INTRODUCCIÓN
La historia natural de la
aterosclerosis es ahora bien conocida. Anteriormente se pensaba
que tal padecimiento era debido a un proceso relacionado con el
“envejecimiento natural” de las arterias por lo que era privativo
de los individuos con edad avanzada; hoy en día se sabe que desde
etapas tempranas de la vida es posible encontrar, en material de
necropsia, depósitos de lípidos en el interior de las arterias,
caracterizados como “estrías grasas” y como precursores del proceso
ateroscleroso.1 Estas pequeñas
alteraciones anatómicas e histológicas de la enfermedad, evolucionan
lentamente y generalmente son el principio de un padecimiento que
puede llegar a producir una obstrucción significativa de las arterias
coronarias. Generalmente estas lesiones no regresan en forma espontánea.2
El conocimiento cada vez mejor de los mecanismos involucrados en
la génesis de la aterosclerosis, ha venido a apoyar la idea de que
una placa aterosclerosa en un lecho vascular coronario es capaz
de precipitar un evento isquémico miocárdico agudo. Actualmente
se sabe que desde que se inicia el proceso ateroscleroso, se produce
un incremento considerable de lipoproteínas, entre las que sobresalen
las que son consideradas como aterogénicas como las LDL, Lp(a) y
LDL densas, que tienen capacidad para “incrustarse” o ingresar a
la íntima vascular y acumularse en el lecho subendotelial.3
Posteriormente se desarrolla un considerable reclutamiento de macrófagos
en la íntima, como respuesta a la llegada de las lipoproteínas.4
Los macrófagos junto con las propias células endoteliales y las
células del músculo liso, liberan una gran
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cantidad
de radicales libres de oxígeno y así las lipoproteínas se “oxidizan”
para que puedan ser captadas por los macrófagos para convertirse
en “células espumosas”.5
En etapas posteriores se presenta necrosis de estas células espumosas
como respuesta a procesos citotóxicos de las mismas LDL oxidizadas,
e incluso por apoptosis celular,6
condicionando así un acúmulo de lípidos extracelulares que conocemos
como el núcleo lipídico de la placa ateromatosa, y que varía en
cantidad, consistencia y distribución para ser uno de los condicionantes
primordiales en el grado de rigidez de la placa. Aparecen también
una gran cantidad de células de músculo liso que migran como consecuencia
de una acción quimiotáctica de algunas de las sustancias presentes
en el núcleo como la proteína quimiotáctica de los monocitos, que
a su vez estimulan la proliferación celular, formándose así la colágena,
la elastina y los proteoglicanos que formarán también las estructuras
de la placa.
RUPTURA Y SÍNDROMES AGUDOS
Uno de los puntos clave acerca del conocimiento sobre el concepto
de inestabilidad de la placa en la patogenia de los síndromes vasculares,
ha sido el identificar, que en una importante cantidad de los pacientes
con síndromes coronarios agudos, el grado de estenosis de la arteria
no era significativo (es decir tenían una obstrucción menor de 75%
de la luz), encontrando que alrededor de 70% de los pacientes que
sufrían de angina inestable o un infarto agudo, tenían obstrucciones
menores de 50% de la luz arterial, mientras que solamente 12 a 15%
de los pacientes tenían estenosis aterosclerosas significativas
(mayor de 70% de la luz).7
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Desde
etapas tempranas de la vida es posible encontrar, en material de necropsia,
depósitos de lípidos en el interior de las arterias,
caracterizados como estrías grasas y como precursores
del proceso ateroscleroso. |