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En
los pacientes con prótesis la complicación más
importante es la necesidad de retirar la misma y por lo tanto el
fracaso del tratamiento por el cual se indicó la prótesis
articular u ósea.
Entre 5 y 10% de los pacientes afectados por una osteomielitis vertebral
se han observado secuelas neurológicas permanentes.
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De la formación y extensión de un absceso en el espacio epidural
generalmente resulta paraplejía; en estos casos el diagnóstico habitualmente
se realizó de manera tardía. En algunos pacientes se ha identificado
paresia o dolor neuronal de una sola extremidad. Meningitis es una
secuela observada con baja frecuencia. La formación de abscesos
epidurales o paravertebral y la presencia de alteraciones neurológicas
permanentes es significativamente más frecuente en individuos diabéticos,
mientras que entre los usuarios de drogas intravenosas el desarrollo
de secuelas neurológicas es un evento raro. La formación de grandes
abscesos subcutáneos o intramusculares ha sido observada entre pacientes
con trastornos sensoriales previos, así como en pacientes con lesión
de médula espinal.
CONCLUSIONES
La osteomielitis es una infección cuyo riesgo principal es la cronicidad
con afección de la función. El diagnóstico temprano y un tratamiento
médico-quirúrgico enérgico por un tiempo suficiente es la base para
asegurar la curación y disminuir el número de recurrencias. El tratamiento
de los pacientes es multidisciplinario en el que deben participar
clínicos, ortopedistas, cirujanos plásticos y en ocasiones cirujanos
vasculares. En relación a la infección secundaria a la colocación
de prótesis, los nuevos materiales sintéticos para la reconstrucción
deben de contener propiedades que disminuyan la adherencia bacteriana
y que permitan una unión mayor a la matriz extracelular. Los biomateriales
de las prótesis deberán desarrollarse con materiales que promuevan
acciones bacteriostáticas, bactericidas o la actividad fagocítica
en sus superficies.
Es necesario el advenimiento de nuevos antibióticos
que logren mejores concentraciones a nivel óseo y que tengan una
adecuada absorción por vía oral, que permita
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su
administración por períodos prolongados sin necesidad de hospitalización
ni el uso de catéteres intravasculares a permanencia. Los cirujanos
deberán seguir los principios primarios de lesión mínima a los tejidos,
aunque deben asegurarse que removieron todo el tejido extraño, así
como el tejido óseo desvitalizado y los biomateriales extraños que
funcionan como superficies para la adherencia y colonización bacteriana.
Algunos procedimientos se pueden implementar para disminuir la posibilidad
de infecciones postquirúrgicas; éstos incluyen: mejoría en las técnicas
de aseo prequirúrgico, la implementación de quirófanos con flujo
de aire laminar y la utilización de antibióticos profilácticos.
Los métodos de cultivo microbiológico así como
los métodos para la recolección de muestras de los tejidos afectados
deberán de mejorarse con el objetivo de poder identificar correctamente
los agentes etiológicos y de esta manera utilizar esquemas de tratamiento
más específicos. Por otra parte deberán desarrollarse métodos que
permitan medir las concentraciones inhibitoria o bactericida media
directamente en los tejidos infectados o bien en los sitios colonizados.
En las superficies de los biomateriales deberán de implementarse
medidas de protección bacteriana con biopelículas.
Finalmente, es necesario investigar la composición,
estructura, interacciones y papel desarrollado por las biopelículas
en las superficies colonizadas, así como las funciones de las proteínas
receptoras, como fibronectina, laminina, osteonectina y colágena,
en conjunto con los receptores y otros factores de patogenicidad
de las bacterias involucradas en las infecciones osteoarticulares.
Entre mejor se conozca la patogenia de la enfermedad, más posibilidades
habrá de desarrollar mecanismos o procedimientos para limitar los
factores desencadenantes y productores de la infección y sus repercusiones.
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