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Las
preparaciones vacunales y toxoides también contienen otros
constituyentes en un intento de aumentar la inmuno-genicidad y estabilidad,
pero que también puede ser responsables de reacciones adversas.
Las vacunas vivas atenuadas tienen la ventaja de producir una respuesta
inmunológica compleja simulando la infección natural.
Las vacunas de antígenos inactivados o purificados inducen
respuesta únicamente a aquellos componentes presentes en
la vacuna.
El desarrollo de una respuesta inmune generalmente requiere la interacción
de linfocitos T con células procesadoras y presentadoras
de antígenos.
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Las preparaciones vacunales y toxoides también
contienen otros constituyentes en un intento de aumentar la inmunogenicidad
y estabilidad, pero que también pueden ser responsables de reacciones
adversas.1 Éstas incluyen:
- Líquido de suspensión, que pueden ser líquidos salinos o
complejos que contienen constituyentes derivados de sistemas
biológicos o medios en los cuales se produce la vacuna.
- Preservadores, estabilizadores y antibióticos, usados para
inhibir el crecimiento bacteriano en cultivos virales o el producto
final o para estabilizar antígenos.
- Adyuvantes, que aumentan la respuesta a los antígenos inactivados
(aluminio, hidróxido o fosfato), o sea, que incrementan su capacidad
para producir una respuesta inmunológica.
Las vacunas con adyuvantes deben administrarse
por vía intramuscular profunda; la inyección subcutánea o intradérmica
puede producir inflamación local, formación de granuloma, o necrosis.
Los médicos deben estar al tanto de los constituyentes de cada vacuna
descritos en los paquetes.
TIPOS DE VACUNAS
Bases inmunológicas de la respuesta a las vacunas
Las vacunas vivas atenuadas tienen la ventaja de producir una respuesta
inmunológica compleja simulando la infección natural. Debido a que
la replicación del organismo y el procesamiento de antígenos semeja
la del organismo natural, tanto las respuestas humoral como la mediada
por células pueden generarse para una variedad de antígenos.
Generalmente, la inmunidad inducida por una dosis
de vacunas vivas atenuadas es de larga duración, posiblemente de
por vida. La inducción de inmunidad por vacunas vivas puede ser
inhibida por anticuerpos pasivos, ya sea por la adquisición transplacentaria
de la madre o por recibir productos sanguíneos que contengan inmunoglobulinas;
por lo tanto, asegurar una respuesta óptima
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depende
de asegurarse de que los anticuerpos pasivos hayan declinado. Además,
debido a que la respuesta puede ser sólo de 90 a 95% después de
una sola dosis, puede ser necesario un régimen de dos dosis para
inducir niveles más elevados de protección en los niños o múltiples
dosis para inducir esta respuesta a nivel de la comunidad y prevenir
la diseminación de la enfermedad en la población expuesta.2
Las vacunas de antígenos inactivados o purificados
inducen respuesta únicamente a aquellos componentes presentes en
la vacuna. Generalmente, son necesarias dosis múltiples, usualmente
tres o más, para inducir niveles de anticuerpos satisfactorios que
persistan por periodos largos; las dosis de refuerzo a intervalos
más amplios (diez o más años) son necesarias para asegurar una protección
duradera.
La naturaleza de la respuesta depende del tipo
de antígeno: la proteína (y glicoproteína) induce usualmente tanto
respuesta humoral como de memoria (células T-cooperadoras) después
de múltiples dosis, evidenciada por una respuesta más rápida e intensa
con enfrentamientos antigénicos repetidos. Puede por conjugación
de polisacáridos acarreadores proteicos inducir una respuesta inmune
más fuerte en niños más jóvenes, así como también memoria inmunológica.2
RESPUESTA INMUNE A LA INMUNIZACIÓN
ACTIVA
El desarrollo de una respuesta inmune generalmente requiere la interacción
de linfocitos T con células procesadoras y presentadoras de antígenos
(dendríticas o macrófagos).3-6
Ciertos tipos de antígenos (timo-independientes por ejemplo) pueden
iniciar la producción de anticuerpos por las células B sin la ayuda
de las células T, pero fallan en inducir una memoria inmunológica.
La inmunidad mediada por células T es inducida
después de la captura del antígeno por los fagocitos mononucleares
o células dendríticas, que pueden aumentar con el uso de un adyuvante,
seguido por el procesamiento y presentación del antígeno, en asociación
con antígenos del complejo mayor de histocompatibilidad (MHC), a
células T-cooperadoras.
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