 0 y 5%.
Grado II. Hay cefalea moderada o severa y franca
rigidez de nuca sin signos de focalización, excepto algún grado
de compromiso al tercer par craneal. La mortalidad se estima de
2 a 10%.
Grado III. Se presenta somnolencia, confusión
y déficits neurológicos focales aparentes. La mortalidad varía entre
10 y 15%.
Grado IV. Se presenta gran estupor, hemiparesia
y alteraciones neurovegetativas. Pueden observarse signos de descerebración.
La mortalidad se estima entre 60 y 70%.
Grado V. Existe coma profundo y francos
signos de descerebración. La mortalidad perioperatoria varía de
70 a 100%.
El vasoespasmo es el estrechamiento reactivo
de las arterias cerebrales que conducen a isquemia y daño neurológico
asociados a una disminución de la PPC. En la etiología del vasoespasmo
y del déficit isquémico, se mencionan varios factores que incluyen:
- Trauma directo a los vasos y/o distorsión mecánica o desplazamiento
de la propia hemorragia, que produce espasmo localizado.
- Presencia de sustancias espasmogénicas en la sangre subaracnoidea,
que se encuentran en la hemoglobina , aunque las plaquetas también
son espasmogénicas, debido a su alto contenido de serotonina.
La densidad del coágulo de sangre en la tomografía computarizada
(TC), especialmente alrededor de las cisternas basales, se correlaciona
positivamente con la incidencia y severidad del vasoespasmo.
- Liberación de prostaglandinas sintetizadas por las plaquetas
y por el tejido cerebral como respuesta a una lesión. La administración
intratecal de
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prostaglandinas
en animales de laboratorio produce constricción arterial prolongada.
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| d. |
Liberación
de mediadores de la respuesta inflamatoria como prostaglandinas,
tromboxano, leucotrienos, endoperóxidos, radicales de libres
oxígeno, ácidos grasos libres, etc. |
Estas sustancias producen daño neuronal, además,
el aumento del calcio intracelular inicia una serie de eventos que
conducen a una lesión neurológica. Esta cascada de acontecimientos
se muestra en la figura 8.
El tratamiento del vasoespasmo se basa en mantener
la PPC (recordemos que la PPC es igual a la PAM-PIC), mediante la
expansión de volumen intravascular, aumento de la presión sanguínea
y gasto cardiaco. Se debe evitar la hiponatremia y preservar la
hemodilución relativa (hematocrito alrededor de 32%). Debido al
riesgo de recurrencia de la hemorragia (resangrado), tanto la hipertensión
como la hipervolemia deben emplearse cuidadosamente en el período
que precede a la corrección quirúrgica mediante la ligadura o la
colocación de clips en el aneurisma.
Los intentos farmacológicos para inducir vasodilatación
de vasos espásticos no han resultado efectivos, porque el vasoespasmo
implica una alteración estructural en la pared del vaso, en vez
de una contracción espástica o falta de relajación del músculo liso
en la media de los vasos. La nimodipina (bloqueador de los canales
de calcio), actualmente se utiliza para prevenir los efectos del
vasoespasmo, ya que disminuye el calcio mioplásmico en las células
del músculo liso e impide la entrada de calcio extracelular necesario
para la contracción muscular.
Resangrado. Esta complicación se presenta
con mayor frecuencia en las primeras 24 horas luego del sangrado
inicial, ocurre en 6 a 20% de los casos y se asocia con una mortalidad
elevada (42 a 78%). El cuadro clínico se caracteriza por pérdida
súbita de la conciencia cuando el sangrado es abundante o por el
aumento también súbito de la cefalea y de los signos meníngeos,
cuando la recurrencia del sangrado es leve o moderado.
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