PAC CARDIO-2 Tomo 4

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    La aplicación de las técnicas de detección no debe sin embargo, hacerse en forma universal e indiscriminada, sino orientada de acuerdo al perfil de riesgo de cada individuo. En realidad el pronóstico individualizado es lo que determina el valor específico de cada prueba o terapia. La capacidad del médico de ahora y de siempre, dependerá de su habilidad para aplicar juiciosa y eficientemente este principio, que no es sino el de una “justicia médica” para pedir y dar a cada paciente lo que le corresponde.

LOS ORÍGENES DE LA PREVENCIÓN

El diccionario de la Real Academia de la lengua española define a la prevención, como la “preparación y la disposición que se hace anticipadamente para evitar un riesgo o ejecutar una cosa”.1 Con ello tenemos que en el ámbito de la salud, estas medidas de preparación y anticipación deben ser aplicadas para evitar las principales causas de morbilidad y de mortalidad en la población.
   El hecho de prevenir y su capacidad de juicio son tan antiguos como lo es el hombre mismo. Las estrategias de protección para evitar agresiones o accidentes durante la pelea o la caza de animales son medidas de anticipación seguramente utilizadas por los antiguos ancestros nómadas hace millones de años. Existen registros milenarios como el del papiro de Ebers que ya proponía la aplicación empírica de medidas de prevención para evitar enfermedades infecciosas o degenerativas. Herodoto publicó hacia el año 500 AC en el antiguo Egipto una serie de medidas de higiene corporal relacionadas con el lavado de manos y la construcción de sanitarios rellenos de arena. A partir de entonces, aparecen en la historia escrita múltiples referencias sobre las recomendaciones sobre las medidas de higiene y alimenticias con fines principalmente
curativos.2
   La prevención aplicada en una forma científica como la conocemos actualmente, aparece en el siglo XIX con los avances en el campo de la bacteriología por Koch, Pasteur y Lister entre otros, quienes crearon una verdadera revolución científica en el conocimiento de la medicina y en particular en la prevención.3
    El origen de la prevención de enfermedades cardiovasculares en cambio, es más reciente. Aún cuando existen antiguos documentos sobre una serie de medidas de cambio en el estilo de vida que mostraron beneficios en este campo, no es sino hasta este siglo que comienzan algunos estudios histológicos y de casos y controles que sientan las bases del concepto de “factor de riesgo” y su control. Con el advenimiento de los grandes estudios clínico-epidemiológicos observacionales y de intervención en lo que ahora llamamos “medicina basada en la evidencia”, se demuestra claramente su importancia.

PREVENCIÓN “BASADA EN LA EVIDENCIA”

Es difícil concebir la práctica de la medicina moderna sin un sólido sustento científico, alejado del empirismo tradicional. Se le debe llamar así “Medicina basada en la evidencia” a la utilización juiciosa, conciente y explícita de la mejor información –o evidencia– científica en la toma de decisiones para la atención individualizada de cada enfermo.4
    Tal evidencia observacional obtenida en base a estudios epidemiológicos retrospectivos y prospectivos realizados principalmente en Estados Unidos y Europa llevaron al conocimiento de lo que ahora conocemos como factores de riesgo al establecer una asociación consistente entre algunas variables presentes en algún momento y la aparición de la enfermedad.
Mientras más temprana-mente se detecte la enfermedad o los factores que predisponen a ella, mayor será la probabilidad de intervenir precozmente para evitar o limitar sus complica-ciones.

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