PAC INFECTO-1 C1

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Para los accidentes con objetos punzantes, el riesgo de contagio con VIH es menor de 1 en 300.


No es ocioso insistir que los pacientes portadores de VIH/SIDA representan, en general, un bajo riesgo para el personal.
En caso de accidente con instrumentos punzocortantes, deberá determinarse la presencia del antígeno de superficie en el paciente. Si resulta positivo y el trabajador no cuenta con esquema completo de vacunación, deberá recibirlo de inmediato a 0, 1 y 2 meses. Por el alto riesgo de contagio, deberá aplicarse gammaglobulina, preferentemente hiperinmune.
   En comparación con la población general, los trabajadores de la salud tienen mayor riesgo de sufrir hepatitis C como consecuencia, al parecer, de accidentes por punción.39,40 La tasa de transmisión por este mecanismo es de aproximadamente 10%.32,41 No se cuenta con una vacuna eficaz y la profilaxis con inmunoglobulina postexposición no ha mostrado eficacia.32 Queda por ahora sólo el apego a las precauciones universales.

INFLUENZA

Durante muchos años se ha reconocido que la influenza puede aparecer por brotes en los hospitales, donde es común que se acompañe de alta morbilidad y mortalidad entre los pacientes y el personal. Por ello, está bien establecido que la vacunación anual para todo el personal es una medida eficaz para disminuir los brotes, lo que disminuye el ausentismo de los trabajadores y la transmisión a los pacientes.42 A pesar de la contundencia de este hecho y de la disponibilidad de la vacuna, existe una baja aceptación de la vacunación entre los trabajadores de hospitales en los Estados Unidos.43 Si a este rechazo se agrega que en los hospitales de Latinoamérica la vacuna no suele estar disponible, se entiende que la meta de cobertura para todo el personal parezca lejana. Debe hacerse un esfuerzo por vacunar al menos al personal de alto riesgo para contraer la influenza, como los mayores de 65 años, diabéticos o portadores de enfermedades cardiopulmonares crónicas.
VIH/SIDA
La transmisión del VIH del paciente al personal puede ocurrir después de la inoculación percutánea por punción accidental o, menos frecuentemente, a través del contacto mucocutáneo con sangre o con líquidos corporales que la contengan. Se insiste aquí que el apego a las precauciones universales es el arma más útil para la prevención. El temor que los portadores de VIH causan en el personal de salud es exagerado pues el riesgo de contagiarse es muy bajo en el manejo habitual. Para los accidentes con objetos punzantes, el riesgo de contagio con VIH es menor de 1 en 300 pero pudiera incrementarse si existe sangre visible en el objeto punzante, o si dicho objeto se utilizó para extraer sangre arterial o venosa.32,44
   Si ha ocurrido un accidente, deben ofrecerse medidas profilácticas. Si la exposición ocurrió en la piel, debe lavarse inmediatamente con agua y jabón. Si ocurrió por salpicadura en piel o mucosas, debe procederse a irrigar con agua o solución salina. Si hubo laceración o punción, deberá efectuarse la determinación de anticuerpos contra VIH en el paciente, previo consentimiento. El trabajador iniciará la toma, deberá sugerirse la toma de zidovudina 200 mg orales, cada ocho horas por 28 días. Aunque no hay evidencias de eficacia, en algunos centros tiende a ofrecerse esquema triple con zidovudina, 3TC e indinavir cuando se juzga que el accidente es serio.45,46 En todo caso se solicita al trabajador de la salud la extracción de sangre para contar con un suero basal, contra el que se comparen determinaciones posteriores. La mayoría de las personas que adquieren la infección después de una exposición percutánea desarrollan anticuerpos contra el VIH antes de seis meses.
   No es ocioso insistir que los pacientes portadores de VIH/SIDA representan, en general, un bajo riesgo para el personal. Es por ello que no deben ser sujetos a precauciones especiales, como cuartos aislados o uso de guantes para el simple saludo.

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