PAC INFECTO-1 C1

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PRESENTACIÓN    
“Sólo la visión del futuro me hace tolerar el trato perverso que me han dado”
Ignacio Semmelweis

Hace más de 150 años, Ignacio Semmelweis, ginecólogo húngaro que trabajaba en uno de los hospitales de más prestigio de Viena, observó que la fiebre puerperal y la mortalidad de la sala de partos atendida por médicos y estudiantes de medicina era cinco veces mayor que la observada en la sala atendida por parteras. El conocimiento de la época atribuía la enfermedad al desquiciamiento de los humores corporales como consecuencia de las posiciones astrales, el miedo de las pacientes y hasta la mala influencia de los extranjeros. Semmelweis efectuó un análisis crítico de estos factores y concluyó que no eran diferentes en una sala que en la otra. Entonces decidió observar qué era diferente y notó que los médicos y estudiantes de medicina no lavaban sus manos después de hacer autopsias o atender partos: limpiaban sus instrumentos en los pantalones y no procuraban el cambio de sábanas de las camas. Armado con sus estadísticas colocó lavamanos en la sala que le era asignada y obligó a todos sus estudiantes a lavar sus manos antes de cada procedimiento: la mortalidad se redujo casi a cero. Al presentar sus conclusiones a las autoridades del hospital, se le negó crédito y eventualmente se le despidió de su trabajo. Sin lograr el reconocimiento por su trabajo, escribió su experiencia en un libro apasionante y murió pocos años después, convencido de que el futuro daría crédito a sus procedimientos. En efecto, el trabajo de Semmelweis ha sido reconocido como uno de los hitos históricos en la aplicación del método científico en la Medicina. Desgraciadamente, la realidad muestra que muchos hospitales son aún fermento de enfermedad y muerte.
   En el sentir popular y hasta en el de los profesionales de salud, hospital es sinónimo de salud. De hecho, la construcción de hospitales se asocia con la imagen de gobernantes preocupados por el bienestar popular. En verdad no puede negarse el beneficio que
pueden lograr los hospitales, pero es cierto también que pueden causarse problemas tan serios, o más graves, que los que pretenden resolver. Una estadística preocupante muestra que más de 90% de los hospitales latinoamericanos no cuentan con personal o planes expresos para la prevención y el control de las infecciones nosocomiales. Las consecuencias son graves pues no existe siquiera la detección, paso inicial indispensable para la prevención, de la misma manera en que el reconocimiento del alcoholismo es fundamental para la rehabilitación de un alcohólico. Esta ausencia de detección y planes de control es paralela a la escasez de normas y procedimientos por un rezago generacional, a consecuencia de la resistencia que las autoridades de salud han tenido para ventilar este problema públicamente y fomentar su investigación. El refrán que reza “La ropa sucia se lava en casa” ha tenido en los hospitales su más cabal aplicación, con consecuencias funestas.
   Es urgente que cambie la situación actual, y todos los profesionales de la salud tenemos algo que hacer. El presente manual ofrece una visión panorámica del problema, pero no pretende sustituir a ninguno de los textos existentes en infecciones nosocomiales; los hay excelentes y abordan los temas más allá de los alcances que tiene la extensión de éste. Lo que pretendemos es presentar, a manera de prontuario, los lineamientos necesarios para entender por qué ocurren las infecciones hospitalarias, cómo se manifiestan y cómo se procede para su prevención y control, con énfasis en las condiciones de trabajo de nuestros hospitales. En muchos hospitales latinoamericanos trabajamos con recursos y servicios laboratoriales limitados, plantilla personal restringida y hasta resistencia del personal y autoridades; pero aun así, debemos actuar de inmediato. Conviene aquí mencionar que toda persona que se ocupe de las infecciones nosocomiales se enfrentará a problemas que pueden invitarle a echar todo el trabajo por la borda y dejarse llevar por la inercia.
En verdad no puede negarse el beneficio que pueden lograr los hospitales, pero es cierto también que pueden causarse problemas tan serios, o más graves, que los que pretenden resolver.

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