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Otras
medidas para aumentar la excreción de los tóxicos.
La diuresis forzada resulta de utilidad si se sabe el volumen de
distribución aparente de los medicamentos y otros químicos
(de los primeros este parámetro farmacocinético se
obtiene fácilmente en los tratados de Farmacología).
Si el volumen de distribución es igual o menor a 1 L/kg (<
100%), se pueden emplear diuréticos de asa, con lo que se
incrementa la excreción urinaria del tóxico; si el
volumen excede el valor mencionado los diuréticos no tienen
ninguna utilidad. Como ejemplos podemos citar a la aspirina, el
fenobarbital y la teofilina, que tienen volúmenes < 100%,
en los cuales resulta de utilidad el uso de los diuréticos,
no así de los antidepresores tricíclicos o las benzodiacepinas
con volúmenes > 1000% o más. Los diuréticos
más empleados son la furosemida y el ácido etacrínico,
ambos a la dosis de 1 mg/kg/dosis, iv. La modificación del
pH urinario se combina con la diuresis forzada para potenciar la
excreción urinaria de algunos tóxicos. Se sabe que
la mayoría de los compuestos químicos cruza las barreras
tisulares en su forma no ionizada, pero actúa a nivel celular
en su forma ionizada. De acuerdo al pKa de cada compuesto (pH en
el cual mantiene en equilibrio su porción ionizada y la no
ionizada), al llegar
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a los túbulos urinarios lo hacen en general en su forma no
ionizada, por lo que se pueden reabsorber y alcanzar nuevamente
la circulación general. Si se modifica el pH de la orina
el compuesto se ioniza y al no absorberse se elimina a través
de la orina. Se calcula que por este medio la excreción urinaria
puede incrementarse hasta 10 veces. En el caso de ácidos
débiles, como la aspirina y el fenobarbital, su ionización
se logra alcalizando la orina con la administración de bicarbonato
de sodio, 1 a 3 mEq /kg/día, iv. Si se trata de bases débiles,
como las anfetaminas, la orina se acidifica administrando ácido
ascórbico, 0.5 a 1 g/dosis, iv. Durante muchos años
se usaron otros procedimientos dialíticos como la diálisis
peritoneal, la hemodiálisis y la hemoperfusión a través
de columnas estériles de carbón activado (el procedimiento
requería de circulación extracorpórea). Todos
estos procedimientos son invasivos, complejos en su ejecución,
de alto costo y no siempre disponibles. Dado que con la diálisis
gastrointestinal se obtienen resultados similares, las ventajas
obvias de este procedimiento y el estar al alcance tanto del médico
general como de los especialistas, hace que en este momento sea
el sistema dialítico de elección para el tratamiento
de las intoxicaciones.
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