La
hepatitis delta es endémica en el Mediterráneo y países del Medio
oriente, con una prevalencia alta en países como Kuwait y Arabia
Saudita (entre 20 a 40% de los portadores de HBsAg tienen anticuerpos
contra VHD). La prevalencia es menor en el sur de Italia y África
del Norte. Es poco frecuente en Norte América, el Norte de Europa
y la mayor parte de Sudamérica.
Hepatitis D ha ocurrido como epidemia predominantemente
en países en desarrollo, en el área del Amazonas han ocurrido brotes
de hepatitis desde hace algunas décadas y es conocida como “fiebre
lábrea” o “Hepatitis de la Sierra Madre de Santa Marta”. Habitualmente
la evolución de la enfermedad durante los brotes es grave, con rápida
progresión a hepatitis fulminante en un porcentaje importante de
los casos. La enfermedad ocurre predominantemente entre los niños
y tiene una mortalidad entre 10 a 20% de los casos (mayor que la
informada en brotes de hepatitis A o B); estos casos fulminantes
tienen características histopatológicas que no se encuentran en
otros de hepatitis fulminante como son microvesículas de grasa y
una intensa degeneración eosinofílica.
La tercera forma de presentación predomina en
el norte de Europa y Norteamérica, en grupos de alto riesgo que
son aquellos que utilizan drogas intravenosas, hemofílicos que requieren
componentes sanguíneos y personas con múltiples transfusiones. En
otros grupos como homosexuales y trabajadores de la salud los cuales
tienen una alta prevalencia de infección por VHB, la infección por
VHD es rara, sin que se conozca la causa de ello.
MANIFESTACIONES CLÍNICAS
La presentación puede ser como infección aguda o crónica. Las manifestaciones
son similares a las de otras hepatitis virales pero en general,
la enfermedad tiende a ser más grave. La mortalidad por hepatitis
D aguda se ha informado de 2 a 20%, siendo mayor que la informada
para hepatitis B (menor de 1 %).
La frecuencia con que evolucionan a la cronicidad
es mayor y la enfermedad es más severa.
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En
estudios de seguimiento de la evolución natural, entre 70 a 80%
de los pacientes con hepatitis D crónica desarrollaron cirrosis,
en comparación con 15 a 30% de los pacientes con hepatitis B crónica.
En 15% de los casos de hepatitis D crónica, la enfermedad es rápidamente
progresiva y desarrollan cirrosis dentro de los primeros dos años.
Se reconocen dos tipos de infección aguda por
VHD; la primera ocurre en forma simultánea con la infección de VHB
y se denomina coinfección y la segunda ocurre en un
individuo previamente infectado con VHB y se denomina superinfección.
La manifestación serológica y el curso clínico de ambas formas es
diferente.
La coinfección por VHD - VHB habitualmente
da una infección autolimitada y menos de 5% de los casos desarrollan
enfermedad crónica; la asociación de los dos virus provoca hepatitis
fulminante en mayor porcentaje que la infección por VHB exclusivamente.
El periodo de incubación en la coinfección es similar para ambos
virus. En contraste, en la superinfección frecuentemente
la enfermedad evoluciona a la cronicidad (75% de los casos) y el
periodo de incubación es habitualmente más corto (entre cuatro a
ocho semanas).
Las manifestaciones clínicas de la infección aguda
por coinfección son básicamente las de hepatitis B pero con
una mayor severidad y en ocasiones se presenta con un curso bifásico
con dos picos de transaminasemia separados por algunas semanas,
lo cual ha sido descrito principalmente en drogadictos. En un paciente
con hepatitis B aguda, esta presentación bifásica haría sospechar
la coinfección con VHD. Hay que tomar en cuenta que cuando ambos
virus coinfectan un hepatocito, el VHD inhibe la replicación de
VHB, lo cual podría dificultar el diagnóstico por falta de positividad
en los marcadores serológicos para hepatitis B. El paso a la cronicidad
en la coinfección está determinado por la evolución de la hepatitis
B; si la infección por VHB se resuelve, como pasa en la mayoría
de los adultos, el virus D desaparece; si la infección por virus
B se hace crónica, la infección por VHD continúa y agrava el pronóstico
de evolución hacia la cirrosis.
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Las
manifestaciones clínicas de la infección aguda por coinfección
son básicamente las de hepatitis B pero con una mayor severidad.
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