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Si
bien es cierto que menos de una tercera parte de los pacientes con
OMA pueden requerir antibióticos para resolver su cuadro
clínico, el médico tratante difícilmente puede
saber que pacientes requerirán de tal tratamiento para resolver
la infección.
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Cuando se encuentra líquido en el oído medio o presión negativa
elevada se obstaculiza la movilidad de la membrana timpánica. En
algunas ocasiones la membrana se encuentra retraída como consecuencia
de aumento en la presión negativa del oído medio; cuando dicha retracción
es extrema se denomina «atelectasia de la membrana timpánica».
Otra forma de evaluar las condiciones del oído
medio es mediante la timpanometría con puente electroacústico de
impedancia, la cuál registra la distensibilidad de la membrana y
la presión del oído medio. Con esta técnica al igual que con la
otoscopía neumática se puede tener una evidencia más objetiva de
las condiciones del oído medio y la presencia o ausencia de líquido.63,93
No obstante el no contar con estos recursos no es justificación
para realizar una exploración incompleta del oído.
TRATAMIENTO
Si bien algunos investigadores han cuestionado la utilización de
antimicrobianos para el tratamiento de la OMA;94,95
diversos estudios metanalíticos han concluido que tal tratamiento
es necesario, ya que con la utilización de antibióticos se ha disminuido
el número de complicaciones supuradas tanto a nivel local (mastoiditis)
como intracraneanas (meningitis, absceso cerebral etc.); asimismo
diversos investigadores han encontrado que dicho tratamiento acorta
la duración de la sintomatología como el dolor y la fiebre.47,96
Si bien es cierto que menos de una tercera parte
de los pacientes con OMA pueden requerir antibióticos para resolver
su cuadro clínico, el médico tratante difícilmente puede saber que
pacientes requerirán de tal tratamiento para resolver la infección
por lo que se sugiere dar tratamiento a todos los pacientes con
diagnóstico de OMA.97
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Los
antibióticos preferidos a través de los años han sido ampicilina
o amoxicilina ya que son relativamente baratos y son activos contra
la mayoría de los agentes involucrados; no obstante el incremento
en la producción de beta-lactamasas por parte de tales agentes puede
estar involucrado en una disminución en la eficacia terapéutica,98,99
por lo que se han empleado alternativas como ampicilina + clavulanato,
roxitromicina, trimetoprim-sulfametoxazol (TMP-SMZ), eritromicina-sulfisoxazol,
así como las cefalosporinas de diversas generaciones (Cuadro
10). Si bien no se han encontrado diferencias importantes entre
los tratamientos tradicionales y los actuales manejos con antibióticos
de amplio espectro en cuanto a la resolución de la sintomatología,
si se ha visto incrementada la eficacia bacteriológica; sin embargo
dicha «cura bacteriológica» no necesariamente se correlaciona con
un adecuado control clínico.
Dado que independientemente del tratamiento antibiótico
seleccionado no hay diferencias en cuanto a la resolución de los
síntomas en la fase aguda, ni se acorta la duración de un derrame
de líquido en el oído medio, la terapia inicial debe ser seleccionada
en base a seguridad, tolerabilidad y disponibilidad de los antimicrobianos
y no nada más por la ventaja teórica de un espectro antimicrobiano
ampliado.
Una adecuada evolución clínica habitualmente es
observada dentro de las siguientes 48 a 72 horas; no obstante una
evolución inadecuada puede presentarse cuando el microorganismo
involucrado no está siendo adecuadamente cubierto o bien cuando
una complicación se ha presentado. En estas situaciones al igual
que en otras está indicado realizar una timpanocentesis, la cuál
no sólo ayudará a mejorar la sintomatología sino que puede identificar
el potencial agente involucrado (Cuadro
11).
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