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Las
manifes-taciones extrahepáticas de la infección crónica
por el VHC son consideradas de origen inmunológico e incluyen
crioglobuli-nemia, glomerulo-nefritis membrano-proliferativa y porfiria
cutánea tarda.
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La evolución de la enfermedad crónica generalmente
es insidiosa, progresa muy lentamente, sin síntomas o signos físicos
en la mayoría de los casos, durante las primeras dos o más décadas.
Frecuentemente la infección crónica por virus C no se reconoce sino
hasta que las personas asintomáticas se identifican como VHC positivas
durante un intento de donación de sangre o elevación de aminotransferasas
durante una evaluación clínica. La mayoría de los estudios han informado
la aparición de cirrosis en 10 a 20% de las personas con hepatitis
crónica por VHC después de un periodo de 20 a 30 años y desarrollan
carcinoma hepatocelular de 1 a 5% con variaciones geográficas. Una
vez que la cirrosis se ha establecido el índice de desarrollo de
carcinoma hepatocelular es de 1-4% por año (Fig
4).
Hay algunos factores que pueden predecir la gravedad
de la enfermedad hepática tales como la ingesta de alcohol, la adquisición
de la enfermedad después de los 40 años de edad y los enfermos del
sexo masculino. La ingesta crónica de alcohol y la infección crónica
por el VHC hace que la lesión progrese rápidamente a cirrosis y
al desarrollo de carcinoma hepatocelular.
Las manifestaciones extrahepáticas de la infección
crónica por el VHC son consideradas de origen inmunológico e incluyen
crioglobulinemia, glomerulonefritis membranoproliferativa y porfiria
cutánea tarda; hay otras manifestaciones cuya relación con el VHC
no se ha demostrado en forma definitiva tales como el síndrome de
antifosfolípidos, artritis seronegativa, síndrome de Sjögren, tiroiditis
autoinmune, liquen plano, úlceras corneales, fibrosis pulmonar idiopática,
poliarteritis nodosa,
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anemia
aplástica y linfoma de células B.
MÉTODOS DE DIAGNÓSTICO
Como ya se mencionó previamente la mayoría de los casos son asintomáticos
y el diagnóstico se establece cuando los pacientes intentan donar
sangre o bien cuando se someten a una evaluación clínica.
La primera prueba comercialmente disponible para
la determinación de anticuerpos fue una de inmunoensayo enzimático
(ELISA) de primera generación que incorporaba el antígeno recombinante
C-100-3 del gen NS4; esta prueba tenía las siguientes limitaciones:
detectaba la seroconversión en un promedio de tres meses después
de la infección, y en algunos casos hasta 12 meses después, no detectaba
anticuerpos en alrededor de 25 a 45% de los donadores de sangre
que transmiten la infección y en 10 a 25% de pacientes con hepatitis
crónica C, demás de que podía tener de 30 a 80% de falsas positivas.
Por este motivo surgió una prueba de ELISA de
segunda generación disponible a partir de 1971, que detecta anticuerpos
contra la proteína recombinante del núcleo (C22-3) y contra las
proteínas no estructurales NS3 (C-33c) y NS4 (C-100-3). Esta prueba
detecta de 10 a 20% adicional de pacientes en grupos de alto riesgo
y aumenta la tasa de seroconversión en las hepatitis agudas en 10
a 20% además de que acorta el periodo de ventana entre el comienzo
de la enfermedad y la seroconversión en una media de ocho semanas;
en 75% de los casos es positiva a las cuatro semanas del comienzo
de la enfermedad y es más sensible y especifíca para la detección
de donadores de sangre infectados con el VHC.
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