PAC MG-2 Tomo 5

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   Una de estas metodologías es la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) por sus siglas en inglés, en la cual, inicialmente se determina la secuencia genética del microorganismo patógeno, localizando la región más conservada filogenéticamente, y se determinan los extremos de una región escogida, reproduciendo secuencias u oligonucleótidos de 20 a 27 pares de bases, denominadas “primers” o iniciadores, los cuales comienzan la replicación de la secuencia escogida al utilizar tres fases de cambios de temperatura, que permiten: 1) la desnaturalización del ácido nucleico con la separación de las dos cadenas, 2) el reconocimiento de la región escogida por los iniciadores, y 3) la amplificación de la región;
tales fases se agrupan en ciclos. La amplificación es detectada por dos métodos: cualitativo (gel de electroforesis) y semicuantitativo, utilizando iniciadores marcados enzimáticamente, detectado el marcaje con lectores de ELISA.
   De la misma manera se puede detectar la presencia de microorganismos en cortes de biopsias mediante técnicas de biología molecular, detectando la presencia de ácidos nucleicos por medio de sondas o secuencias conocidas del microorganismo en cuestión, marcadas radioactivamente, enzimáticamente (peroxidasa, fosfatasa alcalina, etc.) o con fluorescencia (FITC, rojo Texas, biotina, etc.) a través de PCR o hibridación in situ.
Para casos de resultados de serología conocidos como indeterminados, la metodología actual utiliza técnicas de biología molecular como la amplificación por reacción de polimerasa (PCR).

En padecimientos de etiología no precisada, las pruebas serológicas más utilizadas son: ELISA, Western Blot y RIBA.

LA MICROBIOLOGÍA EN LA PRÁCTICA MÉDICA
Dr. José Sosa Martínez
   
El objetivo primordial del laboratorio de microbiología es investigar, identificar y reconocer las características biológicas de los gérmenes que están produciendo una infección o una enfermedad que tiene importancia actual o futura en un sujeto. Estas investigaciones nos conducen a un diagnóstico preciso, a determinar
el tratamiento médico o quirúrgico y a pronosticar los problemas, complicaciones o secuelas propias de la infección. Al mismo tiempo, y bajo el criterio insoslayable del médico tratante del caso clínico, el laboratorio contribuye a precisar las diferencias entre infección y enfermedad que, con frecuencia, tienen características tan comunes que se prestan a confusión.
 

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