PAC INFECTO1 C2

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PATOGENIA Y PATOLOGÍA

La existencia de portadores crónicos sin daño hepático sugiere que el no es un virus citopático en el humano y que muchos mecanismos inmunológicos son los responsables de la inflamación. No es fácil estudiar el mecanismo de daño hepatocelular en la infección aguda. En un estudio donde cinco voluntarios fueron infectados por el virus, se identificó que hay inmunidad celular a preS 30 días antes de la evidencia bioquímica de daño hepático en el momento que se eleva el título de HBsAg y cuando HBeAg es apenas detectable. Una respuesta celular a HBcAg precede a la respuesta humoral (IgM). La respuesta celular a HBsAg correlaciona más cercanamente con el daño bioquímico. Por otra parte los linfocitos T citotóxicos se dirigen contra HBcAg, sugiriendo que también este puede ser un disparador.
   En la infección aguda existen cambios degenerativos y regenerativos que coexisten con una acumulación difusa o bien distribuida de las células mononucleares inflamatorias que llevan a alteración lobular. Las células del parénquima sufren degeneración balonizante, tienen edema y núcleos grandes. Ultraestructuralmente hay pérdida de glucógeno y dilatación marcada de las cisternas del retículo endoplásmico con degranulación. La alteración del canalículo biliar puede llevar a retención de bilis y necrosis de las células. La activación de las células de Kupffer y los macrófagos portales llevan a hipertrofia e hiperplasia marcadas. Durante la etapa de recuperación, la regeneración está manifestada por anisonucleosis, células binucleadas, trinucleadas y miosis. La respuesta inflamatoria disminuye, pero la hipertrofia celular persiste por unas semanas. El tejido dañado se regenera de 8 a 12 semanas.
    En 5 a 10% de los casos, la necrosis focal se extiende formando puentes uniendo las áreas portales con las de la vena central. Cuando este proceso confluye e involucra lóbulos enteros o adyacentes se denomina submasiva (incluyendo las zonas centrales y mediales de los lóbulos) o masiva (todo el lóbulo). La necrosis hepática confluente es una lesión potencialmente progresiva que puede llevar a hepatitis
fulminante y a la muerte en 30% a 60% de los casos. La muerte parece inevitable cuando la necrosis involucra más de 65% a 80% de los hepatocitos totales. En raras ocasiones los pacientes con hepatitis viral desarrollan colestasis, que puede persistir por dos a ocho meses.
   En la enfermedad crónica los hepatocitos que expresan HBcAg pueden ser los disparadores responsables del daño. Los linfocitos no-T también toman parte en el daño en la infección crónica, las citocinas, interleucina-1 y el factor de necrosis tumoral alfa (FNT-) están incrementados en estos pacientes. Sin embargo, el daño mediante mecanismos inmunológicos puede no ser el principal en todos los pacientes, ya que pacientes trasplantados con infección crónica, pueden presentar hepatitis colestásica fibrosante con un comportamiento fulminante, donde el virus tiene participación citopática.
   La hepatitis B puede evolucionar a enfermedad crónica en 2 a 10% de los casos. La enfermedad crónica tiene una evolución poco uniforme. En la clasificación histológica se reconocen la hepatitis crónica persistente, la hepatitis crónica lobular o hepatitis crónica activa con cirrosis o sin ésta. Menos de 10% de los casos de hepatitis crónica persistente progresan a cirrosis, en constraste, los pacientes con hepatitis crónica activa que presentan necrosis confluente, panlobulillar o multilobular progresan con más frecuencia a cirrosis macronodular.
   Una pequeña proporción de los pacientes puede evolucionar a hepatitis fulminante, con una elevada tasa de letalidad; el tamaño del hígado se reduce y los hallazgos histológicos incluyen necrosis difusa, extensa, pérdida de los hepatocitos y reemplazo por células polimorfonucleares y mononucleares. La estructura del lobulillo se colapsa. La regeneración se presenta si el paciente logra sobrevivir varios días, con muy poco daño residual.

EPIDEMIOLOGÍA

La distribución geográfica de la hepatitis B es cosmopolita. Los mayores reservorios para HBV son portadores asintomáticos y pacientes con hepatitis aguda.
En la enfermedad crónica los hepatocitos que expresan HBcAg pueden ser los disparadores responsables del daño.

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