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El
anestesiólogo se enfrenta con frecuencia a pacientes que
presentan un grado variable de
compromiso de su función renal y que requieren de alguna
intervención quirúrgica.
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INTRODUCCIÓN
Las enfermedades renales tienen
una elevada prevalencia en la población general, por tanto, el anestesiólogo
se enfrenta con frecuencia a pacientes que presentan un grado variable
de compromiso de su función renal y que requieren de alguna intervención
quirúrgica. Además, los fármacos utilizados durante el manejo anestésico,
así como numerosas circunstancias propias del periodo operatorio,
pueden afectar o comprometer más la función renal y originar insuficiencia
renal postoperatoria. Por ello, es importante tomar en cuenta ciertas
consideraciones en estos pacientes acerca de su función renal previa
al manejo anestésico-quirúrgico que permitan prevenir o evitar un
mayor deterioro renal.
ANATOMÍA DEL RIÑON
Los riñones son órganos pares que se encuentran en el espacio retroperitoneal
contra la pared abdominal posterior. Aunque su peso es de sólo 300
gramos (alrededor de 0.5% del peso corporal), reciben 20 a 25% del
gasto cardiaco total. En la figura 5, se muestra
la organización general de los riñónes y de las vías urinarias.
Las arterias renales son ramas directas de la
aorta, nacen por abajo de la arteria mesentérica superior. Existen
numerosas anastomosis arteriales con los vasos mesentéricos y suprarrenales.
Las venas renales drenan hacia la vena cava inferior. La inervación
es muy rica; las fibras simpáticas constrictoras provienen de las
raíces medulares de la cuarta vértebra torácica a la primera lumbar
y se distribuyen a través de los plexos celiaco y renal. No existe
inervación dilatadora simpática y parasimpática. Las fibras que
transmiten el dolor, sobre todo a partir de la pelvis renal y la
parte superior del uréter, entran a la médula espinal a través de
los nervios esplácnicos.
En un corte transversal del riñón hay tres zonas
aparentes: corteza,
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médula
externa y médula interna. Ochenta por ciento del flujo sanguíneo
renal se redistribuye en las estructuras corticales. Cada riñón
contiene cerca de un millón de nefronas. Estas se clasifican en
superficiales (cerca de 85%) o yuxtamedulares, según su localización
y la longitud de los túbulos. Todas las nefronas se originan en
la corteza, donde abundantes redes capilares glomerulares (continuaciones
de las arterias interlobulares) rodean a la cápsula de Bowman de
cada nefrona.
El glomérulo y la cápsula se conocen en conjunto
como corpúsculo renal. Cada cápsula de Bowman se conecta a un túbulo
proximal que se pliega sobre sí mismo dentro de su parte cortical,
pero se rectifica a su paso por la médula externa; en este punto,
el túbulo se conoce como asa de Henle. El asa de Henle de las nefronas
superficiales desciende sólo hasta la unión intermedular, donde
da un giro de 180 grados, se transforma en la rama gruesa y asciende
de regreso hacia la corteza, donde se aproxima y establece contacto
con el glomérulo a través de un grupo de células que se conocen
como el aparato yuxtaglomerular. Las nefronas superficiales forman
luego los túbulos contorneados distales que forman los túbulos colectores
dentro de la corteza. Alrededor de 5000 túbulos se unen para formar
los túbulos colectores. La figura 6
muestra a la nefrona como la unidad anatómica-funcional del riñón.
Los túbulos colectores emergen en los cálices
menores, los cuales a su vez se unen para formar los cálices mayores.
Estos se unen y dan lugar a la pelvis renal, la parte más cefálica
del uréter. Los corpúsculos renales de las nefronas yuxtamedulares
se localizan en el tejido cortical yuxtamedular. Tienen asas de
Henle largas que descienden hasta la profundidad del tejido medular;
las asas también ascienden de nuevo hacia el tejido cortical, donde
forman los túbulos contorneados distales y los colectores.
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