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La
anticoagulación formal continúa siendo la piedra angular
del tratamiento de la trombosis venosa profunda (TVP) y de la TEP
desde principios de la década de los sesentas en que Barrit
y Jordan demostraron de manera irrefutable la utilidad de la heparina
en la disminución de la mortalidad inmediata en pacientes
con TEP. La mayor parte de los pacientes con TEP requieren sólo
de anticoagulación. Los agentes anticoagulantes actualmente
utilizados incluyen la heparina no fraccionada, la heparina de bajo
peso molecular (HBPM) y los anticoagulantes orales.
La heparina no fraccionada tiene su efecto anticoagulante
por medio de un pentasacárido con una alta afinidad por la
antitrombina III (ATIII) que está presente en sólo
un tercio de la molécula de heparina. Esta interacción
produce un cambio conformacional en la ATIII y acelera su habilidad
para inactivar a las enzimas trombina (factor IIa), factor Xa y
factor Ixa. La heparina también cataliza la inactivación
de la trombina a través de un segundo cofactor plasmático,
el cofactor II de heparina.
Las dos vías de administración utilizadas
son la intravenosa (IV), cuyo efecto se observa de inmediato, y
la subcutánea (SC) cuyo efecto se ve en una a dos horas.
El efecto anticoagulante de la heparina se monitoriza
con el tiempo de tromboplastina activado (TTPa) y lo ideal es mantener
una dosis ajustada para prolongar el TTPa más de 1.5 veces
el valor control.
Las heparinas de bajo peso molecular (nadroparina:
fraxiparine y, enoxaparina: clexane) son una nueva clase de anticuagulantes
que están reemplazando a la heparina no fraccionada. Su efecto
anticoagulante se debe que a pesar de ser moléculas pequeñas
mantienen su habilidad para unirse a la ATIII, ya que contienen
la secuencia de pentasacáridos, presente en menos de un tercio
de la molécula. La sóla unión a la ATIII es
suficiente para catalizar
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la inactivación
del factor Xa. Por esta razón las HBPM tienen relativamente
más actividad anti-Xa que antitrombina y por ello menos efecto
en el TTPa.
Las dosis más comúnmente utilizadas
en el tratamiento de TEP son de 1 mg/kg de enoxaparina subcutánea
dos veces al día y en el caso de la nadroparina las dosis
utilizadas son de 8200 U subcutáneas en 24 horas en pacientes
de menos de 50 kg, de 12300 U/d en pacientes cuyo peso se encuentra
entre 50 y 70 kg y de 18400 U/d en pacientes con más de 70
kg de peso.
En cuanto a los anticoagulantes orales existen
dos grupos químicos: 1) los derivados de la cumarina (warfarina
sódica, acenocumarol) y 2) los derivados del indano. Los
primeros son los más utilizados por tener menos efectos hemorrágicos.
Los anticoagulantes orales son antagonistas de la vitamina K y producen
su efecto al interferir con la interconversión cíclica
de la vitamina K con su epóxido, lo cual limita la carboxilación
de los factores de coagulación dependientes de vitamina K
(II, VII, IX y X), y de las proteínas C y S. Por lo tanto
los cumarínicos tienen un efecto paradójico, por un
lado producen un efecto anticoagulante inhibiendo factores procoagulantes
(II,VII, IX y X) y por el otro un efecto potencialmente trombogénico
al afectar la síntesis de proteínas inhibitorias naturales
(C y S).
El estudio de laboratorio que se usa con mayor
frecuencia para monitorizar el efecto de los anticoagulantes orales
es el tiempo de protrombina (TP). Los rangos terapéuticos
para TP de 1.2 a 1.5 veces equivalen a un INR (índice normalizado
internacional) de 2.0 a 3.0.
En cuanto al uso de agentes trombolíticos
en TEP consiste en que durante su administración los coágulos
se disuelven activa y rápidamente. Al liberar la obstrucción
al flujo de las arterias pulmonares la función cardiopulmonar
podría regresar a su estado previo en forma más rápida.
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En
cuanto a los anticoagulantes orales existen dos grupos químicos:
1) los derivados de la cumarina (warfarina sódica, acenocumarol)
y 2) los derivados del indano. |