PAC INFECTO-1 C3

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INTRODUCCIÓN    
El inicio de la quimioterapia y la antibioticoterapia con el descubrimiento de la penicilina marcan dos parteaguas cruciales en la historia de la medicina. Los antibióticos se consideraban fármacos milagrosos, ya que las curaciones que se obtuvieron con penicilina y con estreptomicina asombraron al mundo, la primera en el manejo y curación de neumonías graves y la segunda con respuesta rápida en pacientes con tuberculosis. En pocos años la aparición de resistencia bacteriana a penicilina y estreptomicina orilló a la búsqueda de nuevos y mejores antibióticos. Pronto aparecieron estos, cada uno con la expectativa de ser activo contra todo tipo de microorganismos sensibles o resistentes, en convertirse en el fármaco mágico; la “Bala mágica” que terminaría con todas las infecciones. El mundo vio la introducción de cefalosporinas, aminoglicósidos, inhibidores de betalactamasas, macrólidos, glicopéptidos, carbapenems, tetraciclinas, quinolonas y monobactámicos. Cada uno tenía cualidades exclusivas y se crearon grandes expectativas con estos compuestos. Sin embargo la aparición de resistencia a cada nuevo grupo de antibióticos fue destruyendo el sueño de encontrar un compuesto indefinidamente eficaz. El fenómeno de la resistencia bacteriana ha sido llamado una crisis mundial, la pérdida de los fármacos milagrosos y el fin del mundo (Armagedon) para
los antibióticos. Los clínicos enfrentamos la aparición de bacterias multirresistentes, de infecciones emergentes que precisan de nuevos tratamientos debido a la presencia de bacterias para las cuales no existe terapia antimicrobiana actual.
   La resistencia bacteriana está relacionada estrechamente con el uso de antibióticos. La presión selectiva ocasiona resistencia lenta o rápidamente pero de forma inexorable a todos los antibióticos. Con el propósito de preservar la utilidad de los antibióticos actuales y los futuros, el clínico debe utilizarlos adecuadamente. Los antibióticos deben utilizarse por la razón adecuada, dosis y tiempo igualmente adecuados. Los antibióticos pueden usarse como profilácticos (los de espectro antimicrobiano estrecho y específico, durante 48-72 horas), como terapia empírica (espectro antimicrobiano amplio durante 72 horas) y como terapia dirigida (espectro antimicrobiano específico durante tiempo específico). Con el propósito de orientar a una selección de terapia antiinfecciosa adecuada a continuación se presenta la actividad antimicrobiana, los mecanismos de acción, los mecanismos de resistencia, la farmacocinética, la toxicidad y las indicaciones de los antibióticos más útiles en la actualidad. Así mismo se presentan guías terapéuticas para patógenos no comunes, para tuberculosis, infecciones por hongos y para infecciones por virus.
Con el propósito de preservar la utilidad de los antibióticos actuales y los futuros, el clínico debe utilizarlos de manera adecuada.

PENICILINAS
   
ACTIVIDAD ANTIMICROBIANA

La actividad antimicrobiana de las
penicilinas proviene de la estructura llamada anillo betalactámico que en conjunto con un anillo tiazolidínico y una cadena lateral de ácido 6-aminopenicilínico forman la estructura química básica. Cuando se modifica el anillo betalactámico, la actividad antibacteriana se pierde. Las variables de cadenas laterales
en su estructura química convierten a las penicilinas en compuestos con diferentes actividades antibacterianas y con diversas propiedades farmacocinéticas. Algunas modificaciones de la cadena lateral producen penicilinas resistentes a la hidrólisis producida por diferentes tipos de betalactamasas tanto de bacterias grampositivas como S. aureus, así como algunas producidas por bacilos gramnegativos.
 

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