PAC MG-2 Tomo 4

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Otras medidas para aumentar la excreción de los tóxicos. La diuresis forzada resulta de utilidad si se sabe el volumen de distribución aparente de los medicamentos y otros químicos (de los primeros este parámetro farmacocinético se obtiene fácilmente en los tratados de Farmacología). Si el volumen de distribución es igual o menor a 1 L/kg (< 100%), se pueden emplear diuréticos de asa, con lo que se incrementa la excreción urinaria del tóxico; si el volumen excede el valor mencionado los diuréticos no tienen ninguna utilidad. Como ejemplos podemos citar a la aspirina, el fenobarbital y la teofilina, que tienen volúmenes < 100%, en los cuales resulta de utilidad el uso de los diuréticos, no así de los antidepresores tricíclicos o las benzodiacepinas con volúmenes > 1000% o más. Los diuréticos más empleados son la furosemida y el ácido etacrínico, ambos a la dosis de 1 mg/kg/dosis, iv. La modificación del pH urinario se combina con la diuresis forzada para potenciar la excreción urinaria de algunos tóxicos. Se sabe que la mayoría de los compuestos químicos cruza las barreras tisulares en su forma no ionizada, pero actúa a nivel celular en su forma ionizada. De acuerdo al pKa de cada compuesto (pH en el cual mantiene en equilibrio su porción ionizada y la no ionizada), al llegar
a los túbulos urinarios lo hacen en general en su forma no ionizada, por lo que se pueden reabsorber y alcanzar nuevamente la circulación general. Si se modifica el pH de la orina el compuesto se ioniza y al no absorberse se elimina a través de la orina. Se calcula que por este medio la excreción urinaria puede incrementarse hasta 10 veces. En el caso de ácidos débiles, como la aspirina y el fenobarbital, su ionización se logra alcalizando la orina con la administración de bicarbonato de sodio, 1 a 3 mEq /kg/día, iv. Si se trata de bases débiles, como las anfetaminas, la orina se acidifica administrando ácido ascórbico, 0.5 a 1 g/dosis, iv. Durante muchos años se usaron otros procedimientos dialíticos como la diálisis peritoneal, la hemodiálisis y la hemoperfusión a través de columnas estériles de carbón activado (el procedimiento requería de circulación extracorpórea). Todos estos procedimientos son invasivos, complejos en su ejecución, de alto costo y no siempre disponibles. Dado que con la diálisis gastrointestinal se obtienen resultados similares, las ventajas obvias de este procedimiento y el estar al alcance tanto del médico general como de los especialistas, hace que en este momento sea el sistema dialítico de elección para el tratamiento de las intoxicaciones.

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