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Blum
y Feachem nos muestran la gran variabilidad en el periodo de recordatorio
antes de la entrevista que definieron los diversos investigadores.
Son bien conocidos algunos determinantes de una mayor (o menor)
frecuencia de enfermedades diarreicas, tales como el grupo de edad
de los individuos bajo observación o la estación del
año en que se realiza el estudio.
En este estudio longitudinal, realizado en una comunidad periurbana,
se siguieron prospectiva-mente durante todo un año a 179
niños menores de cinco años.
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Estos periodos de tiempo oscilaron entre 24 horas, 1 a 2 semanas,
hasta 1 y 3 meses. Si aceptamos que un periodo de recordatorio que
exceda a las 48 horas cuestiona seriamente la validez de la información
obtenida, en sólo 3 de los 16 estudios se cumplió la recomendación
del uso de un lapso máximo de 2 días.
En otra revisión de varios estudios poblacionales
de cohortes4 se observó
que los estudios en los que la vigilancia de los individuos era
más frecuente se asociaban al informe de una mayor incidencia de
enfermedad diarreica: la mediana de esta tasa, descrita en nueve
estudios en los que la vigilancia era hecha al menos una vez a la
semana, fue de 0.5 a 1.5 episodios/persona-año más alto que la mediana
de la tasa obtenida en otros 9 estudios, en los que el seguimiento
fué hecho en intervalos de 10 a 14 días. Asimismo, se vió que la
incidencia de diarrea era inversamente proporcional al número de
individuos estudiados, de tal manera que los estudios con tamaños
de muestra menores y con seguimientos más cercanos tendieron a informar
las tasas más altas.
Utilización de diferentes índices en la cuantificación de
la magnitud de la morbilidad
Mediante un análisis reciente de 50 artículos publicados entre 1953
y 19916 y en los que se
informa la frecuencia de diarrea en estudios comunitarios, se encontró
que en 78% de los artículos la morbilidad por diarrea se expresó
en términos de densidad de incidencia, lo que fue cinco veces más
común que los informes de prevalencia y ocho veces más común que
el uso de la incidencia cumulativa. En esta misma revisión, los
autores ejemplifican cómo el valor de la estimativa de la frecuencia
de diarrea, en una misma muestra de niños estudiados en una comunidad
de Kenia entre 1984 y 1985, da cifras totalmente distintas según
el índice que se utiliza. Así, en los mismos niños (de 18 a 29 meses
de edad) la incidencia cumulativa fue de 54.9%; la densidad de incidencia,
de 2 casos/100 niños-semana y la prevalencia puntual, de 6.1%.
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Utilización
de poblaciones de estudio no comparables
Son bien conocidos algunos determinantes de una mayor (o menor)
frecuencia de enfermedades diarreicas, tales como el grupo de
edad de los individuos bajo observación o la estación del año
en que se realiza el estudio. De tal manera que el tratar de comparar
la incidencia de diarrea observada en un grupo de individuos con
una cierta distribución por grupos de edad con otra población
con una distribución distinta, o bien, el querer comparar una
cohorte de niños observados a lo largo de todo un año con otra
de niños vigilados sólo durante la época de verano, conlleva un
alto riesgo de obtener conclusiones falsas. No está de mas recordar
la regla, en metodología, de que la perspectiva (en cuanto a la
frecuencia, etiología y gravedad de una enfermedad) que obtiene
un investigador que labora en un centro de atención médica de
referencia será posiblemente muy diferente a la obtenida por un
investigador localizado en un centro de atención primaria o que
realiza sus observaciones mediante encuestas domiciliarias.
MORBILIDAD POR DIARREAS EN LOS NIÑOS
MEXICANOS
Dada la escasez de información obtenida mediante estudios poblacionales,
sobre la morbilidad por enfermedades diarreicas en la niñez mexicana
tratemos de imaginar la magnitud del problema tomando como ejemplos
la experiencia de los estudios epidemiológicos realizados en San
Pedro Mártir (en Tlalpan, D.F.), en el ejido «en la Casa de los
Guajes» (en el estado de Morelos), así como la de la Encuesta
Nacional de Salud.
Cohorte de San Pedro Mártir, en Tlalpan, D.F.
En este estudio longitudinal, realizado en una comunidad periurbana,
se siguieron prospectivamente durante todo un año a 179 niños
menores de cinco años.7
Un equipo de trabajadoras de campo visitaron dos veces por semana
el domicilio de cada niño participante, en donde mediante una
entrevista a la madre se registró sistemáticamente las características
de las evacuaciones del niño desde la última visita.
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