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Los
ácidos y álcalis llamados fuertes son
causa común de ingestión accidental, criminal o suicida.
Lo más importante es no hacer nada en lo que se traslada
al hospital, esto es, no inducir vómitos, no pasar sondas,
no lavar el estómago ni administrar supuestos neutralizantes;
las maniobras ciegas y las reacciones exotérmicas que resultan
de combinar ácidos con álcalis, hacen friables los
tejidos y facilitan su perforación.
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ÁCIDOS Y ÁLCALIS
Toxicidad. Los ácidos
y álcalis llama dos “fuertes” son causa común de in gestión accidental,
criminal o suicida. Hay conocimiento de un caso al menos de origen
yatrógeno, al confundir el sulfato de bario con sosa cáustica al
realizar una radiografía contrastada del esófago y estómago. En
sentido estricto estos químicos no son tóxicos verdaderos ya que
no actúan sobre sistemas biológicos específicos, sino que su efecto
es local al actuar como irritantes y cáusticos potentes. Sin embargo,
convencionalmente, se les incluye entre los tóxicos por su naturaleza
química externa. Producen quemaduras graves con desnaturalización
de las proteínas tisulares. Ejemplos de ácidos fuertes son el acético,
el muriático y el sulfúrico; de las bases, la que causa la mayor
parte de accidentes de este tipo es, sin lugar a dudas, la sosa
cáustica; otros como el cloro, el hipoclorito, el amoniaco son bastante
menos agresivos. La sosa cáustica (hidróxido de sodio, lejía), es
en nuestro medio el agente más involucrado en este tipo de accidentes,
tanto en los niños como en los adultos. El diagnóstico y tratamiento
inicial lo puede llevar a cabo el médico general, el de los servicios
de urgencias y el toxicólogo clínico. La valoración de la extensión
y profundidad de las lesiones, así como el tratamiento de las complicaciones
y secuelas, corresponden al endoscopista y al cirujano.
Manifestaciones clínicas. Después de la ingestión de estos
químicos se produce dolor en la boca, al deglutir, o retrosternal;
la sialorrea es un signo frecuente. La exploración de la mucosa
solo evidencia quemaduras locales en aproximadamente 20%
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de
los casos, por lo que su ausencia no excluye de ninguna manera las
quemaduras en el esófago o en otros órganos. Los álcalis dañan con
mayor frecuencia al esófago, los ácidos el estómago. La complicación
más frecuente es la perforación esofágica seguida de mediastinitis,
manifestadas por insuficiencia respiratoria, fiebre y choque. Menos
frecuente es la quemadura laríngea.
Diagnóstico. Los antecedentes de la ingestión, el dolor,
la halitosis y la sialorrea, sugieren el diagnóstico. Se debe tomar
una radiografía del tórax para descartar la perforación y una citología
hemática como estudio previo a la anestesia que se usará durante
la endoscopia; en caso de presentar anemia, corregirla antes del
procedimiento. Soluciones parenterales. A las 24 horas de ocurrida
la ingestión se debe valorar la extensión y profundidad de las lesiones
mediante esofagoscopia. Una vez establecida la fibrosis el esofagograma
con medio de contraste es de utilidad para valorar la magnitud de
la estenosis.
Tratamiento. El cuidado de estos pacientes debe llevarse
a cabo desde el sitio donde ocurrió el accidente. Lo más importante
es no hacer nada en lo que se traslada al hospital, esto es, no
inducir vómitos, no pasar sondas, no lavar el estómago ni administrar
supuestos neutralizantes; las maniobras ciegas y las reacciones
exotérmicas que resultan de combinar ácidos con álcalis, hacen friables
los tejidos y facilitan su perforación. En las esofagitis graves
se deben administrar antibióticos y corticosteroides. Desde esta
etapa el cirujano debe conocer el caso para iniciar las maniobras
de dilatación esofágica, y encargarse del tratamiento de las mediastinitis
y otras complicaciones.
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