PAC MG-2 Tomo 4

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    INTOXICACIONES POR QUÍMICOS DIVERSOS
Los ácidos y álcalis llamados “fuertes” son causa común de ingestión accidental, criminal o suicida.

Lo más importante es no hacer nada en lo que se traslada al hospital, esto es, no inducir vómitos, no pasar sondas, no lavar el estómago ni administrar supuestos neutralizantes; las maniobras ciegas y las reacciones exotérmicas que resultan de combinar ácidos con álcalis, hacen friables los tejidos y facilitan su perforación.
ÁCIDOS Y ÁLCALIS

Toxicidad. Los ácidos y álcalis llama dos “fuertes” son causa común de in gestión accidental, criminal o suicida. Hay conocimiento de un caso al menos de origen yatrógeno, al confundir el sulfato de bario con sosa cáustica al realizar una radiografía contrastada del esófago y estómago. En sentido estricto estos químicos no son tóxicos verdaderos ya que no actúan sobre sistemas biológicos específicos, sino que su efecto es local al actuar como irritantes y cáusticos potentes. Sin embargo, convencionalmente, se les incluye entre los tóxicos por su naturaleza química externa. Producen quemaduras graves con desnaturalización de las proteínas tisulares. Ejemplos de ácidos fuertes son el acético, el muriático y el sulfúrico; de las bases, la que causa la mayor parte de accidentes de este tipo es, sin lugar a dudas, la sosa cáustica; otros como el cloro, el hipoclorito, el amoniaco son bastante menos agresivos. La sosa cáustica (hidróxido de sodio, lejía), es en nuestro medio el agente más involucrado en este tipo de accidentes, tanto en los niños como en los adultos. El diagnóstico y tratamiento inicial lo puede llevar a cabo el médico general, el de los servicios de urgencias y el toxicólogo clínico. La valoración de la extensión y profundidad de las lesiones, así como el tratamiento de las complicaciones y secuelas, corresponden al endoscopista y al cirujano.

Manifestaciones clínicas. Después de la ingestión de estos químicos se produce dolor en la boca, al deglutir, o retrosternal; la sialorrea es un signo frecuente. La exploración de la mucosa solo evidencia quemaduras locales en aproximadamente 20%
de los casos, por lo que su ausencia no excluye de ninguna manera las quemaduras en el esófago o en otros órganos. Los álcalis dañan con mayor frecuencia al esófago, los ácidos el estómago. La complicación más frecuente es la perforación esofágica seguida de mediastinitis, manifestadas por insuficiencia respiratoria, fiebre y choque. Menos frecuente es la quemadura laríngea.

Diagnóstico. Los antecedentes de la ingestión, el dolor, la halitosis y la sialorrea, sugieren el diagnóstico. Se debe tomar una radiografía del tórax para descartar la perforación y una citología hemática como estudio previo a la anestesia que se usará durante la endoscopia; en caso de presentar anemia, corregirla antes del procedimiento. Soluciones parenterales. A las 24 horas de ocurrida la ingestión se debe valorar la extensión y profundidad de las lesiones mediante esofagoscopia. Una vez establecida la fibrosis el esofagograma con medio de contraste es de utilidad para valorar la magnitud de la estenosis.

Tratamiento. El cuidado de estos pacientes debe llevarse a cabo desde el sitio donde ocurrió el accidente. Lo más importante es no hacer nada en lo que se traslada al hospital, esto es, no inducir vómitos, no pasar sondas, no lavar el estómago ni administrar supuestos neutralizantes; las maniobras ciegas y las reacciones exotérmicas que resultan de combinar ácidos con álcalis, hacen friables los tejidos y facilitan su perforación. En las esofagitis graves se deben administrar antibióticos y corticosteroides. Desde esta etapa el cirujano debe conocer el caso para iniciar las maniobras de dilatación esofágica, y encargarse del tratamiento de las mediastinitis y otras complicaciones.

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