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El
absceso perirrenal ocurre en la fascia externa perirrenal y la cápsula
del riñón.
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Es
importante definir cada una de estas entidades por su patogénesis,
bacteriología, tratamiento y pronóstico diferente.
El absceso perirrenal ocurre en la fascia externa perirrenal y la
cápsula del riñón; usualmente resulta de la
extensión de un absceso intrarrenal en ese espacio (complicación
de una infección de las vías urinarias inferiores).
Su incidencia varía de 1 a 10 casos por 10000 admisiones
hospitalarias, su frecuencia es similar en ambos sexos y se asocia
a una mortalidad muy alta (20% a 50%).
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El
absceso intrarrenal cortical resulta de la diseminación hematógena
de bacterias (90% de los casos es S. aureus) de un foco cualquiera,
principalmente carbunco cutáneo (ántrax), paroniquia,
celulitis, osteomielitis e infecciones intra-vasculares. Otras condiciones
asociadas son hemodiálisis, diabetes mellitus y uso de drogas
intravenosas. El absceso corticomedular generalmente se asocia con
obstrucción del tracto urinario y reflujo vesicoureteral.
Las especies más comunes aisladas son E. coli, Klebsiella
sp. y Proteus sp.
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Siempre
se debe considerar la susceptibilidad antimicrobiana del agente
infeccioso, la concentración efectiva del fármaco
en el sitio de infección y la probabilidad de complicaciones.
Los pacientes con pielonefritis adquirida en el hospital, con infecciones
recurrentes o historia de infección previa por un organismo
resistente, la terapia inicial debe incluir antibióticos
con actividad contra P. aeruginosa.
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El
principio básico de tratamiento de la infección del
tracto urinario sigue los conceptos de la patogénesis de estas
infecciones. En el cuadro 6 se
resumen algunas recomendaciones de tratamiento. Siempre se debe considerar
la susceptibilidad antimicrobiana del agente infeccioso, la concentración
efectiva del fármaco en el sitio de infección y la probabilidad
de complicaciones o recurrencias en el futuro con la necesidad de
terapia enérgica o prolongada.
Antes del tratamiento inicial, se deben considerar
los perfiles de resistencia local sobre todo de E. coli por
ser el germen más común. En algunos lugares se encuentra
resistencia de E. coli a ampicilina, amoxicilina y cefalosporinas
de primera generación hasta en 35% (Cuadro
7). En Estados Unidos de Norteamérica la resistencia a
cotrimoxazol es de 10% a 15%; en muchos lugares aún es muy
alta la susceptibilidad a aminoglucósidos y recientemente se
ha encontrado resistencia en incremento a quinolonas. En un estudio
multicéntrico realizado en 1992 en donde se incluyó
México, se encontró susceptibilidad a quinolonas en
98% de los gérmenes aislados (E. coli y P. mirabilis);
actualmente este patrón de susceptibilidad ha disminuido hasta
85% en algunos centros hospitalarios de nuestro país. La susceptibilidad
de los microorganismos patógenos para seleccionar antibióticos
orales se muestra en el cuadro 8.
Los pacientes con pielonefritis |
adquirida
en el hospital, con infecciones recurrentes o historia de infección
previa por un organismo resistente, la terapia inicial debe incluir
antibióticos con actividad contra P. aeruginosa. Si
persiste la bacteriuria después de 24 a 48 horas de tratamiento,
debe cambiarse basado en el antibiograma. En pacientes en quienes
la fiebre persiste o tienen datos de respuesta inflamatoria sistémica
sugerente de infección a pesar del tratamiento apropiado con
antibióticos, se debe investigar absceso perirrenal o de corteza
renal; se deberá continuar la terapia con antibióticos
por al menos 10 a 14 días después de drenar el absceso.
La alcalinización de la orina incrementa la actividad de los
aminoglucósidos y la acidificación incrementa la actividad
de la nitrofurantoína y de las tetraciclinas.
Los pacientes con litiasis de las vías urinarias
deben ser sometidos a liberación de la obstrucción de
inmediato, drenar el absceso si lo hay y deben recibir antibióticos
por vía intravenosa (IV) por lo menos diez días después
de liberar la obstrucción. Los pacientes asintomáticos
en quienes se documenta la presencia de litos deben someterse a litotripsia
extracorpórea o nefrolitotomía abierta. Ante la sospecha
o evidencia de pielonefritis enfisematosa, los antibióticos
deben administrarse de inmediato contra enterobacterias y P. aeruginosa
(ceftazidima, cefepime, meropenem, imipenem o ciprofloxacino) y frecuentemente
es necesario el tratamiento quirúrgico. |