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Tener
un ECG previo para su comparación no puede necesariamente
cambiar la decisión si el paciente debe ser hospitalizado.
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Brush
y col. evaluaron el ECG inicial en 469 pacientes con sospecha de
IAM para determinar su valor predictivo y encontraron que los pacientes
con ECG positivos tuvieron una incidencia de complicaciones de 14%
comparados con 0.6% de aquellos con trazos ECG normales.45
Las complicaciones que ponen en riesgo la vida fueron 23 veces más
factibles y la muerte fue 17 veces más probable en los pacientes
con ECG positivos.
Fesmire y col. modificaron la estrategia utilizada
por los autores previos para clasificar los ECG como positivo, normal
o anormal. Estos investigadores estudiaron a todos los pacientes
con un probable infarto, sin importar si tuvieron dolor. Ellos encontraron
que los pacientes con ECG positivos estuvieron en mayor riesgo de
complicaciones delicadas, intervenciones y muertes que en los otros
dos grupos.46
Otros patrones ECG han mostrado ser de valor
pronóstico. Sclarovsky y col. estudiaron a 32 pacientes con dolor
precordial y depresión del segmento ST en las derivaciones precordiales,
y observaron que 21 de los pacientes tenían onda T positiva y 11
la tenían negativa. A pesar de que la incidencia de IAM fue similar
en ambos grupos, la mortalidad intrahospitalaria fue más alta en
el grupo de pacientes con onda T negativa. La enfermedad del tronco
de la arteria coronaria izquierda fue también más común en este
grupo.47
Dos estudios han mostrado la importancia de comparar
un ECG previo con el actual.48,49
Sin embargo, esto ha sido cuestionado por Rubenstein y Greenfield
quienes han revisado el registro de 236 enfermos que se presentaron
a urgencias con dolor precordial. Ellos encontraron que únicamente
4.7% contaba con un ECG previo que pudo contribuir a corregir un
hallazgo erróneo.50 En
contraste, Lee y col. puntualizan que tener un ECG previo para la
comparación puede ser de gran utilidad; en 5673
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enfermos
en los que se presentó el dolor precordial agudo, no se encontraron
diferencias para hospitalizar a los pacientes con infarto que tenían
o no ECG previos; sin embargo, el grupo de pacientes sin IAM y que
tenían un ECG anterior no fueron internados en la Unidad Coronaria.49
Fermire y col. en un análisis retrospectivo observaron que el tener
un ECG positivo y que era diferente a un trazo previo se asociaba
con dos veces más de riesgo de intervenciones, 2.6 veces más complicaciones
y 6.6 veces más de riesgo de IAM comparado con las otras categorías
electrocardiográficas.48
Por lo que tener un ECG previo para su comparación no puede necesariamente
cambiar la decisión si el paciente debe ser hospitalizado.
Podemos concluir que el ECG inicial no es sensible
para el diagnóstico de IAM pero permanece siendo el único método
para seleccionar a pacientes para la administración de terapia trombolítica;
el diagnóstico electrocardiográfico es encontrado solamente en 50
a 60 % de los enfermos con IAM y la presencia de cualquier cambio
que se traduzca en isquemia es predictivo de una evolución adversa
e identifica a un grupo de pacientes de alto riesgo a pesar de desarrollar
o no subsecuentemente un IAM. Pacientes con un ECG normal al inicio
generalmente tienen un riesgo bajo para desarrollar complicaciones
mayores pero tienen la probabilidad de presentar un IAM hasta en
15%.
MARCADORES SÉRICOS DE ISQUEMIA E INFARTO
DEL MIOCARDIO
Las limitaciones de los marcadores bioquímicos actuales incluyen
la falta de precisión en el diagnóstico, el tiempo requerido después
de la presentación para que los marcadores sean capaces de determinar
infarto del miocardio y la habilidad de identificar a pacientes
con angina inestable.
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