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En
modelos animales también se ha llevado a cabo una evaluación
de los métodos diagnósticos por imagen; en los primeros
experimentos el galio-67 mostró ser muy promisorio, mientras
que el pirofosfato de tecnecio-99 no mostró ser superior
a las radiografías convencionales.
El hueso normal es altamente resistente a la infección, la
cual solamente ocurre cuando existe un inóculo bacteriano
grande, un traumatismo o la presencia de cuerpos extraños.
Las infecciones del hueso, cartílago, prótesis o tejidos
blandos relacionados tienen como características: 1) una
colonización bacteriana inicial que facilitará la
adherencia de los microorganismos, 2) un substrato de hueso, biometales
o tejido dañado, 3) condiciones que establecen resistencia
a los mecanismos de defensa del hospedero y a los antibióticos,
4) la presencia de bacterias específicas.
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Con
estas observaciones se pudo demostrar, en un modelo en ratas, que
el ácido araquidónico a dosis pequeñas (250 ng) era muy efectivo
para facilitar el desarrollo de la infección. Un análisis de regresión
linear múltiple mostró que la reabsorción ósea en el sitio de la
infección variaba de manera directamente proporcional a la cantidad
instilada de ácido araquidónico antes de la inoculación bacteriana.
Mediante los modelos animales se ha estudiado
el papel que el sinergismo bacteriano juega en el desarrollo de
las infecciones osteoarticulares. De manera aislada se inoculó S.
aureus, la dosis infectante media (DI-50) fue de 10 x 2.7 bacterias
y la DI-100 fue de 10 x 4.4. Cuando a este inóculo se agregó Bacteroides
fragilis, existió una acción sinérgica. Cantidades tan pequeñas
como 20 a 200 bacterias de S. aureus fueron inoculadas en
combinación con B. fragilis; a los 21 días todos los huesos
estuvieron infectados con estafilococos. De manera contraria, un
incremento en la cantidad de estafilococos inoculados no incrementó
la infección por B. fragilis, ni aumentó el número de unidades
formadoras de colonias de B. fragilis recuperadas del hueso
infectado.
En modelos animales también se ha llevado a cabo
una evaluación de los métodos diagnósticos por imagen; en los primeros
experimentos el galio-67 mostró ser muy promisorio, mientras que
el pirofosfato de tecnecio-99 no mostró ser superior a las radiografías
convencionales; con ambos radiofármacos los datos positivos de la
infección se observaron hasta después de dos semanas de la inoculación.
En la comparación hecha entre los estudios gammagráficos con leucocitos
marcados con indio-111 contra tecnecio-99, se observó que, en 15
de 18 conejos la prueba con leucocitos marcados con indio-111 fue
positiva a la semana de la inoculación, mientras que con el tecnecio-99
la prueba sólo fue positiva en cuatro de los 18 animales utilizados.
Finalmente, los estudios
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iniciales
sobre la distribución de los antibióticos en el hueso normal y en
hueso infectado, se realizó en perros. Los betalactámicos se distribuyen
en el espacio intersticial del hueso normal, habiendo un aumento
de este espacio en los huesos infectados. Se mostró que la distribución
de los antibióticos se incrementaba proporcionalmente a los niveles
séricos de los mismos. Así como los modelos animales mostraron la
dificultad para infectar un hueso normal, sin la presencia de un
cuerpo extraño, fractura o un inóculo bacteriano grande, estos estudios
también mostraron la resistencia del hueso infectado a la mayoría
de los tratamientos antimicrobianos. En conejos se demostró que
la clindamicina tenía un efecto en el glicocálix de las bacterias,
funcionando bien en los casos de osteomielitis en estos animales
así como en perros. El modelo de osteomielitis por Pseudomonas
aeruginosa en conejos mostró ser menos destructivo que la infección
ocasionada por S. aureus; no obstante, en infecciones por
Pseudomonas aeruginosa la utilización de un solo agente antimicrobiano
suele fracasar, por lo que debe establecerse un tratamiento con
dos antibióticos; la combinación de una quinolona más un aminoglucósido
generalmente esterilizaron el hueso después de cuatro semanas de
tratamiento.
PATOGÉNESIS
El hueso normal es altamente resistente a la infección, la cual
solamente ocurre cuando existe un inóculo bacteriano grande, un
traumatismo o la presencia de cuerpos extraños. Esta es una enfermedad,
en la que el mecanismo aislado más importante en su patogénesis,
es la capacidad de las bacterias para adherirse al substrato de
hueso; esta característica patogénica lleva a que la osteomielitis
sea una infección difícil de curar. Las infecciones del hueso, cartílago,
prótesis o tejidos blandos relacionados tienen como características:
1) una colonización bacteriana inicial que facilitará
la adherencia de los microorganismos,
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