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Si
bien para la mayoría de los entero-patógenos la frecuencia
de su identificación fue mayor en los casos que en los controles,
en éstos se identificaron consistente-mente -y en todas las
edades- niños portadores asintomáticos del germen.
Durante los meses de verano (calor y lluvias) es cuando ocurren
con mayor frecuencia las infecciones bacterianas.
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El cuadro 5 muestra la frecuencia
relativa de identificación de los microrganismos estudiados; como
observará el lector, la distribución es muy semenjante a lo encontrado
en los niños de los campesinos del estado de Morelos, a excepción
de que en esta serie Campylobacter spp, fue el germen predominante.
Éste produjo, en la mayoría de los niños infectados, un cuadro de
diarrea líquida (tipo secretora) explicable por el hecho de que
esta bacteria es capaz de producir una enterotoxina (termolábil)
parecida a la Vibrio cholerae. Tambien es de hacer notar
que únicamente en 8% de las muestras de heces diarreicas se logró
identificar la presencia de rotavirus y en 3% algun parásito (amiba
o giardia).
Al analizar la frecuencia de aislamiento
de estos microrganismos a lo largo de los meses del año, se llega
a apreciar una clara estacionalidad: durante los meses de verano
(calor y lluvias) es cuando ocurren con mayor frecuencia las infecciones
bacterianas, en cambio, es durante los meses de octubre a diciembre
cuando suelen ocurrir los brotes de diarrea asociada a rotavirus.
Estudio longitudinal de las infecciones por Campylobacter
jejuni
La observación anterior en los niños vistos en el consultorio llevó
a estos investigadores a estudiar la frecuencia de las infecciones
asociadas tanto a diarrea como a las asintomáticas; ésto se midió
mediante el seguimiento longitudinal con visitas domiciliarias sistemáticas
-durante un año- de una cohorte de 179 niños menores a los cinco
años de edad.7 Lo más interesante
de este estudio fue que,
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durante
el tiempo de estudio, dos de cada tres niños tuvieron al menos
una infección intestinal por Campylobacter (en promedio
hubo dos eventos en cada niño, durante un año) y que, sin embargo,
solo una de cada tres de estas infecciones se acompañaron de diarrea:
es decir las dos terceras partes del total de las infecciones
fueron asintomáticas. En la figura
3 se ilustra la incidencia de estas infecciones por grupos
de edad, las cuales ocurrieron desde los primeros años de vida,
alcanzando una incidencia máxima en los niños de 12 a 17 meses,
posterior a cual se observó un decremento progresivo conforme
los niños eran mayores, de tal suerte que en los mayores de cuatro
años la tasa anual fue de tan solo una infección por cada niño,
siendo la gran mayoría de ellas asintomáticas. De hecho, mientras
que, en el primer semestre de vida, de cada dos infecciones una
cursa con síntomas, conforme la edad avanza la proporción de infecciones
asintomáticas se incrementa y su duración se acorta.
Estudio longitudinal de las infecciones por Escherichia
coli enterotoxigénica
Mediante una estrategia semejante a la anterior, una cohorte de
228 niños fue seguida durante la estación de las infecciones producidas
por este microrganismo (abril a julio).10
En la figura 4 se muestra que
las infecciones tanto totales como las acompañadas de diarrea
fueron relativamente frecuentes desde el primer año de vida, pero
que conforme los niños crecen -si bien la incidencia de las infecciones
totales permanece semejante- la proporción de infecciones asintomáticas
se incrementa significativamente.
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