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En
el paciente postrasplantado con infección de vías
urinarias es importante definir el momento de inicio de la infección.
La infección de vías urinarias que inicia seis o más
meses después del trasplante es muy benigna, puede ser manejada
con un curso convencional de 10 a 14 días de antibióticos,
raramente está asociada con una bacteremia o requiere hospitalización
y tiene un pronóstico excelente. En contraste, la infección
de las vías urinarias presente en los tres primeros meses
postrasplante, se asocia frecuentemente con pielonefritis, bacteremia,
disfunción del injerto y un índice muy alto de recaídas,
cuando se trata con un curso convencional de antibióticos.
Se debe iniciar de inmediato antibióticos IV durante al menos
dos semanas y continuarlos por vía oral (VO) hasta completar
seis semanas. Un estudio aleatorizado, controlado, de profilaxis
con cotrimoxazol una tableta de doble dosis por día para
los cuatro primeros meses posterior al trasplante mostró
bastante efectividad en prevenir las infecciones de las vías
urinarias, con erradicación virtual de la sepsis por gramnegativos
de origen urinario. Los aminoglucósidos, la anfotericina
B y cotrimoxazol pueden incrementar
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la
nefrotoxicidad potencial de ciclosporina A y tacrolimus. Para el
tratamiento de la enfermedad poliquística renal infectada
los antibióticos lipofóbicos (penicilinas, cefalosporinas,
aminoglucósidos) penetran pobremente en el quiste infectado,
por lo cual se prefiere agente lipofílico, tales como cotrimoxazol
o quinolonas. La presencia de absceso requiere de tratamiento quirúrgico
urgente, además de antibioticoterapia IV cubriendo S.
aureus (localización cortical), E. coli, Klebsiella
y Proteus (corticomedular); y todos los anteriores, además
de Enterobacter sp. y P. aeruginosa, en la localización
perirrenal.
En las infecciones de vías urinarias asociadas
a catéter vesical se debe retirar sonda si tiene colocada
más de dos semanas, y dar tratamiento oral por siete días.
Cuando la sonda se requiera por más de 30 días, se
realizarán cambios frecuentes, uso de sistemas cerrados o
cateterización intermitente. No está indicada la profilaxis
por el riesgo de crear resistencia bacteriana. Una guía para
el manejo de las infecciones urinarias complicadas se muestra en
el cuadro 9.
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