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La
prevención primaria tiene lugar durante la fase prepatogénica
de la historia natural de la enfermedad, mediante la promoción
de la salud y la protección específica.
La inmunidad específica es uno de los principales componentes
de la resistencia a las enfermedades infecciosas; es un estado de
respuesta alterada a una substancia específica adquirida
por inmunización o infección natural.
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Las enfermedades infecciosas
son resultado de la interacción del agente, el huésped y el medio
ambiente; este proceso está integrado por los siguientes seis componentes
a los que se ha denominado “cadena de infección”: agente causal,
reservorio del agente, puerta de salida del agente al huésped, modo
de transmisión del agente al nuevo huésped, puerta de entrada dentro
del nuevo huésped y huésped susceptible.
En el concepto de Leavell y Clark, la medicina
preventiva es la ciencia y el arte de prevenir las enfermedades,
prolongar la vida, promover la salud y eficiencia física y mental,
ejercida con el fin de interceptar las enfermedades en cualquier
fase de su evolución en los tres niveles de acción preventiva que
describen:
- En la prevención primaria, tiene lugar durante la fase prepatogénica
de la historia natural de la enfermedad, mediante la promoción
de la salud y la protección específica.
- En la prevención secundaria, deteniendo la progresión de
los procesos patológicos mediante el diagnóstico temprano y
el tratamiento oportuno; y,
- En la prevención terciaria, tratando de limitar las secuelas
o rehabilitar a las personas ya inválidas.
La inmunidad determina que una persona contraiga
una infección, desarrolle una enfermedad o no presente ninguna de
ellas. La protección contra una enfermedad o sea la inmunidad, es
relativa; las personas no están protegidas permanentemente en cualquier
circunstancia. La susceptibilidad a la enfermedad depende de la
concentración y la virulencia del germen infectante, así como la
resistencia de la persona.
Una persona puede ser resistente a la infección
si la dosis del patógeno es pequeña o de virulencia moderada. Al
exponerse a una gran concentración de microorganismos o a microorganismos
de alta virulencia su resistencia puede fallar
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y
entonces contraerá la enfermedad.
La inmunidad específica es uno de los principales
componentes de la resistencia a las enfermedades infecciosas; es
un estado de respuesta alterada a una substancia específica adquirida
por inmunización o infección natural.
La exposición a una enfermedad infecciosa puede
proporcionar a las personas inmunidad total o parcial, permanente
o temporal. La inmunidad puede ser inducida artificialmente, mediante
inmunización activa o pasiva.
La inmunización es el proceso de inducir artificialmente
inmunidad o proporcionar protección de la enfermedad. La inmunización
activa contra difteria, tétanos y tos ferina ha sido una práctica
primordial de salud pública durante muchas décadas. Estos son ejemplos
de inmunización activa en los que el microorganismo alterado o su
producto (antígeno) induce al organismo humano a producir anticuerpos
contra determinada enfermedad y otras respuestas inmunes a través
de la administración de una vacuna o toxoide.
La inmunidad tiene una duración que depende del
antígeno y del individuo. La inmunidad producida por inmunización
activa generalmente es de larga duración, como en los ejemplos mencionados
previamente.
La inmunidad pasiva es temporal y dura apenas
unas semanas. Es la protección que se brinda a través de anticuerpos
protectores producidos por otro huésped que también pueden ser introducidos
en una persona susceptible. La inmunización pasiva proporciona a
las personas un suero con anticuerpos que previenen o curan enfermedades
infecciosas.
También se puede adquirir de manera congénita,
cuando los anticuerpos son transmitidos por una madre inmune a su
hijo, como sucede con la poliomielitis y la difteria. Su duración
es un poco mayor que la protección obtenida por la introducción
de un suero.
La quimioprofilaxis es la prevención de la enfermedad
a través de la administración de un fármaco.
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