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Un
mensaje al médico de primer contacto con el paciente: el
fracaso en el diagnóstico de las intoxicaciones se debe a
que no se piensa en ellas.
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El
médico general debe tener en mente el siguiente aforisma: el fracaso
en el diagnóstico de las intoxicaciones se debe a que no se piensa
en ellas. Como ya se dijo, es pertinente que conozca las intoxicaciones
que con más frecuencia ocurren en su entidad, además de identificar
la flora y fauna nociva locales. Ante toda sintomatología que se
presente súbitamente y no corresponda a los padecimientos más comunes,
deberá sospechar la posibilidad de una intoxicación. El número tan
elevado de compuestos químicos y venenos existentes, aun en una
misma localidad, hace imposible conocer la toxicología de cada uno
de ellos, por lo que ante la sospecha de una intoxicación se pueden
seguir algunos pasos para sistematizar el diagnóstico.
Toxicidad selectiva
Ya se mencionó que los tóxicos, en general, actúan sobre sistemas
biológicos específicos, de tal manera que el daño y la sintomatología
resultante siempre serán los mismos. Así, la sobredosis de acetaminofén
siempre causará necrosis hepática fulminante, las sales inorgánicas
del plomo en los niños originará una encefalopatía aguda en tanto
que en los adultos el mismo metal dará lugar a manifestaciones abdominales
agudas, anemia y polineuropatía; la metoclopramida y otros neurolépticos,
característicamente producen manifestaciones de extrapiramidalismo.
El juicio clínico se puede aplicar en ambos sentidos: conociendo
al químico se puede predecir su efecto adverso o bien, ante un efecto
dado se puede sospechar el agente causal como por ejemplo ante una
sobredosis de dapsona se espera que ocurra metahemoglobinemia, de
la misma manera que ante un paciente cianótico que no mejora con
la administración de oxígeno y que al tomarle muestras para estudios
de laboratorio la sangre venosa se muestre achocolatada (sospecha
clínica de metahemoglobinemia), lo primero que habría que pensar
es en la ingestión accidental, o con fines
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suicidas,
de dapsona u otros oxidantes con efectos similares (las anilinas,
nitratos y nitritos por ejemplo).
Estudio de la exposición
Una vez establecida la sospecha diagnóstica el siguiente paso es
investigar el mecanismo de exposición al supuesto tóxico. En las
exposiciones accidentales masivas comúnmente esto es fácil de establecer,
ya que simultáneamente se afectan muchos individuos que presentan
la misma sintomatología, el agente etiológico es casi siempre fácil
de identificar (olor a cloro, a amoniaco o a gasolina), si bien
en ocasiones esto resulta más complejo, por ejemplo cuando la contaminación
del ambiente proviene de fugas de una fábrica o la intoxicación
es el resultado de un acto criminal, y entonces es necesario llevar
a cabo estudios más profundos para demostrar cual fue el químico
responsable. En el ambiente laboral existen técnicas para el monitoreo
ambiental de los químicos que ahí se manejan, por lo que puede resultar
relativamente fácil demostrar cuando hay desviaciones de los límites
permisibles de estos agentes. En las intoxicaciones accidentales
de la infancia es común que el agente causal se encuentre en el
sitio en el que el niño se expuso: presencia de medicamentos, frascos
de refresco conteniendo petróleo, recipientes con sosa cáustica
o anafres en sitios cerrados, en cuyo caso la combustión incompleta
del carbón produce monóxido de carbono que se concentra e intoxica
a varios o todos los miembros de una familia. Las intoxicaciones
iatrógenas usualmente son fáciles de demostrar por el antecedente
de una consulta médica previa y el tener a la mano las recetas con
los medicamentos responsables. No es así en las intoxicaciones por
administración de medicamentos por los familiares o en el Síndrome
de Munchausen por poder, en los que los adultos, por temor a las
consecuencias o por sentimientos de culpa, lo usual es que soslayen
o nieguen estos mecanismos de exposición.
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