PAC MG-2 Tomo 4

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    ENFOQUE DIAGNÓSTICO DE LAS INTOXICACIONES
Un mensaje al médico de primer contacto con el paciente: el fracaso en el diagnóstico de las intoxicaciones se debe a que no se piensa en ellas.
El médico general debe tener en mente el siguiente aforisma: el fracaso en el diagnóstico de las intoxicaciones se debe a que no se piensa en ellas. Como ya se dijo, es pertinente que conozca las intoxicaciones que con más frecuencia ocurren en su entidad, además de identificar la flora y fauna nociva locales. Ante toda sintomatología que se presente súbitamente y no corresponda a los padecimientos más comunes, deberá sospechar la posibilidad de una intoxicación. El número tan elevado de compuestos químicos y venenos existentes, aun en una misma localidad, hace imposible conocer la toxicología de cada uno de ellos, por lo que ante la sospecha de una intoxicación se pueden seguir algunos pasos para sistematizar el diagnóstico.

Toxicidad selectiva
Ya se mencionó que los tóxicos, en general, actúan sobre sistemas biológicos específicos, de tal manera que el daño y la sintomatología resultante siempre serán los mismos. Así, la sobredosis de acetaminofén siempre causará necrosis hepática fulminante, las sales inorgánicas del plomo en los niños originará una encefalopatía aguda en tanto que en los adultos el mismo metal dará lugar a manifestaciones abdominales agudas, anemia y polineuropatía; la metoclopramida y otros neurolépticos, característicamente producen manifestaciones de extrapiramidalismo. El juicio clínico se puede aplicar en ambos sentidos: conociendo al químico se puede predecir su efecto adverso o bien, ante un efecto dado se puede sospechar el agente causal como por ejemplo ante una sobredosis de dapsona se espera que ocurra metahemoglobinemia, de la misma manera que ante un paciente cianótico que no mejora con la administración de oxígeno y que al tomarle muestras para estudios de laboratorio la sangre venosa se muestre achocolatada (sospecha clínica de metahemoglobinemia), lo primero que habría que pensar es en la ingestión accidental, o con fines
suicidas, de dapsona u otros oxidantes con efectos similares (las anilinas, nitratos y nitritos por ejemplo).

Estudio de la exposición
Una vez establecida la sospecha diagnóstica el siguiente paso es investigar el mecanismo de exposición al supuesto tóxico. En las exposiciones accidentales masivas comúnmente esto es fácil de establecer, ya que simultáneamente se afectan muchos individuos que presentan la misma sintomatología, el agente etiológico es casi siempre fácil de identificar (olor a cloro, a amoniaco o a gasolina), si bien en ocasiones esto resulta más complejo, por ejemplo cuando la contaminación del ambiente proviene de fugas de una fábrica o la intoxicación es el resultado de un acto criminal, y entonces es necesario llevar a cabo estudios más profundos para demostrar cual fue el químico responsable. En el ambiente laboral existen técnicas para el monitoreo ambiental de los químicos que ahí se manejan, por lo que puede resultar relativamente fácil demostrar cuando hay desviaciones de los límites permisibles de estos agentes. En las intoxicaciones accidentales de la infancia es común que el agente causal se encuentre en el sitio en el que el niño se expuso: presencia de medicamentos, frascos de refresco conteniendo petróleo, recipientes con sosa cáustica o anafres en sitios cerrados, en cuyo caso la combustión incompleta del carbón produce monóxido de carbono que se concentra e intoxica a varios o todos los miembros de una familia. Las intoxicaciones iatrógenas usualmente son fáciles de demostrar por el antecedente de una consulta médica previa y el tener a la mano las recetas con los medicamentos responsables. No es así en las intoxicaciones por administración de medicamentos por los familiares o en el Síndrome de Munchausen por poder, en los que los adultos, por temor a las consecuencias o por sentimientos de culpa, lo usual es que soslayen o nieguen estos mecanismos de exposición.

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