PAC INFECTO-1 A2

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Bacterias copatógenas como S. aureus, M catarrhalis, H. influenzae y H. para-influenzae, pueden inactivar a los fármacos beta-lactámicos como la penicilina a través de enzimas impidiendo su acción sobre el estreptococo y evitando así su erradicación.

Los pacientes con historia de fiebre reumática bien documentada deben recibir profilaxis antimicro-biana continua ya que ello puede prevenir ataques recurrentes.

Existe una gran controversia entre la comunidad médica sobre las indicaciones exactas de la amigda-lectomía en niños.
La capacidad de estos microorganismos para proteger bacterias como el estreptococo ha sido demostrada tanto in vivo como in vitro; por ejemplo cuando se mezcla con cultivo de Bacteroides fragilis el estreptococo aumenta su resistencia a la penicilina más de 8500 veces. Por último aunque menos probable se debe considerar la posibilidad de resistencia natural del microorganismo a los antibióticos empleados; no obstante este último punto no debe ser la justificante principal para que el médico tratante empiece a utilizar injustificadamente antibióticos de amplio espectro cuyo costo y efectos colaterales son mayores; por lo que ante cualquier falla al tratamiento deberán tenerse en mente estas tres posibilidades y analizarlas cuidadosamente para buscar las alternativas terapéuticas más apropiadas.
   Los pacientes con historia de fiebre reumática bien documentada deben recibir profilaxis antimicrobiana continua ya que ello puede prevenir ataques recurrentes. Por otra parte los pacientes con daño cardiaco valvular secundario a la fiebre reumática también deben recibir tratamiento profiláctico, ya que con mayor frecuencia que la población normal pueden desarrollar endocarditis bacteriana, sobre todo cuando son sometidos a procedimientos quirúrgicos o dentales.

Tratamiento quirúrgico
La amigdalectomía y adenoidectomía son dos de los procedimientos quirúrgicos más antiguos que aún se practican en la actualidad; desde 1867 Waise mencionó que en la India los cirujanos eran diestros en la amigdalectomía aproximadamente 1000 años A.C. En EUA hasta hace pocos años se practicaban más de 1.5 millones de amigdalectomías y adenoidectomías al año, siendo dos de los procedimientos quirúrgicos que se realizan con mayor frecuencia.44 Sin embargo estos procedimientos pueden acompañarse de complicaciones que pueden incluso llevar a la muerte al paciente, por lo que deben ser practicados sólo por aquellos médicos adiestrados en las técnicas necesarias; asimismo deberán
realizarse sólo cuando existan indicaciones precisas.
   Si bien existe una gran controversia entre la comunidad médica sobre las indicaciones exactas de la amigdalectomía en niños, en general se han reconocido como indicaciones absolutas las siguientes: 1) Hipertrofia masiva de amígdalas, adenoides o ambas que causa disfagia y pérdida de peso; molestias extremas al respirar que conduce a hipoventilación o cor pulmonale. 2) Absceso faríngeo o periamigdalino y 3) Cuando existe crecimiento asimétrico y se sospecha de un tumor maligno. Además de las indicaciones absolutas, existen indicaciones relativas por las que puede justificarse una amigdalectomía; entre las que se aceptan más ampliamente se incluyen las siguientes: 1) Accesos recurrentes probados de amigdalitis: por lo menos tres episodios por año que se hayan repetido durante tres años; cinco episodios por año durante dos años o siete episodios en un solo año. 2) Amigdalitis crónica con duración mínima de seis meses que persiste a pesar de terapia antibiótica apropiada. 3) Síntomas obstructivos que no representan una urgencia si las amígdalas son muy grandes como: respiración por la boca con o sin episodios de apnea obstructiva y la voz de “papa caliente” en un niño de por lo menos seis años de edad.
   En el caso de la adenoidectomía las indicaciones también son controversiales pero se aceptan en general las siguientes: 1) Hipertrofia adenoidea que causa obstrucción nasal persistente manifestada por respiración bucal o ruidosa con o sin episodios de apnea obstructiva y lenguaje hiponasal; además debe acompañarse de evidencia radiológica de hipertrofia adenoidea y descartarse un proceso alérgico como la etiología. 2) Sinusitis o nasofaringitis crónica acompañada por evidencia clínica y radiológica de hipertrofia adenoidea, que persiste a pesar de adecuada terapia antimicrobiana y no es debida a alergia. 3) Otitis media supurativa y aguda recurrente a pesar de terapia antiinfecciosa adecuada y a pesar de que previamente se haya llevado a cabo una miringotomía o se hayan insertado tubos de timpanostomía.

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