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La
espondilitis tuberculosa es la forma más frecuente de tuberculosis
ósea, sin embargo puede estar afectado cualquier hueso o
articulación.
La espondilitis tuberculosa se caracteriza por una evolución
insidiosa, por lo que cuando se diagnostica, las lesiones óseas
se encuentran en una fase avanzada.
Es común que exista xifosis, formación de gibas, calcificaciones,
colapso de las vértebras y abscesos del psoas o paravertebrales.
En los pacientes con tuberculosis ósea los estudios radiográficos
no son diagnósticos; en ellos se observa una amplia gama
de alteraciones, desde edema de tejidos blandos hasta destrucción
del hueso.
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En
todos los tipos de osteomielitis, por lo prolongado del tratamiento,
puede intentarse el tratamiento domiciliario del paciente, para
lo cual se requiere de la participación de los familiares del paciente
o bien de personal paramédico para atención a domicilio del enfermo,
los que deben estar capacitados para realizar las curaciones requeridas
y el manejo adecuado de catéteres intravenosos para la administración
de antibióticos.
En el manejo de la osteomielitis vertebral es
necesario el reposo en cama, la deambulación podrá reiniciarse cuando
exista estabilidad de la columna y el dolor haya disminuido. Si
es que existe inestabilidad significativa de la columna, deberán
colocarse artefactos de inmovilización. En caso de ocurrir afección
de la médula espinal, manifestada por la existencia de algún déficit
neurológico, se deberá llevar cabo descompresión quirúrgica de la
médula.
OSTEOMIELITIS DE ETIOLOGÍA NO PIÓGENA
Tuberculosis
La espondilitis tuberculosa es la forma más frecuente de tuberculosis
ósea, sin embargo puede estar afectado cualquier hueso o articulación;
la cadera, rodilla y los tendones de la manos son los sitios extravertebrales
más comúnmente afectados por Mycobacterium tuberculosis.
En la enfermedad extravertebral, la impresión clínica común es similar
a la de una enfermedad articular degenerativa. La espondilitis tuberculosa
se caracteriza por una evolución insidiosa, por lo que cuando se
diagnostica, las lesiones óseas se encuentran en una fase avanzada,
en la que suele observarse mayor esclerosis de las vértebras que
en los casos de osteomielitis vertebral piógena. Es común que exista
xifosis, formación de gibas, calcificaciones, colapso de las vértebras
y abscesos del psoas o paravertebrales. No obstante, la apariencia
de las lesiones vertebrales en la radiografía de columna puede ser
indistinguible de una infección piógena. Los segmentos de la columna
vertebral que se encuentran con mayor frecuencia afectados son los
torácicos
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inferiores o toracolumbares.
La mayoría de pacientes no presentan infección
pulmonar concomitante. En los casos de espondilitis tuberculosa,
alguna manifestación neurológica a nivel de las extremidades se
presenta de 14% hasta 27% de los pacientes, siendo las manifestaciones
desde paresias hasta parálisis; el tipo y localización del defecto
neurológico dependerá del sitio y extensión de la afección de la
columna. La inestabilidad de la columna, un absceso epidural o la
formación de un granuloma pueden ocasionar paraplejía. Otras causas
de déficits neurológicos están relacionadas a un daño directo de
la médula espinal, a una aracnoiditis local o a trombosis de la
arteria espinal. La progresión de las manifestaciones neurológicas
suele ser más lenta que en los casos de infección piógena.
En los pacientes con tuberculosis ósea los estudios
radiográficos no son diagnósticos; en ellos se observa una amplia
gama de alteraciones, desde edema de tejidos blandos hasta destrucción
del hueso; si hay destrucción ósea, el área radiolúcida está rodeada
de hueso esclerótico y hay formación de hueso nuevo subperióstico.
En estos pacientes la prueba cutánea del PPD (derivado proteico
purificado de la tuberculina) generalmente tiene el resultado de
una induración superior a 10 mm de diámetro. La velocidad de sedimentación
globular habitualmente es normal. El diagnóstico definitivo se logra
mediante la toma de tejido óseo, ya sea por biopsia a cielo abierto
o por biopsia por punción, para estudio microbiológico e histopatológico.
Una tinción de Ziehl-Nielsen positiva para bacilos ácido-alcohol
resistentes (BAAR) puede ser diagnóstica, así como los hallazgos
histopatológicos de granulomas con necrosis caseosa y células gigantes
de Langerhans; no obstante, el diagnóstico final se logra con el
aislamiento de Mycobacterium tuberculosis; en este momento
lograr el aislamiento microbiológico es importante debido a la necesidad
de contar con la sensibilidad antimicrobiana de la bacteria y así
descartar casos de tuberculosis multirresistente.
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