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En
su mayoría las intoxicaciones agudas constituyen verdaderas emergencias
médicas que potencialmente ponen en peligro la vida o la integridad
física o funcional del paciente intoxicado. Basados en este concepto,
el enfoque terapéutico de estos padecimientos establece como prioridad
el salvar la vida del paciente y simultánea o secundariamente, llevar
a cabo los procesos de detoxificación propiamente dichos. Un gran
avance ha sido el considerar a las intoxicaciones agudas como verdaderos
traumas de origen químico, ya que esto ha permitido aplicar todas
aquellas técnicas de apoyo vital básico y avanzado empleadas en
los traumatismos agudos (RCP, APLS, ATLS, ACLS y otras), precisamente
para salvar la vida del paciente antes de eliminar o inactivar al
tóxico (obviamente con algunas excepciones). Con fines prácticos
el tratamiento de las intoxicaciones agudas se debe llevar a cabo
en tres fases consecutivas: fase de emergencia, fase de apoyo vital
y fase de detoxificación.
Fase de emergencia en el sitio donde ocurrió la intoxicación
Es común que el paciente intoxicado se envíe a los servicios de
urgencias de los hospitales para su atención médica, sin tomar en
cuenta que la misma se puede iniciar desde el sitio mismo donde
ocurrió la intoxicación.
Las medidas de emergencia al respecto pueden
efectuarlas médicos generales, los paramédicos o bien las personas
entrenadas para tal fin, como ocurre en algunas fábricas donde existen
comisiones de higiene y seguridad y se entrena a los mismos obreros
para actuar precisamente en esta fase de emergencia antes de trasladar
al intoxicado al hospital. Para el caso es conveniente que quienes
realicen la atención inicial estén entrenados en los primeros auxilios
y en las maniobras básicas de reanimación cardiopulmonar. Lo primero
es retirar de la fuente de exposición para evitar
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que el tóxico siga actuando; si el contacto fue a través de piel
o mucosas se procede a la descontaminación externa del paciente.
Esto es de particular importancia en las exposiciones a gases y
vapores irritantes (cloro, amoníaco), insecticidas orgánico-fosforados,
tetraetilo de plomo y otros químicos que pueden causar daño local
o absorberse a través de la piel y de las mucosas y originar daño
sistémico. Se debe quitar la ropa contaminada con cuidado y colocarla
en bolsas de plástico (quien brinde los primeros auxilios debe tener
cuidado a su vez para no contaminar sus propias ropas y sufrir los
efectos del tóxico), se procede enseguida a lavar la piel y las
mucosas con agua en abundancia; si se tiene a la mano, el lavado
de la mucosa bucal o conjuntival se lleva a cabo con solución salina;
en caso de no contar con ella emplear agua corriente. Si las sustancias
cáusticas fueron ingeridas no realizar ninguna maniobra ni administrar
supuestos neutralizantes (leche, clara de huevo, vinagre,etc), lo
recomendable es transladar al paciente inmediatamente al hospital.
La exploración rápida del paciente permite establecer si se justifica
la aplicación de maniobras básicas de reanimación cardiopulmonar
(respiración boca a boca, masaje cardíaco externo). Es importante
buscar evidencias del tóxico responsable, lo que en ocasiones no
representa problemas (fugas de vapores de cloro o amoniaco con su
olor característico, anafres en sitios cerrados con combustión incompleta
de carbón, frascos con químicos fáciles de identificar como el petróleo
o la sosa cáustica, medicamentos, cartas en el caso de los suicidas,
etc.), pero en ocasiones esto es difícil o casi imposible de identificar.
En estas condiciones no se debe perder tiempo y proceder de inmediato
al traslado del paciente al hospital, donde una vez estabilizado,
se podrá interrogar a él o a los testigos o familiares y efectuar
una investigación más acuciosa acerca del agente causal y de la
forma como ocurrió la intoxicación.
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Un
gran avance ha sido el considerar a las intoxicaciones agudas como
verdaderos traumas de origen químico, ya que esto ha permitido
aplicar todas aquellas técnicas de apoyo vital básico
y avanzado empleadas en los traumatismos agudos. |