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La
identificación, reconocimiento y clasificación morfológica
de los agentes infecciosos y la cuantificación y calificación
del comportamiento
de los mismos ante
los compuestos terapéuticos, es tarea de la mayor trascendencia
para el clínico y está en manos del laboratorio clínico
proporcionar tan valiosa información.
En todo estudio auxiliar para el diagnóstico existen tres
fases o etapas: la preanalítica, la analítica propiamente
dicha y la postanalítica. Es indispensable que los participantes
en el estudio del paciente conozcan estos hechos.
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Al
respecto, vale expresar que el laboratorio de microbiología
constituye una parte muy importante del laboratorio de patología
clínica también llamado de análisis clínicos
en donde es primordial observar los siguientes principios:
a) Comunicación dialéctica y ecléctica
entre el médico tratante y el microbiólogo clínico
con respecto a los enfermos a estudiar con el objeto de entrelazar
reflexiones sobre el acceso a los sitios anatómicos infectados,
sobre los procedimientos clínicos a utilizar, sobre el tiempo
adecuado para la toma de muestras clínicas, sobre la interpretación
de los resultados obtenidos en cuanto a las características
patogénicas del agente causal de la enfermedad, así
como de su sensibilidad a los antibióticos y sobre su acción
en los tejidos infectados. Si bien es cierto que hay exámenes
bacteriológicos calificados como rutinarios en
los que aparentemente no se requieren aclaraciones o discusiones,
es preciso enfatizar que hay muchos casos que se salen de la rutina
y que la comunicación entre el clínico y el microbiólo
es fundamental para beneficio del paciente.
Por una parte, el clínico considera una
pérdida de tiempo discutir un caso con el laboratorista,
tal vez pensando que no hablan el mismo idioma lo cual
puede ser falto de fundamento y, por otro lado, el microbiólogo
suele no utilizar los medios idóneos de aislamiento e identificación
del agente causal de un proceso patológico debido en parte
a que usualmente la solicitud del médico no contiene el diagnóstico
clínico, ni el tiempo de evolución, ni el tratamiento
médico o quirúrgico previo del paciente que podrían
orientar al laboratorista tanto en la toma adecuada de las muestras
como de los medios de aislamiento de los agentes causales. No es
lo mismo un problema agudo que crónico, ni una afección
bacteriana
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que micótica,
ni un caso sujeto o no a antibioterapia, etcétera. Más
aún, en ocasiones suele entrar la duda de si un germen
es patógeno, es flora normal u oportunista, o es sobreinfectante
a una enfermedad infecciosa previa, y en fin, debido a otras causas
que una breve plática con el laboratorista pudiera ser
de provecho para el paciente y el médico mismo.
Por otra parte, la toma de la muestra del sitio
de infección es primordial. Una muestra pobremente tomada
no conduce más que a errores y confusión en el diagnóstico
y en el tratamiento del enfermo. Más, para tomar una muestra
patológica se requiere conocer la patología de las
infecciones y evitar en todo lo posible las contaminaciones por
bacterias u otros gérmenes que afectan la infección
misma. Es el problema mayor en casos de neumonía en donde
es casi imposible evitar la contaminación con la bacteria
o virus de la boca, ni aun cuando las muestras broncopulmonares
se tomen por aspiración transtraqueal que solamente los
neumólogos u otros especialistas tienen experiencia en
realizar.
Es insoslayable señalar que en todo examen
paraclínico (laboratorio o gabinete) es importante reconocer
que en el proceso diagnóstico existen tres fases principales:
1) fase preanalítica; 2) fase analítica y 3) fase
postanalítica.
1) Fase preanalítica. Esta fase se refiere
a las características de preparación y de toma de
muestras previas. En esta fase se incluyen los siguientes puntos:
a) Llenado de la solicitud de estudios de laboratorio por el médico
tratante en la que se proporciona la lista de datos de identificación
del paciente: nombre, sexo, edad, domicilio particular incluyendo
nombre de la colonia y/o delegación, teléfono del
médico y diagnóstico probable o establecido por
clínica o por procedimientos realizados con anterioridad
de laboratorio y/o de gabinete.
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