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El inicio de la quimioterapia
y la antibioticoterapia con el descubrimiento de la penicilina marcan
dos parteaguas cruciales en la historia de la medicina. Los antibióticos
se consideraban fármacos milagrosos, ya que las curaciones que se
obtuvieron con penicilina y con estreptomicina asombraron al mundo,
la primera en el manejo y curación de neumonías graves y la segunda
con respuesta rápida en pacientes con tuberculosis. En pocos años
la aparición de resistencia bacteriana a penicilina y estreptomicina
orilló a la búsqueda de nuevos y mejores antibióticos. Pronto aparecieron
estos, cada uno con la expectativa de ser activo contra todo tipo
de microorganismos sensibles o resistentes, en convertirse en el
fármaco mágico; la “Bala mágica” que terminaría con todas las infecciones.
El mundo vio la introducción de cefalosporinas, aminoglicósidos,
inhibidores de betalactamasas, macrólidos, glicopéptidos, carbapenems,
tetraciclinas, quinolonas y monobactámicos. Cada uno tenía cualidades
exclusivas y se crearon grandes expectativas con estos compuestos.
Sin embargo la aparición de resistencia a cada nuevo grupo de antibióticos
fue destruyendo el sueño de encontrar un compuesto indefinidamente
eficaz. El fenómeno de la resistencia bacteriana ha sido llamado
una crisis mundial, la pérdida de los fármacos milagrosos y el fin
del mundo (Armagedon) para
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los
antibióticos. Los clínicos enfrentamos la aparición de bacterias
multirresistentes, de infecciones emergentes que precisan de nuevos
tratamientos debido a la presencia de bacterias para las cuales
no existe terapia antimicrobiana actual.
La resistencia bacteriana está relacionada estrechamente
con el uso de antibióticos. La presión selectiva ocasiona resistencia
lenta o rápidamente pero de forma inexorable a todos los antibióticos.
Con el propósito de preservar la utilidad de los antibióticos actuales
y los futuros, el clínico debe utilizarlos adecuadamente. Los antibióticos
deben utilizarse por la razón adecuada, dosis y tiempo igualmente
adecuados. Los antibióticos pueden usarse como profilácticos (los
de espectro antimicrobiano estrecho y específico, durante 48-72
horas), como terapia empírica (espectro antimicrobiano amplio durante
72 horas) y como terapia dirigida (espectro antimicrobiano específico
durante tiempo específico). Con el propósito de orientar a una selección
de terapia antiinfecciosa adecuada a continuación se presenta la
actividad antimicrobiana, los mecanismos de acción, los mecanismos
de resistencia, la farmacocinética, la toxicidad y las indicaciones
de los antibióticos más útiles en la actualidad. Así mismo se presentan
guías terapéuticas para patógenos no comunes, para tuberculosis,
infecciones por hongos y para infecciones por virus.
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Con
el propósito de preservar la utilidad de los antibióticos
actuales y los futuros, el clínico debe utilizarlos de manera
adecuada. |
ACTIVIDAD
ANTIMICROBIANA
La actividad antimicrobiana
de las
penicilinas proviene de la estructura llamada anillo betalactámico
que en conjunto con un anillo tiazolidínico y una cadena lateral
de ácido 6-aminopenicilínico forman la estructura química
básica. Cuando se modifica el anillo betalactámico,
la actividad antibacteriana se pierde. Las variables de cadenas laterales |
en su estructura química convierten a las penicilinas en compuestos
con diferentes actividades antibacterianas y con diversas propiedades
farmacocinéticas. Algunas modificaciones de la cadena lateral
producen penicilinas resistentes a la hidrólisis producida
por diferentes tipos de betalactamasas tanto de bacterias grampositivas
como S. aureus, así como algunas producidas por bacilos
gramnegativos. |
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