|
Cuando
se trata de cualquier enfermedad, incluyendo al cáncer, se admite
que todo paciente tiene el derecho a estar informado de su padecimiento.
El ejercicio de la medicina ha comprobado siempre que en la mayoría
de las ocasiones, si hay experiencia en saber decir las cosas, la
verdad ayuda y alivia a los enfermos.
|
|
Nuestro
vigilante dolor, a veces no nos informa que nuestro cuerpo está gravemente
enfermo. El dolor y el sufrimiento generalmente se acompañan. El dolor
nos ubica corporalmente en un órgano o una región enferma. El sufrimiento
nos conduce al espíritu, a la esfera psicológica, a la constitución
caracterológica de una persona y afecta su estado de ánimo.
El dolor y el sufrimiento han planteado preguntas permanentes ¿cuál
es el sentido de dolor, del sufrimiento, de la enfermedad e incluso
de la muerte? Desde el punto de vista materialista no hay respuesta
alguna. Hasta podría decirse desde este punto de vista materialista,
que la presencia del dolor y el sufrimiento son un fracaso de la ciencia
médica. La respuesta solamente se encuentra en la esperanza de la
existencia de otra vida después de esta vida, esperanza expresada
en todas las culturas y muchas religiones desde la más remota antigüedad.
El enfermo que se opone al dolor que acompaña al cáncer sufre terriblemente
y se abate, pero cuando lo acepta y acepta la lucha de su médico para
aliviarlo, aunque no lo entiende, se tranquiliza y los tratamientos
sintomáticos alcanzan mejores resultados. La enfermedad soportada
serenamente, templa el espíritu, engendra en el estado de ánimo pensamientos
positivos e inspira nobles propósitos. Cuando los padecimientos se
hacen crónicos y se agravan el paciente puede caer en la tentación
de considerar que su vida ya no tiene valor alguno y pierden la confianza
en su médico, en la medicina, en la vida, en la humanidad y en su
religión y pueden caer en la desesperanza. Aquí es donde se pone a
prueba la relación médico-paciente y familiares. En estas circunstancias
el médico deberá probar su sabiduría y su experiencia llevando bien
el caso y ganándose día a día el respeto y la estimación del enfermo
y sus familiares. Ambos, paciente y médico deberán dar buen testimonio
de cómo se deben comportar ante la adversidad de una enfermedad incurable.
Cuando se trata de cualquier enfermedad, incluyendo al cáncer, se
admite que todo paciente tiene el derecho a estar informado de su
padecimiento, pero en el ejercicio de la medicina es frecuente que
se suponga por parte de los familiares o del propio médico, que la
verdad sobre la existencia de cáncer puede resultar hostil para una
mujer. La corriente de pensamiento hedonista, en donde la búsqueda
del placer es la meta en la vida, afecta negativamente al conocimiento
de que se tiene cáncer. En la mayoría de las veces, el diagnóstico
va asociado al sufrimiento progresivo, a la incurabilidad y terminará
con la muerte.
Las personas no somos dueños de nuestras vidas pero si administradores
de las mismas y por lo tanto tenemos obligaciones que cumplir, entre
otras, la de enterarnos |
si
estamos sanos o enfermos, sobre todo cuando una persona está gravemente
enferma y tiene responsabilidades con otras como los son su cónyuge,
sus hijos y demás familiares.
Nadie como una misma persona, sabe cuales son sus asuntos pendientes,
diferidos, en cuestiones familiares, profesionales, sociales y muy
personales que se puedan haber estado posponiendo con la idea de que
ya habrá algún día tiempo para atenderlos pero ahora, con la noticia
de que se tiene cáncer, esos asuntos exigen una solución rápida y
favorable.
Ocultar la verdad es injusto, es tratar a un adulto como si éste fuera
un niño engañado. Ocultar la verdad ocasiona un conflicto en donde
la regla de juego es la mentira que bloquea la comunicación humana
en todos sentidos. Frecuentemente los familiares con la intención
de evitar sufrimientos morales a su ser querido, le piden al médico
que oculte la verdad a la paciente, que se le mantenga en la ignorancia
de la gravedad de su enfermedad y, sobre todo, de la proximidad de
su muerte. El médico que miente, o que evita decir la verdad, se expone
a que el enfermo descubra lo que ocurre y pierda la confianza en su
médico. Hay pacientes que no resisten la verdad y ante la noticia
de que tienen cáncer pueden reaccionar violentamente o caer en una
grave depresión que afecten la historia natural de la enfermedad,
sobre todo en pacientes psicológicamente débiles. El ejercicio de
la medicina ha comprobado siempre que en la mayoría de las ocasiones,
si hay experiencia en saber decir las cosas, la verdad ayuda y alivia
a los enfermos. El médico debe adquirir la habilidad de saber comunicar
a su paciente que se le ha encontrado un cáncer. Se sabe que cuando
se dice a una enferma la perspectiva de la muerte próxima desencadena
una gran aflicción que va a dificultar la relación médico-paciente.
Se tiene que aprender el modo de acercarse exitosamente al paciente,
para poder apoyarlo en sus temores y saber darle el valor humano que
tanto va a necesitar. La comunicación de un diagnóstico de cáncer
debe ser gradual, progresiva, evitando hablar de trabajos científicos
que reportan estadísticas porque eso les choca a la mayoría de los
pacientes. El paciente solo querrá saber lo que a él le podrá ocurrir,
no lo que les ha ocurrido a otros. Si un médico verdaderamente quiere
ayudar a sus pacientes, tiene que ser verdadero amigo de sus pacientes
y entre amigos que se estiman, se platica la verdad sin hacerles daño;
entre amigos las malas noticias se dan con respeto y amor. Cuando
la paciente pregunta cuanto le queda de vida, con toda claridad hay
que decirle la verdad y la verdad es que nadie sabe cuanto va a vivir
una persona, ni el médico sano sabe cuanto va a vivir el mismo ya
que ese mismo día le puede dar un infarto y morir o puede ser asesinado
en un asalto. |