PAC INFECTO-1 C2

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Marcadores virales en los diferentes estadios de la enfermedad
Coinfección. Durante el periodo de incubación se puede detectar primero el HBsAg, seguido de RNA-VHD y posteriormente del AgD. Un par de semanas después cuando ya iniciaron los síntomas y la elevación de transaminasas, encontramos presente antiVHD de tipo IgM que duran aproximadamente cuatro semanas y posteriormente disminuyen hasta hacerse indetectables y aparece antiVHD de tipo IgG que puede persistir por años, pero usualmente en niveles muy bajos. Aproximadamente a los cuatro a seis meses después de la infección aparecen anticuerpos anti-HBsAg, con lo que descienden los títulos del HBsAg y la infección se considera resuelta. En el caso de evolución a la cronicidad permanecerán positivos AgD, RNA-VHD y HBsAg y anti VHD en titulos altos.
   Superinfección. El paciente es portador de HBsAg y aproximadamente cuatro semanas después de la infección por VHD, aparece en suero RNA-VHD así como AgD y disminuyen cuantitativamente el HBsAg (por la inhibición del VHD sobre la replicación de VHB); poco después se detecta anti-VHD que en su fracción IgM permanece por aproximadamente seis meses a un año y en su fracción IgG permanece a títulos altos si la infección evolucionó a la cronicidad. Los casos de infección crónica mantendrán detectable RNA-VHD y en títulos bajos AgD. En biopsias hepáticas de los casos crónicos será detectable AgD y RNA-VHD.
   La superinfección podemos dividirla en tres fases de acuerdo a la presencia tanto del virus B y D mediante amplificación con PCR: la primera fase o aguda se caracteriza por una replicación activa del virus D y supresión del virus B, con niveles altos de transaminasas; la segunda fase o crónica, con disminución de la replicación del virus D y reactivación del virus D con elevación moderada de transaminasas; la tercera fase o tardía con presencia de cirrosis o hepatocarcinoma, que se acompaña de marcada reducción de ambos virus.
TRATAMIENTO

Hasta el momento ningún tratamiento ha sido totalmente efectivo para inhibir la replicación y el daño hepático en la hepatitis D. Ello tal vez por tratarse de una infección múltiple (hepatitis B y D) y /o porque los mecanismos de daño hepático implican no sólo citotoxicidad por el agente per se, sino también la respuesta inmune involucrada.
   En pacientes con hepatitis D crónica se ha utilizado interferón alfa con resultados aceptables. Rizzetto en un estudio conducido en pacientes con hepatitis D en Italia encontró buena respuesta en 50% de los casos normalizando sus transaminasas y desapareciendo el RNA-VHD sérico. El tratamiento que utilizó fue 10 UM de interferón alfa-2a tres veces por semana durante 12 meses; sólo 20% continuó con remisión de la enfermedad una vez suspendido el tratamiento. Hallazgos similares se encontraron en los informes de Hadziyannis en Atenas y Farci en Italia.
   No hay ningún tratamiento recomendado para la fase aguda de la infección por VHD.
   El trasplante hepático es una opción terapéutica para aquéllos con cirrosis hepática por hepatitis D.

PREVENCIÓN

Dado que la infección por VHD sólo ocurre en pacientes con infección por VHB, la primera medida de prevención es la dirigida a evitar infección por VHB. Actualmente tenemos disponible vacuna efectiva para la prevención de hepatitis B, la cual se comenta en la sección correspondiente.
   Los pacientes inmunizados contra hepatitis B deben considerarse inmunes contra hepatitis D. Todos los susceptibles para infección por VHB lo son también para VHD.
    Los portadores de HBsAg se encuentran en alto riesgo para la superinfección por VHD por ello debe estimulárseles para que eviten las conductas de alto riesgo como son el uso de drogas intravenosas y la promiscuidad sexual.
Hasta el momento ningún tratamiento ha sido totalmente efectivo para inhibir la replicación y el daño hepático en la hepatitis D.

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