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Una
de estas metodologías es la reacción en cadena de
la polimerasa (PCR) por sus siglas en inglés, en la cual,
inicialmente se determina la secuencia genética del microorganismo
patógeno, localizando la región más conservada
filogenéticamente, y se determinan los extremos de una región
escogida, reproduciendo secuencias u oligonucleótidos de
20 a 27 pares de bases, denominadas primers o iniciadores,
los cuales comienzan la replicación de la secuencia escogida
al utilizar tres fases de cambios de temperatura, que permiten:
1) la desnaturalización del ácido nucleico con la
separación de las dos cadenas, 2) el reconocimiento de la
región escogida por los iniciadores, y 3) la amplificación
de la región;
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tales fases se agrupan en ciclos. La amplificación es detectada
por dos métodos: cualitativo (gel de electroforesis) y semicuantitativo,
utilizando iniciadores marcados enzimáticamente, detectado
el marcaje con lectores de ELISA.
De la misma manera se puede detectar la presencia
de microorganismos en cortes de biopsias mediante técnicas
de biología molecular, detectando la presencia de ácidos
nucleicos por medio de sondas o secuencias conocidas del microorganismo
en cuestión, marcadas radioactivamente, enzimáticamente
(peroxidasa, fosfatasa alcalina, etc.) o con fluorescencia (FITC,
rojo Texas, biotina, etc.) a través de PCR o hibridación
in situ.
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Para
casos de resultados de serología conocidos como indeterminados,
la metodología actual utiliza técnicas de biología
molecular como la amplificación por reacción de polimerasa
(PCR).
En padecimientos de etiología no precisada, las pruebas serológicas
más utilizadas son: ELISA, Western Blot y RIBA. |
El
objetivo primordial del laboratorio de microbiología es investigar,
identificar y reconocer las características biológicas
de los gérmenes que están produciendo una infección
o una enfermedad que tiene importancia actual o futura en un sujeto.
Estas investigaciones nos conducen a un diagnóstico preciso,
a determinar |
el
tratamiento médico o quirúrgico y a pronosticar los
problemas, complicaciones o secuelas propias de la infección.
Al mismo tiempo, y bajo el criterio insoslayable del médico
tratante del caso clínico, el laboratorio contribuye a precisar
las diferencias entre infección y enfermedad que, con frecuencia,
tienen características tan comunes que se prestan a confusión. |
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