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La artritis bacteriana es
la principal causa de infección articular. En la Clínica Mayo de
los Estados Unidos de Norteamérica, cerca de 18 de los 250 000 pacientes
que se atienden anualmente, son vistos por una artritis séptica.
La mayoría de episodios son el resultado de una diseminación hematógena.
La membrana sinovial es la estructura articular que inicialmente
suele afectarse, debido a que tiene una gran irrigación sanguínea
y porque carece de alguna estructura que funcione como barrera limitante
basal; ambas condiciones favorecen el ingreso de microorganismos
patógenos. Una vez dentro de la articulación, los microorganismos
tienen diversos efectos. De acuerdo a la etiología hay diferencias
en las manifestaciones clínicas y en las opciones terapéuticas.
Rodilla, cadera y articulaciones glenohumerales son los sitios que
con mayor frecuencia se infectan, aunque cualquier articulación
puede afectarse.
Un diagnóstico y tratamiento tempranos usualmente
llevan a la resolución del proceso infeccioso; un retraso en la
identificación de la infección o un tratamiento inadecuado lleva
a una infección crónica que puede persistir por años, con pérdida
de la estructura normal de la articulación y repercusión importante
en la función. Esta infección es particularmente devastadora en
niños, aunque en ellos, debido al estado dinámico de crecimiento
del sistema
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esquelético, las complicaciones y secuelas de la artritis séptica
pueden no ser aparentes por meses e incluso años después del insulto
inicial.
PATOGÉNESIS
Las articulaciones tienen algunas características que facilitan
el desarrollo de infecciones, entre ellas las más importantes son:
1) el rico aporte sanguíneo de la membrana sinovial y 2) la presencia
de receptores de membrana para estructuras bacterianas. Estos factores
permiten que traumatismos articulares, incluso insignificantes,
sean el punto de origen de infecciones intraarticulares. En niños
menores de 18 meses existe comunicación entre el aporte sanguíneo
arterial de la metáfisis y el de la epífisis, mediante vasos transepifisiarios;
canales venosos perforan la placa de crecimiento cartilaginosa,
por lo que no existe una barrera anatómica que limite la extensión
de una infección de la metáfisis hacia la epífisis. El resultado
de esta comunicación es que la extensión de la infección a la epífisis
puede llevar con facilidad a la afección secundaria de la articulación
adjunta. Tanto en niños como en adultos, los capilares articulares
disminuyen la función de la membrana basal, por lo que diversas
bacterias, como S. aureus, pueden tener acceso al espacio
articular pasando a través de las paredes de estos capilares (Fig.
7).
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La
artritis bacteriana es la principal causa de infección articular.
Un diagnóstico y tratamiento tempranos usualmente llevan a
la resolución del proceso infeccioso; un retraso en la identificación
de la infección o un tratamiento inadecuado lleva a una infección
crónica que puede persistir por años, con pérdida
de la estructura normal de la articulación y repercusión
importante en la función. |