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Desarrollo
vascular pulmonar. Las demandas fisiológicas del miocardio
en el periodo neonatal, especialmente en el momento del parto, son
dependientes de cambios en la vascularidad pulmonar. La transición
de la circulación fetal a la neonatal incluye la caída
en la resistencia vascular pulmonar y el incremento en la resistencia
sistémica. Los cambios en la composición de los gases,
pH y las citoquinas producen la dilatación del lecho vascular
pulmonar, con lo que el flujo ductal de derecha a izquierda, comienza
a ser de izquierda a derecha. El conducto arterioso tiene su cierre
funcional durante el primer día de vida, con variaciones
individuales, y el del foramen oval, en general, ocurre al tercer
mes de vida.
La resistencia vascular pulmonar es crucial en
el neonato y lactante con enfermedad cardíaca congénita
ya que el pronóstico de muchas cirugías paliativas
o correctivas está en gran medida determinado por el estado
de la resistencia vascular pulmonar. Para ejemplificar, pacientes
con conexión anómala total de venas pulmonares o lesiones
obstructivas del lado izquierdo como la interrupción del
arco aórtico o el síndrome del corazón izquierdo
hipoplásico, a menudo desarrollan una adaptación tardía
con incremento en el tono vasomotor pulmonar. Los determinantes
fisiológicos del tono vasomotor pulmonar son predominantemente
el oxígeno y el pH. Los efectos del CO2 en el
tono vasomotor pulmonar son ejercidos principalmente por su efecto
en el equilibrio ácido-base.
Durante la última fase del tercer trimestre
de la gestación, el tono vascular se puede alterar por asfixia
con incremento en la respuesta vasoconstrictora mediado en parte
por el sistema nervioso autónomo. La vasoconstricción
puede ser aumentada por medicamentos que estimulen los receptores
ß1 y disminuida por sus antagonistas. También es regulada
por las bradiquininas y las prostaglandinas I2 y E2.
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Interacción
agonista-receptor. Las catecolaminas exógenas son los
principales medicamentos usados para prevenir y tratar la falla
cardíaca cuando ésta es severa. En neonatos y lactantes,
al igual que en niños mayores y el adulto, la mejoría
inotrópica está dada principalmente por la estimulación
de receptores adrenérgicos. Las glicoproteínas de
la pared celular tienen una infinidad de ligandinas denominadas
alfa, beta1, beta2 y dopaminérgicas, que actúan provocando
un incremento en los niveles intracelulares de AMP cíclico
y secundariamente de los iones de calcio en el sarcolema, aumentando
la sensibilidad del aparato contráctil. En los neonatos y
lactantes estos efectos típicos difieren de los
vistos en los niños mayores y adultos.
La insuficiencia cardíaca tiene dos denominadores
que pueden actuar en forma aislada o sumarse y que son la incapacidad
de manejar volumen y la incapacidad de manejar presión. La
sobrecarga de volumen se presenta cuando hay cortocircuito entre
las dos circulaciones, que puede ser intracardíaco o extracardíaco
y, en ocasiones, hasta extracorpóreo como ocurre a nivel
de la placenta en la etapa fetal. También hay sobrecarga
de volumen en la insuficiencia de las válvulas y en la dilatación
cardíaca. La sobrecarga de presión se presenta por
dificultad al vaciamiento ventricular y esto ocurre en la hipertensión
arterial sistémica o pulmonar, por aumento de las resistencias
periféricas, también cuando hay estenosis de los vasos
o de las válvulas sigmoideas (o por debajo de éstas)
y cuando el ventrículo se torna incapaz de mantener la presión
sistémica (aquí es donde entra la miocardiopatía).
Las causas más frecuentes de insuficiencia
cardíaca en la edad pediátrica son las alteraciones
cardiovasculares, que tienen manifestaciones tempranas, dentro del
primer año de vida, en cerca de 90% de los casos; el resto,
es de aparición tardía y se manifiesta principalmente
en los primeros cinco años de edad.
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La
insuficiencia cardíaca tiene dos denominadores que pueden actuar
en forma aislada o sumarse y que son la incapacidad de manejar volumen
y la incapacidad de manejar presión. |