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La información permite un acercamiento global
de la situación epidemiológica del binomio en nuestro país y conforme
se analizan los datos, se identifica que los casos de cisticercosis
en humanos y porcinos son focales y están relacionados con la presencia
de portadores de tenia; se hace necesario promover la confirmación
del caso, notificación y seguimiento de contactos.
Cuadro clínico
Los signos y síntomas clínicos dependen del órgano afectado, la
localización específica del cisticerco dentro del órgano y la viabilidad
del céstodo. Las formas más graves de cisticercosis son la ocular,
cardiaca, y desde luego la neurológica. En regiones endémicas como
en nuestro país la cisticercosis es la causa más frecuente de crisis
convulsivas. Los cisticercos celulosos en el sistema nervioso central
generalmente se localizan en la sustancia gris y menos veces en
la sustancia blanca o en los ventrículos, y los cisticercos racemosos
usualmente se encuentran en las cisternas de la base del cerebro
o dentro de los ventrículos. Estos últimos pueden ocasionar trastornos
clínicos más graves y con mayor frecuencia. Además, es frecuente
la producción de una meningitis basal, de tipo crónico, que parece
ser originada por un fenómeno de hipersensibilidad ocasionado por
los parásitos y que desempeña un papel importante en la producción
de los síntomas especialmente los relativos a nervios craneales.
A la muerte del parásito aparecen los síntomas; cuando el parásito
está vivo no hay reacción inflamatoria y muy pocas veces hay manifestaciones
clínicas; la cisticercosis cerebral se caracteriza por manifestaciones
de hipertensión intracraneal y a veces signos de focalización; cefalea,
alteraciones de la visión, vómitos en proyectíl, con gran frecuencia
hay sintomatología de pares craneales y crisis convulsivas.
El uso de la tomografía computada de cráneo y
la resonancia magnética ha facilitado el diagnóstico de la cisticercosis
del SNC, ayuda a delimitar
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las
diversas formas de neurocisticercosis y constituye un medio para
evaluar el tratamiento. Los cisticercos pueden tener diversa localización
en el parénquima cerebral dentro de los ventrículos, en la superficie
o en la base del cerebro, y también dentro del espacio subaracnoideo.
La tomografía computada puede no detectar las lesiones tempranas,
que tienen la misma densidad radiográfica que el cerebro, pero en
ocasiones se observan lesiones hipodensas y en anillo reforzado
con medio de contraste cuando se presenta inflamación alrededor
del quiste. Al ocurrir esclerosis se desarrolla una lesión quística
y la pared puede calcificarse. Al final los quistes degenerados
son reemplazados por lesiones calcificadas pequeñas de 1 a 4 mm
de diámetro dentro del cerebro.
En cuanto al diagnóstico la prueba de inmunoblot
y electrotransferencia ligada a enzimas es muy sensible para detectar
anticuerpos en los pacientes que tienen varias lesiones intracraneales,
y menos en los que padecen solo una lesión o lesiones calcificadas.
Tratamiento
Puede ser médico o quirúrgico. Los pacientes que sólo tienen lesiones
calcificadas en los tejidos blandos o en el SNC no requieren de
tratamiento médico. La extirpación quirúrgica fue alguna vez la
única opción terapéutica para los quistes viables, pero el praziquantel
y el albendazol han demostrado ser eficaces para la neurocisticercosis,
y el albendazol es tan eficaz o mejor como el praziquantel. El albendazol
se administra en dosis de 15 mg/kg/día en tres dosis divididas durante
28 días y el praziquantel en dosis de 50 mg/kg/dia en tres dosis
divididas durante 15 días. El tratamiento puede causar reacciones
inflamatorias alrededor de los cisticercos; la localización ocular
y medular no se tratan de esta manera. En los pacientes con neurocisticercosis
además se administran esteroides como la dexametasona de 4 a 16
mg/día, o prednisona de 60 a 100 mg/día lo anterior es para minimizar
las reacciones inflamatorias.
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Los
signos y síntomas clínicos dependen del órgano
afectado, la localización específica del cisticerco
dentro del órgano y la viabilidad del céstodo. Las formas
más graves de cisticercosis son la ocular, cardiaca, y desde
luego la neurológica.
En cuanto al diagnóstico la prueba de inmunoblot y electro-transferencia
ligada a enzimas es muy sensible para detectar anticuerpos en los
pacientes que tienen varias lesiones intracraneales, y menos en los
que padecen solo una lesión o lesiones calcificadas.
El uso de la tomografía computada de cráneo y la resonancia
magnética ha facilitado el diagnóstico de la cisticercosis
del SNC, ayuda a delimitar las diversas formas de neuro-cisticercosis
y constituye un medio para evaluar el tratamiento. |