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La
fiebre reumática es una enfermedad que se caracteriza por
una gran variabilidad en sus manifesta-ciones clínicas, a
pesar de estar condicionada por un solo agente etiológico.
Cuando se haya establecido el diagnóstico de fiebre reumática,
deberá continuarse con un seguimiento apropiado, para identificar
temprana-mente y tratar de prevenir las complica-ciones.
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En un estudio realizado por Zabriskie se encontró mediante un anticuerpo
monoclonal, originalmente identificado por Patarroyo, un marcador
en los linfocitos B de los pacientes con fiebre reumática.45
Este marcador denominado convencionalmente D8/17 se encuentra en
80 a 100% de los pacientes con la enfermedad y sólo en 15% de los
niños o adultos sanos. En el Hospital Infantil de México “Federico
Gómez” Rodríguez y col. estudiaron 33 pacientes con fiebre reumática
aguda encontrando la presencia del marcador D8/17 en 81.8% de ellos,
mientras que no se encontró en 18 pacientes con otros padecimientos.46
La fiebre reumática es una enfermedad que se caracteriza
por una gran variabilidad en sus manifestaciones clínicas, a pesar
de estar condicionada por un solo agente etiológico. Esta diversidad
clínica depende de los sitios afectados (órganos blanco) los cuales
pueden afectarse en forma aislada o también pueden verse diversas
combinaciones. No hay signo o síntoma que pueda considerarse patognomónico
para establecer el diagnóstico de fiebre reumática; no obstante
existen criterios bien definidos llamados criterios de Jones los
cuales tratan de evitar al máximo el exceso en el diagnóstico de
esta enfermedad. Aunque debe recordarse que existen pacientes que
reunen los criterios antes mencionados y no padecen la enfermedad.
Cuando se haya establecido el diagnóstico de fiebre
reumática, deberá continuarse con un seguimiento apropiado, para
identificar tempranamente y tratar de prevenir las complicaciones
del padecimiento como lo es la afección de válvulas cardiacas a
través de un adecuado programa de profilaxis. Estudios epidemiológicos
sugieren la asociación entre ciertos serotipos de estreptococos
y fiebre reumática; estos serotipos son principalmente el 1, 3,
5, 6, 18, 19 y 24.
CONCLUSIONES
La faringoamigdalitis es un síndrome
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inflamatorio
producido por una gran cantidad de agentes patógenos, es la segunda
infección más común de las vías respiratorias altas superada únicamente
por el resfriado común. Con frecuencia es sobrediagnosticada por
lo que el abuso en el tratamiento con agentes antimicrobianos es
la regla. Si bien los agentes capaces de producir la infección son
múltiples, en la práctica clínica es importante distinguir las infecciones
causadas por Streptococcus beta-hemolítico del grupo
A de las producidas por los otros microorganismos, ya que este agente
es capaz de producir complicaciones graves que pueden poner en peligro
la vida del paciente, como son la meningitis, endocarditis, sepsis
y síndrome de choque tóxico. Además es importante establecer el
diagnóstico microbiológico porque también se pueden presentar otro
tipo de complicaciones incapacitantes como son la fiebre reumática
y la glomerulonefritis. Con la reaparición de la fiebre reumática
en algunos países industrializados y la persistencia de la misma
en países en vías de desarrollo, debemos ser más estrictos al momento
de abordar un posible caso de faringoamigdalitis estreptocócica
ya que desconocemos que pacientes son los que desarrollarán esta
complicación; por lo que cada caso debe abordarse como si ese paciente
que tenemos frente a nosotros fuese el posible candidato a desarrollar
la enfermedad.
El tratamiento tradicional a lo largo de los años
ha sido la penicilina, con la cual se han obtenido buenos resultados;
en el caso de pacientes alérgicos a la penicilina, la eritromicina
es una alternativa segura y eficaz, no obstante su administración
se acompaña de molestias abdominales como náusea y vómito. En caso
de falla al tratamiento deberán investigarse las posibles razones
como son falta de cumplimiento terapéutico, inactivación de la penicilina
por las enzimas producidas por agentes copatógenos y la remota posibilidad
de resistencia natural a los antimicrobianos empleados.
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