Las células T reconocen los antígenos polipeptídicos,
presentados en asociación con moléculas MHC específicas; el tipo
de molécula MHC con la cual se presenta el antígeno por las células
procesadoras depende de la fuente y procesamiento del polipéptido.
Los antígenos inactivados, absorbidos en vacuolas, son procesados
y presentados con los antígenos MHC-2; los antígenos de vacunas
vivas atenuadas, producidos en las células, son procesados en microtúbulos
y presentados con antígenos MHC-1. La presentación a las células
T resulta en la secreción de mediadores inmunes (citocinas) que
pueden estimular la maduración de nuevas células T y la comunicación
entre leucocitos (interleucinas) para regular la respuesta inmune.6-8
Dependiendo de la presentación del antígeno y su MHC, los
linfocitos T se diferencian en células T-cooperadoras tipo 1 (Th1),
estimuladas por el antígeno asociado (MHC-1), que median la respuesta
inmunológica mediada por células, o células T-cooperadoras tipo
2 (Th2), estimuladas por el antígeno asociado 2 (MHC-2), que asiste
a las células B en desarrollar la producción de anticuerpos (Fig.
1).
Los anticuerpos producidos en respuesta a la
inmunización pueden funcionar de muchas maneras: 1) neutralización
directa de la toxina; 2) opsonización (neutralización) del organismo;
3) iniciando o combinándose con la vía del complemento para lisar
el organismo o promover la fagocitosis; 4) reaccionando con linfocitos
no sensibilizados para promover la fagocitosis. Los mecanismos pueden
ocurrir simultáneamente con las respuestas mediadas por células.
Determinantes de la respuesta
Los determinantes de la inmunogenicidad y respuesta a la vacuna,
incluyen las características de la vacuna y del hospedero. Las dosis
vacunales deben ajustarse antes de su aplicación para asegurar un
alto nivel de respuesta con una dosis más baja de antígeno inactivado.
La ruta de administración: intradérmica, subcutánea, intramuscular,
o mucosa, puede determinar la fuerza y naturaleza de la respuesta
inmune.
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La administración en mucosas (intranasal u oral) estimula niveles
más elevados de inmunidad (anticuerpo IgA), que pueden inhibir la
transmisión de la enfermedad con mayor efectividad que la administración
parenteral, que induce una respuesta limitada o nula.9
La inyección intramuscular debe administrarse
en la parte anterior del muslo (infantes), o deltoides (niños mayores
y adultos); la inyección en los glúteos produce una baja respuesta,
probablemente debido a la liberación de la vacuna al tejido adiposo.1
El tiempo de administración de la dosis de vacuna es importante:
un intervalo mínimo de un mes entre las primeras dosis.
Los factores intrínsecos que afectan la respuesta
inmune incluyen factores genéticos (polimorfismo del MHC), edad,
estado nutricional o de enfermedad (inmunodeficiencia o compromiso
inmune), sexo, embarazo y tabaquismo. La edad es un factor importante
en la respuesta a la inmunización. Con vacunas muertas, los recién
nacidos generalmente no desarrollan una respuesta fuerte como los
niños mayores, y con ciertas vacunas, la inmunización temprana puede
resultar en respuesta más pobre o desarrollo de tolerancia.10
Para las vacunas vivas (y algunas muertas), la
inhibición de la respuesta por anticuerpos maternos determina el
tiempo óptimo para la vacunación en la niñez temprana.
Generalmente, la respuesta a todas las vacunas
disminuye según aumenta la edad; el tabaquismo reduce la respuesta
a muchos antígenos y puede aumentar el riesgo de no responder cuando
otros factores estén presentes.10
La debilidad extrema, los desórdenes de inmunodeficiencia adquirida
o aguda, enfermedades o tratamientos que causan inmunosupresión,
y algunas enfermedades crónicas pueden disminuir la respuesta inmune.
Para personas con tales condiciones, se recomiendan
las vacunas inactivadas a pesar de que su efectividad es más baja
y pueden requerir de dosis más elevadas o más frecuentes; las vacunas
vivas son frecuentemente contraindicadas debido al riesgo de enfermedad
diseminada y posible muerte debido al organismo vacunal.11
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Los
anticuerpos producidos en respuesta a la inmunización pueden
funcionar de muchas maneras.
Los factores intrínsecos que afectan la respuesta inmune incluyen
factores genéticos, edad, estado nutricional o de enfermedad,
sexo, embarazo y tabaquismo. |