PAC INFECTO-1 A3

Contenido | Anterior | Siguiente

Aunque los nuevos procedimientos reconstructivos pueden restablecer la función de la extremidad afectada, estos están contraindicados en presencia de infección. De esta manera, prevenir las infecciones esqueléticas postoperatorias y erradicarlas de manera pronta cuando aparecen, deben ser objetivos primarios de los cirujanos ortopedistas.
   La frecuencia de infecciones postoperatorias del sistema esquelético, no es bien conocida en nuestro país. En un estudio prospectivo de infecciones postoperatorias, llevado a cabo en los Estados Unidos por la Academia Nacional de Ciencias, sólo se incluyeron 692 procedimientos ortopédicos de 15 613 operaciones estudiadas; en los casos de cirugía ortopédica se encontró alguna complicación infecciosa en 8% de las cirugías realizadas. Siempre deberá de considerarse por separado la incidencia de infecciones de acuerdo a si correspondió a una intervención electiva o a una cirugía de urgencia postraumática. Estudios de cirugías ortopédicas electivas han mostrado una incidencia de infecciones postoperatorias cercana a 6%. La anatomía regional y el tipo de operación efectuada también influyen en la frecuencia de infecciones. En las intervenciones de mano, el rico flujo sanguíneo regional, influye en que haya una baja incidencia de infecciones postoperatorias; por el contrario se han informado incidencias de infecciones postoperatorias de 5% a 17% en intervenciones de reemplazo total de cadera.
  En la reconstrucción de fracturas, cuando éstas se dividen en cerradas y expuestas, se observa que en las segundas la incidencia de infección postoperatoria es cuatros veces mayor a la reducción de fracturas cerradas. Tal diferencia refleja la contaminación de tejidos desvitalizados por microorganismos del suelo y del agua; en casi todas estas infecciones se descubren bacilos Gram negativos solos o en cultivos mixtos. La causa de la infección después de fracturas cerradas es similar a la de infecciones consecutivas a reconstrucción electiva. El cuadro clínico de infecciones consecutivas a operaciones del sistema esquelético varía según el procedimiento realizado.
   En adultos después de cirugías electivas de reconstrucción ósea, las infecciones se presentan dentro de las dos primeras semanas de postoperatorio, si no se emplearon cuerpos extraños ni antibióticos profilácticos. Estas infecciones se manifiestan por fiebre en picos, dolor en el sitio operado, aumento de volumen y una zona de eritema que paulatinamente se va incrementando. En un inicio hay drenaje seroso o serohemático, para después existir una secreción franca de pus. Debido a que los leucocitos y la velocidad de sedimentación globular se encuentran elevados desde la realización de la cirugía mayor, no tienen valor diagnóstico en la infección postquirúrgica; de igual manera, las radiografías y los estudios de gammagrafía solo reflejan los cambios operatorios; por estos motivos el diagnóstico se basa principalmente en los datos clínicos y la exploración física.

MANIFESTACIONES CLÍNICAS


El término de osteomielitis aguda se utiliza para designar una infección ósea de nuevo diagnóstico cuya evolución es menor a diez días. En los pacientes con infección aguda generalmente hay dolor leve pero sólo 30% presenta fiebre. En los casos de osteomielitis crónica la evolución puede ser de meses e incluso de años, caracterizándose por un grado bajo de inflamación, presencia de pus, secuestros, involucro de los tejidos blandos circundantes y en ocasiones la presencia de fístulas.
    La osteomielitis hematógena en niños se caracteriza por la aparición repentina de dolor de intensidad progresiva y fiebre. El paciente presenta letargia, deshidratación e irritación. En una etapa temprana de la infección, la ausencia de signos locales de inflamación puede ser desorientadora; el único signo clínico puede ser cojera o limitación en el uso de la extremidad afectada. En niños pequeños, la pseudoparálisis puede ser el primer signo. Una exploración minuciosa revela que las articulaciones adyacentes se encuentran flexionadas y los músculos de la región se encuentran contracturados. Si se explora con suavidad, puede demostrarse movilidad pasiva de las articulaciones, signo importante para establecer una diferencia entre osteomielitis y artritis séptica.
El antecedentes de una infección previa, de una recaída o de una infección no tratada son considerados como datos de osteomielitis crónica. Los signos clínicos que persisten por más de diez días se correlacionan con el desarrollo de necrosis y con infección crónica.


La osteomielitis hematógena en niños se caracteriza por la aparición repentina de dolor de intensidad progresiva y fiebre. El paciente presenta letargia, deshidratación e irritación.

Contenido | Anterior | Siguiente

Copyright © 2005 Dr. Scope. Derechos Reservados.
Diseño y Programación: Educación Médica Contínua