PAC INFECTO-1 A5

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Autoinfección o infección endógena. Algunas larvas rabditoides no alcanzan a salir y en partes bajas del intestino se convierte en larvas filariformes

Strongyloides stercoralis es un parásito filiforme que en su ciclo biológico alterna generaciones de vida libre y parasitaria
Se han detectado en suero anticuerpos contra anquilostomidios y reacciones cutáneas a los mismos.
   Las infecciones severas cursan con síndrome de malabsorción intestinal y anasarca; los casos crónicos también con alteraciones del crecimiento y desarrollo, principalmente en niños. En la mujer puede ser causa de amenorrea y durante el embarazo proteinuria, parto prematuro, infección puerperal y mortalidad perinatal. En el hombre se ha descrito además, impotencia.
   En zonas endémicas puede predominar una de las dos especies pero en la mayoría de las ocasiones las infecciones son mixtas.

Complicaciones
Impetiginización en zonas de prurito, desnutrición, sobreinfecciones, insuficiencia cardíaca, encefalopatía por anemia severa y muerte.

Tratamiento
Consiste en la administración de antihelmíntico, mas una dieta equilibrada, rica en proteínas, hierro y vitaminas. Son de elección el mebendazol, albendazol y pamoato de pirantel a dosis similares a las descritas para la ascariasis.
   La profilaxis consiste en evitar la contaminación fecal del suelo para lo cual es indispensable mejorar el saneamiento del ambiente, el uso de calzado y la aplicación de tratamiento masivo a los habitantes de zonas endémicas.

ESTRONILOIDIASIS

   Es una infección producida por un pequeño nemátodo del genero Strongyloides que es común en zonas tropicales y se manifesta por un cuadro digestivo o generalizado de curso crónico y pronóstico variable.

Etiología y patogenia
Strongyloides stercoralis es un parásito filiforme que en su ciclo biológico alterna generaciones de vida libre y parasitaria. El macho mide 0.7 mm por 40 micras y la hembra 2.2 mm por 45 micras. El esófago es recto y su extremidad posterior puntiaguda. Su hábitat, la mucosa y submucosa del duodeno. En infecciones masivas puede invadir todo el intestino delgado y grueso, incluyendo los conductos pancreático y biliar. En el espesor
de la mucosa coloca huevos de 50 micras de diámetro, de los cuales emergen larvas rabditoides de 200 micras que atraviesan la pared intestinal hacia la luz, de donde son expulsadas con las heces del huésped. La larva rabditoide puede continuar el ciclo en tres modalidades posibles:
   a. Ciclo directo. La larva en el suelo húmedo se alimenta de materia orgánica, sufre dos mudas y en dos o tres días se convierte en larva filariforme de 700 micras de longitud que ya no se alimenta y constituye la forma infectante para el hombre. Puede permanecer en el suelo viable hasta 50 días. Al ponerse en contacto con la piel del hombre, la lesiona, pasa a la circulación general y alcanza el pulmón donde sigue el ciclo de Looss (como se describió en la uncinariasis), hasta llegar a la parte alta del intestino delgado donde penetra la mucosa y se origina una hembra partenogenética, que comienza la postura. Los machos generados en este ciclo son de vida efímera, al ser incapaces de atravesar a la mucosa intestinal se eliminan con las heces. Según Faust, el apareamiento sucede en la etapa de la adolescencia, en el pulmón o intestino antes que la hembra cruce la pared.
   b. Ciclo indirecto. Las larvas rabditoides que se encuentran en el suelo dan origen a hembras y machos rabditoides de vida libre; esta hembra es diferente a la partenogenética, mide 1 mm de longitud por 60 micras. De los huevos colocados emergen larvas rabditoides que sufren mudas y originan a las filariformes que son capaces de iniciar el ciclo directo.
   c. Autoinfección o infección endógena. Algunas larvas rabditoides no alcanzan a salir y en partes bajas del intestino se convierte en larvas filariformes. Otras veces, restos de heces pegadas al ano contienen larvas rabditoides que maduran en ese sitio hacia filariformes (pequeñas); que se adentran en el intestino o en la piel perineal alcanzando la circulación general y continuando con su ciclo.
   En los puntos de entrada de las larvas filariformes a la piel, se produce prurito, pequeñas pápulas y edema. En el pulmón, ocasionan destrucción alveolar, engrosamiento de los tabiques, infiltrado de eosinófilos y pequeñas hemorragias.

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