PAC Cardio-1 B4

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DISLIPIDEMIAS COMO FACTOR DE RIESGO
Uno de los paradigmas médi- cos actuales es el dictum que establece que a mayor concentración de las partículas lipídicas aterogénicas, mayor es también el riesgo de desarrollar aterosclerosis en diversos lechos vasculares, particularmente el coronario, tanto en individuos como en poblaciones enteras.11 La figura 4 muestra la relación curvilínea entre las concentraciones sanguíneas de colesterol y el riesgo de tener un evento coronario. El carácter exponencial de la curva significa que a partir de cierto valor de corte (200 mg/dL) pequeños incrementos en la colesterolemia conllevan importantes aumentos en el riesgo. Como sucede con otras variables fisiológicas de reciente data filogenética, no hay cifras “normales” de colesterol y otros lípidos sanguíneos, porque las cifras varían de población en población, de acuerdo al tipo de alimentación vigente. En estudios epidemiológicos como el de los Siete Países,12 Framingham13 y el MRFIT,14 se ha observado que a partir de una colesterolemia de 200 mg/dL, la incidencia, la
morbimortalidad y el riesgo relativo de cardiopatía isquémica aterosclerosa se incrementa exponencialmente. El colesterol total (CT) está formado por varias fracciones, a saber: el colesterol ligado a las lipoproteínas de baja densidad, el asociado a las lipoproteínas de alta densidad y al de las lipoproteínas de muy baja densidad (por sus siglas en inglés, C-LDL, C-HDL y C-VLDL, respectivamente). Tal como se verá más adelante, el C-LDL en exceso es el mayor responsable del proceso aterogénico, pues se deposita en las paredes arteriales. Como siempre sucede en la naturaleza, existe un sistema antagónico, formado por el C-HDL, que remueve el exceso de colesterol de todos los tejidos, incluyendo las paredes arteriales. Por esa razón, el C-HDL se le considera protector.15 En la figura 5, se observa la curva que expresa la relación entre la concentración del C-LDL, parecida a la del colesterol total y el riesgo relativo de enfermedad coronaria, junto a la curva de concentración del C-HDL, que muestra una relación inversa entre la concentración y el riesgo.
En estudios epidemiológicos como el de los Siete Países, Framingham y el MRFIT, se ha observado que a partir de una colesterolemia de 200 mg/dl, la incidencia, la morbimortalidad y el riesgo relativo de cardiopatía isquémica aterosclerosa se incrementa exponencialmente.



El C-LDL en exceso es el mayor responsable del proceso aterogénico, pues se deposita en las paredes arteriales.
Figura 4 El colesterol como factor de riesgo

Figura 4

Figura 5 Colesterol LDL, colesterol-HDL y riesgo coronario
Figura 5

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