Las
secreciones prostáticas ofrecen protección a los hombres por su
efecto antibacteriano. Cuando hay disminución de éstas se favorece
el incremento de las infecciones de vías urinarias en los hombres.
Anormalidades estructurales como piedras, obstrucciones o catéteres
son factores de riesgo importantes para infecciones complicadas
por gramnegativos (Klebsiella sp., Enterobacter sp.,
Acinetobacter sp., Serratia sp. o P. aeruginosa)
resistentes a antibióticos.
La obstrucción al flujo urinario a cualquier nivel,
desde el meato hasta los túbulos renales, constituye el principal
factor predisponente de infección de vías urinarias, pues inhibe
el flujo normal de la orina y la estasis deteriora los mecanismos
normales de defensa del uroepitelio, además favorece la capacidad
adhesiva de las bacterias por la ausencia del fenómeno de “lavado”.
Estas alteraciones incluyen: valvas, bandas, estenosis, cálculos,
obstrucción a nivel del cuello de la vejiga, compresiones extrínsecas
de los ureteros (tumores, fibrosis retroperitoneal, embarazo) y
vejiga neurogénica. Otras obstrucciones intrarrenales como nefrocalcinosis,
nefropatía por ácido úrico, hipokalemia crónica, riñones poliquísticos
y nefropatía por analgésicos se asocian a incremento de la frecuencia
de pielonefritis ascendente. Con el vaciamiento incompleto, por
ejemplo, no sólo se favorece la multiplicación de las bacterias
en la orina al proporcionarles substrato adecuado, sino también
en el parénquima renal sobre todo en la médula. Cuando existe obstrucción,
el incremento de la presión retrógrada deteriora la liberación de
células fagocíticas inflamatorias e incrementa la susceptibilidad
de isquemia papilar y medular, lo cual favorece la invasión, multiplicación
y diseminación de las bacterias.
FACTORES BACTERIANOS
La capacidad adhesiva de las bacterias asegura que no sean “lavadas”
por el flujo urinario; esta propiedad depende de estructuras denominadas
“adhesinas” cuya disposición estructural es en forma
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de pilis. Asimismo, estos apéndices ayudan a superar la fuerza repulsiva
entre la superficie de la bacteria y las células epiteliales, ambas
con carga eléctrica negativa. Los pilis se adhieren específicamente
al receptor rico en galactosa de las células epiteliales, idéntico
al antígeno P sanguíneo, el cual está presente en 95% de la población.
El pili P se ha observado en 29% de aislados de E. coli de
muestras fecales, en 65% de los aislados de pacientes con cistitis
y en 100% de los aislados de pacientes con pielonefritis. Ciertas
cepas de E. coli poseen polisacáridos capsulares y son particularmente
invasivas, quizá porque estos polisacáridos inhiben la fagocitosis.
Otros como hemolisinas de E. coli y endotoxinas de gramnegativos
pueden contribuir a la inflamación y al daño del parénquima renal.
DISEMINACIÓN A LOS RIÑONES
Cualquier factor que contribuya al flujo retrógrado de la orina
facilita el desarrollo de pielonefritis, como el reflujo de orina
de vejiga a los ureteros por cierre incompleto de válvulas ureterovesicales.
Otras alteraciones neurológicas como vaciamiento incompleto de la
vejiga, los efectos nocivos del embarazo sobre el peristaltismo,
la dilatación del uréter y la diabetes mellitus son también factores
de riesgo importantes para la aparición de pielonefritis y diseminación
al torrente sanguíneo. La presencia de un catéter uretral aumenta
el riesgo de infección de las vías urinarias en 5% cada día, porque
facilita el ascenso bacteriano. La litiasis urinaria, una vez colonizada,
sirve como reservorio de bacterias o bien las bacterias mismas pueden
contribuir a la formación de tales “piedras infectadas”.
La presencia de bacterias en el parénquima
renal durante la pielonefritis induce una respuesta celular y humoral
marcada. Las células inflamatorias tales como los leucocitos
polimorfonucleares migran dentro del intersticio bajo estímulos
quimiotácticos y entonces liberan radicales libres de oxígeno
(O2, OH y H2O2) y enzimas lisosómicas
dentro de su ambiente.
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La
obstrucción al flujo urinario a cualquier nivel, desde el meato
hasta los túbulos renales, constituye el principal factor predisponente
de infección de vías urinarias.
Cualquier factor que contribuya al flujo retrógrado de la orina
facilita el desarrollo de pielonefritis.
La capacidad adhesiva de las bacterias asegura que no sean lavadas
por el flujo urinario; esta propiedad depende de estructuras denominadas
adhesinas cuya disposición estructural es en forma
de pilis. |